domingo, 3 de abril de 2016

Analogías


Ya hemos explicado algunos recursos literarios, como la comparación (consistente en relacionar un término real con otro imaginario) y la metáfora (recurso muy similar, pero que para nosotros va a consistir en sustituir el término real por otro imaginario).

Desde este enlace puedes acceder a unos ejemplos de metáforas incluidos en canciones famosas.

Ahora vamos a intentar entender un recurso literario algo más complejo pero directamente relacionado: la analogía.
Podemos entender la alegoría como una serie encadenada de metáforas o comparaciones relacionadas entre sí. 
Es decir, no solo compara un elemento con otro, sino que aprovecha haber establecido esta relación para relacionar más ideas. Por ejemplo, es muy célebre esta de Jardiel Poncela sobre el amor:


El amor es como los columpios:
casi siempre empieza siendo diversión
y casi siempre termina dando náuseas.




Aunque ahora lo veremos con poemas (y letras de canciones) creo que queda muy claro en este artículo de Antonio Agredano incluido en nuestro blog Hooligans Ilustrados en el Chaves Nogales.


Uno de los ejemplos más célebres es el de Jorge Manrique, que realiza unas alegorías muy claras en su inmortal obra Coplas a la muerte de su padre:

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.
(...)
Este mundo es el camino
para el otro, que es morada
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nacemos,
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que cuando morimos
descansamos.

También se ve muy claramente en el homenaje de Luis García Montero a Jorge Manrique en su obra Coplas a la muerte de su colega:

Nuestras vidas son los sobres
que nos dan por trabajar,
que es el morir;
allí van todos los pobres
para dejarse explotar
y plusvalir;
allí los grandes caudales
nos engañan con halagos
y los chicos,
que explotando son iguales
las suspensiones de pagos
y los ricos. 

O en este célebre fragmento de Bodas de sangre, de Federico García Lorca:
"¡Porque yo me fui con el otro, me fui! Tú también te hubieras ido. Yo era una mujer quemada, llena de llagas por dentro y por fuera, y tu hijo era un poquito de agua de la que yo esperaba hijos, tierra, salud; pero el otro era un río oscuro, lleno de ramas, que acercaba a mí el rumor de los juncos y su cantar entre dientes. Y yo corría con tu hijo que era como un niñito de agua fría y el otro me mandaba cientos de pájaros que me impedían el andar y que dejaban escarcha sobre mis heridas de pobre mujer marchita, de muchacha acariciada por el fuego. Yo no quería, ¡óyelo bien!, yo no quería. ¡Tu hijo era mi fin y yo no le he engañado! Pero el brazo del otro me arrastró como un golpe de mar, como la cabezada de un mulo, y me hubiera arrastrado siempre, siempre, aunque hubiera sido vieja y todos los hijos de tu hijo me hubiesen agarrado de los cabellos".

Quizás se observe mejor incluso en esta escena de la película La novia (adaptación de la tragedia lorquiana que acabamos de comentar).

También podemos considerar una alegoría este poema del autor cacereño José María Cumbreño:

El peso del aire
Esta mañana, en el parque, Irene me ha pedido que le compre un globo.
Un lazo alrededor de su muñeca evitaba que Bob Esponja saliese volando.
Ato el nudo con una fuerza contradictoria: suficiente como para que no se deshaga, pero no tanta como para que le duela.
Después abro mucho los ojos.
El frío. Su abrigo nuevo. Las botas con los pantalones de pana por dentro.
No se me puede olvidar esta forma de sonreírme.
Un nudo que no se deshaga.
Porque el aire pesa más que algunos gases.
Y la vida, menos que los recuerdos.
Salvando muchoo las distancias en cuanto a la calidad poética de las analogías, quizá os pueda servir para acabar de entender el recurso, algún ejemplo en letras "actuales", como las que veremos a continuación:





Cuando te vas,
se me mueren las macetas,
que no las riego con llanto,
de tanto llorar los ojos se me secan;
que no las riego con llanto,
¡ay!, de tanto llorar los ojos se me secan.

Y con los ojos sequitos,
la mirada se me ciega
y el corazón que no ve,
ni siente, ni padece
se mustia y se muere de pena;
y el corazón que no ve
ni siente, ni padece
se mustia y se muere de pena

Por eso te planté
mi corazón en una maleta
pa poder echar raíces
donde quiera que tu estés

Por eso me arranco la piel
pa que te hagas una maleta
para cuando eche de menos
el cuerpo que ciñen tus prendas
para cuando eche de menos
el cuerpo que ciñen tus prendas.

Si del cambio climático, se te mueren las macetas...
no me las riegues con llanto,
ay, de tanto llorar los ojos se te secan.

No me las riegues con llanto,
ay, de tanto llorar los ojos se te secan.

Tírame la semilla 
de un beso al aire que seguro llega
a mi parcelita en las nubes
pa´que junto a mi corazón crezca
a mi parcelita en las nubes

pa´que junto a mi corazón crezca.

Donde quiera que estés
sácame al balcón
a lucir mi amor sincero:
que se entere la gente
que no soy uno más
en tu macetero.

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