Soy profe de Lengua y Literatura y en este blog iré colgando actividades y textos que trabajemos en clase (o no).
"Hola, ¿qué tal? Soy el chico de las poesías".
La poesía mística es un tipo de poesía religiosa que busca, acercarse a la divinidad.
En el mejor de los casos el encuentro con Dios (éxtasis místico) o, al menos, el consuelo que produce el acercamiento a algún tipo de divinidad (iluminaciones).
Si tampoco lo consigue, se conforma con la tranquilidad que aporta alejarse de lo frívolo y vacío de la vida terrenal (es decir, las preocupaciones por el sexo, el dinero, la fama, el éxito...).
Aunque existe desde siempre, se desarrolla como movimento a partir del Renacimiento.
Como bien sabes, el Renacimiento, entre otras cosas, se caracteriza por el OPTIMISMO y el NEOPLATONISMO o, lo que es lo mismo, la confianza de alcanzar la Verdad mediante la Belleza o el Amor (el Barroco, caracterizado por el pesimismo, parte del desengaño al consdierar que esa búsqueda ha sido un fracaso).
Muchos poetas buscan esa Verdad en el "Locus amoenus" o en el "amor cortés".
Los poetas religiosos la buscan en el Amor a Dios.
Evidentemente, la poesía mística en el Renacimiento español está asociada a la única religión legal entonces. Y, las influencias de esta religión (y de esta corriente poética) ha provocado que encontremos muchos ejemplos de religiosidad en la poesía o en la música popular.
Sin embargo, la mística, como decíamos al principio consiste en narrar el periplo por parte del yo poético en busca de la Verdad y la Comunión con algún tipo de divinidad. Como veremos, muchas veces esa espiritualidad se busca en otras religiones, como sucederá con el budismo o la mística india:
MIRA BAI ( poeta mística de la India)
Mira Bai, una princesa india, nació a finales del siglo XV y dedicó su vida a amar al Dios Krishna a quien dedicó su poesía. La casaron a los doce años pero ella sólo amó a Krishna Como la familia de su esposo no estaba de acuerdo con su comportamiento, intentó asesinarla varias veces. Ella sobrevivió milagrosamente a una culebra venenosa, una bebida envenenada y un intento de ahogarla. Se dice que al final de su vida se fundió con el dios Krishna. Sólo quedó de ella su sari sobre la estatua del dios.
Ven a mi casa, Señor del universo:
la agonía de la separación me consume.
Ven y sacia este fuego interno.
Toda la noche voy errando con mis desdichas:
el sueño y el hambre me han olvidado.
Solo esta alma pecadora sobrevive.
Trae la primavera a este apenado corazón.
(Mira Bai)
(Visión Libros; versión de José Ignacio Guerra Tobalina.)
LAS TRES VÍAS MÍSTICAS
Como hemos explicado, normalmente la poesía mística describe un intento de acercarse a algún tipo de divinididad que otorgue consuelo ante la desesperación de la vida terrenal.
Para eso, muchos religiosos o autores místicos, consideran necesario un paso previo: Es lo que se conoce como la Vía Purgativa.
LA VÍA PURGATIVA consiste en purgarse de lo nocivo (es decir, la ambición por el lujo, la fama, el amor terrenal o el deseo sexual).
Esto puede procurar algún consuelo y un moderado acercamiento a Dios. , es propia de los ascetas (filósofos, religiosos o ciudadanos que prefieren una vida tranquila y sin lujos). Como ves, se encuentra cercano a la idea de "beatus ille".
Por encima de la Vía Purgativa se encuentra la Vía Iluminativa. En ella el místico cree alcanzar algún tipo de respuesta o señal divina que le procura más gozo o consuelo (aunque también, a menudo, más dolor y frustración -"contri más subas, mayor es la caída...").
Finalmente, la Vía Unitiva consigue alcanzar la unión mística con Dios y, con ella, el éxtasis.
2-Uno de los máximos representantes de la Generación del 98, junto a Pío Baroja.
3-Acuñó el término INTRAHISTORIA, para referirse a la "historia de los hombres sin Historia".
4-Cultivó todos los géneros: escribió teatro, poesía, ensayo y novela, y es el PADRE DE LA "NOVELA FILOSÓFICA", especialmente gracias a Amor y pedagogía.
5-Creador del término y concepto de NIVOLA con Niebla.
6-Gran ejemplo de la METALITERATURA.
7-CARÁCTER CONFLICTIVO EN CONSTANTE DUDA DE TODO: EMPEZANDO POR LA FILOSOFÍA, EL ARTE, ESPAÑA... Y ACABANDO POR SÍ MISMO.
Apasionado, rebelde, indómito y contradictorio hasta su muerte:
...CRÍTICO CON LA REPÚBLICA... LLEGA A APOYAR EL GOLPE DE ESTADO DE FRANCO...
...PERO FINALMENTE SÍMBOLO DE LA OPOSICIÓN AL FASCISMO Y LA ANTIINTELECTUALIDAD ENCARNADOS EN MILLÁN ASTRAY:
UNAMUNO COMO IDEÓLOGO DEL TÉRMINO "INTRAHISTORIA"
UNAMUNO COMO EJEMPLO DE METALITERATURA:
La metaliteratura consiste en hacer literatura sobre literatura. Es decir, la obra literaria se muestra como autoconsciente (sabe que es una obra literaria) y, a partir de ahí, puede realizar una serie de guiños o referencias a otras obras literarias con las que mantiene una relación autoreferencial.
Se suele decir que el mejor mago es el que no tiene miedo de desvelar sus trucos. Muchos narradores consideran más valiente, divertido o valioso admitir que lo que están contando no es real para establecer una complicidad con el lector que sepa ser receptivo a este juego metarreferencial.
Si bien el concepto se asienta desde aproximadamente 1970, la reflexión sobre la propia escritura o sobre el proceso de escritura del propio texto ha sido una constante en la literatura a lo largo de los siglos. De este modo, por ejemplo, en la antigüedad la autorreferencia aparece como una convención que daba cuenta de la búsqueda, por parte del poeta, del buen augurio o la inspiración de las Musas al inicio de una obra. Por ejemplo, si se lee el comienzo de la Ilíada o la Odisea, se puede ver la referencia al propio canto que se inicia:
Canta, oh diosa, la cólera del pélida Aquileo;
cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos
y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes (Ilíada)
Háblame, Musa, de aquel varón de multiforme ingenio…
¡Oh diosa, hija de Zeus!, cuéntanos
aunque no sea más que una parte de tales cosas (Odisea)
Más tarde, en la tradición latina, el Carmen I de Catulo (entre otros muchos textos) da cuenta de la misma convención:
¿A quién ofrezco este librillo nuevo / y ameno, recién pulido por la árida / piedra pómez?... Toma pues lo que sea / de este librito, valga lo que valga, / y que éste permanezca más de un siglo / sin marchitarse, oh Musa virginal.
Los ejemplos abundan en Don Quijote, de Miguel de Cervantes. Por ejemplo en el capítulo VI de la primera parte, el cura y el barbero hacen juicios literarios de las obras que hallan en la librería de Don Quijote en la que predominan los libros de caballería. También mencionan a Cervantes, como vemos en esta cita del cura: "Muchos años ha que es grande amigo mío ese Cervantes, y sé que es más versado en desdichas que en versos".
En la segunda parte, Don Quijote y Sancho hablan del Quijote apócrifo, de Alonso Fernández de Avellaneda. En el capítulo LIX, un caballero les dice:
"Sin duda, vos, señor, sois el verdadero don Quijote de la Mancha, norte y lucero de la andante caballería, a despecho y pesar del que ha querido usurpar vuestro nombre y aniquilar vuestras hazañas como lo ha hecho el autor [Avellaneda] deste libro que aquí os entrego".
Pero, como decíamos, uno de los momentos cumbres de la metaliteratura es la "nivola" NIEBLA y, en particular, este fragmento:
Niebla. Fragmento. Cap XXXI
Aquella tempestad del alma de Augusto terminó, como en terrible calma, en decisión de suicidarse. Quería acabar consigo mismo, que era la fuente de sus desdichas propias. Mas antes de llevar a cabo su propósito, como el náufrago que se agarra a una débil tabla, ocurriósele consultarlo conmigo, con el autor de todo este relato. Por entonces había leído Augusto un ensayo mío en que, aunque de pasada, hablaba del suicidio, y tal impresión pareció hacerle, así como otras cosas que de mí había leído, que no quiso dejar este mundo sin haberme conocido y platicado un rato conmigo. Emprendió, pues, un viaje acá, a Salamanca, donde hace más de veinte años vivo, para visitarme.
Cuando me anunciaron su visita sonreí enigmáticamente y le mandé pasar a mi despacho-librería. Entró en él como un fantasma, miró a un retrato mío al óleo que allí preside a los libros de mi librería, y a una seña mía se sentó, frente a mí.
Empezó hablándome de mis trabajos literarios y más o menos filosóficos, demostrando conocerlos bastante bien, lo que no dejó, ¡claro está!, de halagarme, y en seguida empezó a contarme su vida y sus desdichas. Le atajé diciéndole que se ahorrase aquel trabajo, pues de las vicisitudes de su vida sabía yo tanto como él, y se lo demostré citándole los más íntimos pormenores y los que él creía más secretos. Me miró con ojos de verdadero terror y como quien mira a un ser increííble; creí notar que se le alteraba el color y traza del semblante y que hasta temblaba. Le tenía yo fascinado.
––¡Parece mentira! ––repetía––, ¡parece mentira! A no verlo no lo creería… No sé si estoy despierto o soñando…
––Ni despierto ni soñando ––le contesté.
––No me lo explico… no me lo explico ––añadió––; mas puesto que usted parece saber sobre mí tanto como sé yo mismo, acaso adivine mi propósito…
––Sí ––le dije––, tú ––y recalqué este tú con un tono autoritario––, tú, abrumado por tus desgracias, has concebido la diabólica idea de suicidarte, y antes de hacerlo, movido por algo que has leído en uno de mis últimos ensayos, vienes a consultármelo.
El pobre hombre temblaba como un azogado, mirándome como un poseído miraría. Intentó levantarse, acaso para huir de mí; no podía. No disponía de sus fuerzas.
––¡No, no te muevas! ––le ordené.
––Es que… es que… ––balbuceó.
––Es que tú no puedes suicidarte, aunque lo quieras.
––¿Cómo? ––exclamó al verse de tal modo negado y contradicho.
––Sí. Para que uno se pueda matar a sí mismo, ¿qué es menester? ––le pregunté.
––Que tenga valor para hacerlo ––me contestó.
––No ––le dije––, ¡que esté vivo!
––¡Desde luego!
––¡Y tú no estás vivo!
––¿Cómo que no estoy vivo?, ¿es que me he muerto? ––y empezó, sin darse clara cuenta de lo que hacía, a palparse a sí mismo.
––¡No, hombre, no! ––le repliqué––. Te dije antes que no estabas ni despierto ni dormido, y ahora te digo que no estás ni muerto ni vivo.
––¡Acabe usted de explicarse de una vez, por Dios!, ¡acabe de explicarse! ––me suplicó consternado––, porque son tales las cosas que estoy viendo y oyendo esta tarde, que temo volverme loco.
––Pues bien; la verdad es, querido Augusto ––le dije con la más dulce de mis voces––, que no puedes matarte porque no estás vivo, y que no estás vivo, ni tampoco muerto, porque no existes…
––¿Cómo que no existo? ––––exclamó.
––No, no existes más que como ente de ficción; no eres, pobre Augusto, más que un producto de mi fantasía y de las de aquellos de mis lectores que lean el relato que de tus fingidas venturas y malandanzas he escrito yo; tú no eres más que un personaje de novela, o de nivola, o como quieras llamarle. Ya sabes, pues, tu secreto.
Al oír esto quedóse el pobre hombre mirándome un rato con una de esas miradas perforadoras que parecen atravesar la mira a ir más allá, miró luego un momento a mi retrato al óleo que preside a mis libros, le volvió el color y el aliento, fue recobrándose, se hizo dueño de sí, apoyó los codos en mi camilla, a que estaba arrimado frente a mí y, la cara en las palmas de las manos y mirándome con una sonrisa en los ojos, me dijo lentamente:
––Mire usted bien, don Miguel… no sea que esté usted equivocado y que ocurra precisamente todo lo contrario de lo que usted se cree y me dice.
––Y ¿qué es lo contrario? ––le pregunté alarmado de verle recobrar vida propia.
––No sea, mi querido don Miguel ––añadió––, que sea usted y no yo el ente de ficción, el que no existe en realidad, ni vivo, ni muerto… No sea que usted no pase de ser un pretexto para que mi historia llegue al mundo…
––¡Eso más faltaba! ––exclamé algo molesto.
––No se exalte usted así, señor de Unamuno ––me replicó––, tenga calma. Usted ha manifestado dudas sobre mi existencia…
––Dudas no ––le interrumpí––; certeza absoluta de que tú no existes fuera de mi producción novelesca.
––Bueno, pues no se incomode tanto si yo a mi vez dudo de la existencia de usted y no de la mía propia. Vamos a cuentas: ¿no ha sido usted el que no una sino varias veces ha dicho que don Quijote y Sancho son no ya tan reales, sino más reales que Cervantes?
––No puedo negarlo, pero mi sentido al decir eso era…
––Bueno, dejémonos de esos sentires y vamos a otra cosa. Cuando un hombre dormido a inerte en la cama sueña algo, ¿qué es lo que más existe, él como conciencia que sueña, o su sueño?
––¿Y si sueña que existe él mismo, el soñador? ––le repliqué a mi vez.
––En ese caso, amigo don Miguel, le pregunto yo a mi vez, ¿de qué manera existe él, como soñador que se sueña, o como soñado por sí mismo? Y fíjese, además, en que al admitir esta discusión conmigo me reconoce ya existencia independiente de sí.
––¡No, eso no!, ¡eso no! ––le dije vivamente––. Yo necesito discutir, sin discusión no vivo y sin contradicción, y cuando no hay fuera de mí quien me discuta y contradiga invento dentro de mí quien lo haga. Mis monólogos son diálogos.
––Y acaso los diálogos que usted forje no sean más que monólogos…
––Puede ser. Pero te digo y repito que tú no existes fuera de mí…
––Y yo vuelvo a insinuarle a usted la idea de que es usted el que no existe fuera de mí y de los demás personajes a quienes usted cree haber inventado. Seguro estoy de que serían de mi opinión don Avito Carrascal y el gran don Fulgencio…
––No mientes a ese…
––Bueno, basta, no le moteje usted. Y vamos a ver, ¿qué opina usted de mi suicidio?
––Pues opino que como tú no existes más que en mi fantasía, te lo repito, y como no debes ni puedes hacer sino lo que a mí me dé la gana, y como no me da la real gana de que te suicides, no te suicidarás. ¡Lo dicho!
––Eso de no me da la real gana, señor de Unamuno, es muy español, pero es muy feo. Y además, aun suponiendo su peregrina teoría de que yo no existo de veras y usted sí, de que yo no soy más que un ente de ficción, producto de la fantasía novelesca o nivolesca de usted, aun en ese caso yo no debo estar sometido a lo que llama usted su real gana, a su capricho. Hasta los llamados entes de ficción tienen su lógica interna…
––Sí, conozco esa cantata.
––En efecto; un novelista, un dramaturgo, no pueden hacer en absoluto lo que se les antoje de un personaje que creen; un ente de ficción novelesca no puede hacer, en buena ley de arte, lo que ningún lector esperaría que hiciese…
––Un ser novelesco tal vez…
––¿Entonces?
–Pero un ser nivolesco…
––Dejemos esas bufonadas que me ofenden y me hieren en lo más vivo. Yo, sea por mí mismo, según creo, sea porque usted me lo ha dado, según supone usted, tengo mi carácter, mi modo de ser, mi lógica interior, y esta lógica me pide que me suicide…
––¡Eso te creerás tú, pero te equivocas!
––A ver, ¿por qué me equivoco?, ¿en qué me equivoco? Muéstreme usted en qué está mi equivocación. Como la ciencia más difícil que hay es la de conocerse uno a sí mismo, fácil es que esté yo equivocado y que no sea el suicidio la solución más lógica de mis desventuras, pero demuéstremelo usted. Porque si es difícil, amigo don Miguel, ese conocimiento propio de sí mismo, hay otro conocimiento que me parece no menos difícil que el…
––¿Cuál es? ––le pregunté.
Me miró con una enigmática y socarrona sonrisa y lentamente me dijo:
––Pues más difícil aún que el que uno se conozca a sí mismo es el que un novelista o un autor dramático conozca bien a los personajes que finge o cree fingir…
Empezaba yo a estar inquieto con estas salidas de Augusto, y a perder mi paciencia.
––E insisto ––añadió–– en que aun concedido que usted me haya dado el ser y un ser ficticio, no puede usted, así como así y porque sí, porque le dé la real gana, como dice, impedirme que me suicide.
––¡Bueno, basta!, ¡basta! ––exclamé dando un puñetazo en la camilla–– ¡cállate!, ¡no quiero oír más impertinencias…! ¡Y de una criatura mía! Y como ya me tienes harto y además no sé ya qué hacer de ti, decido ahora mismo no ya que no te suicides, sino matarte yo. ¡Vas a morir, pues, pero pronto! ¡Muy pronto!
––¿Cómo? ––exclamó Augusto sobresaltado––, ¿que me va usted a dejar morir, a hacerme morir, a matarme?
––¡Sí, voy a hacer que mueras!
––¡Ah, eso nunca!, ¡nunca!, ¡nunca! ––gritó.
––¡Ah! ––le dije mirándole con lástima y rabia––. ¿Conque estabas dispuesto a matarte y no quieres que yo te mate? ¿Conque ibas a quitarte la vida y te resistes a que te la quite yo?
––Sí, no es lo mismo…
––En efecto, he oído contar casos análogos. He oído de uno que salió una noche armado de un revólver y dispuesto a quitarse la vida, salieron unos ladrones a robarle, le atacaron, se defendió, mató a uno de ellos, huyeron los demás, y al ver que había comprado su vida por la de otro renunció a su propósito.
––Se comprende ––observó Augusto––; la cosa era quitar a alguien la vida, matar un hombre, y ya que mató a otro, ¿a qué había de matarse? Los más de los suicidas son homicidas frustrados; se matan a sí mismos por falta de valor para matar a otros…
––¡Ah, ya, te entiendo, Augusto, te entiendo! Tú quieres decir que si tuvieses valor para matar a Eugenia o a Mauricio o a los dos no pensarías en matarte a ti mismo, ¿eh?
––¡Mire usted, precisamente a esos… no!
––¿A quién, pues?
––¡A usted! ––y me miró a los ojos.
––¿Cómo? ––exclamé poniéndome en pie––, ¿cómo? Pero ¿se te ha pasado por la imaginación matarme?, ¿tú?, ¿y a mí?
––Siéntese y tenga calma. ¿O es que cree usted, amigo don Miguel, que sería el primer caso en que un ente de ficción, como usted me llama, matara a aquel a quien creyó darle ser ficticio?
––¡Esto ya es demasiado ––decía yo paseándome por mi despacho––, esto pasa de la raya! Esto no sucede más que…
––Más que en las nivolas ––concluyó él con sorna.
––¡Bueno, basta!, ¡basta!, ¡basta! ¡Esto no se puede tolerar! ¡Vienes a consultarme, a mí, y tú empiezas por discutirme mi propia existencia, después el derecho que tengo a hacer de ti lo que me dé la real gana, sí, así como suena, lo que me dé la real gana, lo que me salga de…
––No sea usted tan español, don Miguel…
––¡Y eso más, mentecato! ¡Pues sí, soy español, español de nacimiento, de educación, de cuerpo, de espíritu, de lengua y hasta de profesión y oficio; español sobre todo y ante todo, y el españolismo es mi religión, y el cielo en que quiero creer es una España celestial y eterna y mi Dios un Dios español, el de Nuestro Señor Don Quijote, un Dios que piensa en español y en español dijo: ¡sea la luz!, y su verbo fue verbo español…
––Bien, ¿y qué? ––me interrumpió, volviéndome a la realidad.
––Y luego has insinuado la idea de matarme. ¿Matarme?, ¿a mí?, ¿tú? ¡Morir yo a manos de una de mis criaturas! No tolero más. Y para castigar tu osadía y esas doctrinas disolventes, extravagantes, anárquicas, con que te me has venido, resuelvo y fallo que te mueras. En cuanto llegues a tu casa te morirás. ¡Te morirás, te lo digo, te morirás!
––Pero ¡por Dios!… ––exclamó Augusto, ya suplicante y de miedo tembloroso y pálido.
––No hay Dios que valga. ¡Te morirás!
––Es que yo quiero vivir, don Miguel, quiero vivir, quiero vivir…
––¿No pensabas matarte?
––¡Oh, si es por eso, yo le juro, señor de Unamuno, que no me mataré, que no me quitaré esta vida que Dios o usted me han dado; se lo juro… Ahora que usted quiere matarme quiero yo vivir, vivir, vivir…
––¡Vaya una vida! ––exclamé.
––Sí, la que sea. Quiero vivir, aunque vuelva a ser burlado, aunque otra Eugenia y otro Mauricio me desgarren el corazón. Quiero vivir, vivir, vivir…
––No puede ser ya… no puede ser…
––Quiero vivir, vivir… y ser yo, yo, yo…
––Pero si tú no eres sino lo que yo quiera…
––¡Quiero ser yo, ser yo!, ¡quiero vivir! ––y le lloraba la voz.
––No puede ser… no puede ser…
––Mire usted, don Miguel, por sus hijos, por su mujer, por lo que más quiera… Mire que usted no será usted… que se morirá.
Cayó a mis pies de hinojos, suplicante y exclamando:
––¡Don Miguel, por Dios, quiero vivir, quiero ser yo!
––¡No puede ser, pobre Augusto ––le dije cogiéndole una mano y levantándole––, no puede ser! Lo tengo ya escrito y es irrevocable; no puedes vivir más. No sé qué hacer ya de ti. Dios, cuando no sabe qué hacer de nosotros, nos mata. Y no se me olvida que pasó por tu mente la idea de matarme…
––Pero si yo, don Miguel…
––No importa; sé lo que me digo. Y me temo que, en efecto, si no te mato pronto acabes por matarme tú.
––Pero ¿no quedamos en que…?
––No puede ser, Augusto, no puede ser. Ha llegado tu hora. Está ya escrito y no puedo volverme atrás. Te morirás. Para lo que ha de valerte ya la vida…
––Pero… por Dios…
––No hay pero ni Dios que valgan. ¡Vete!
––¿Conque no, eh? ––me dijo––, ¿conque no? No quiere usted dejarme ser yo, salir de la niebla, vivir, vivir, vivir, verme, oírme, tocarme, sentirme, dolerme, serme: ¿conque no lo quiere?, ¿conque he de morir ente de ficción? Pues bien, mi señor creador don Miguel, ¡también usted se morirá, también usted, y se volverá a la nada de que salió…! ¡Dios dejará de soñarle! ¡Se morirá usted, sí, se morirá, aunque no lo quiera; se morirá usted y se morirán todos los que lean mi historia, todos, todos, todos sin quedar uno! ¡Entes de ficción como yo; lo mismo que yo! Se morirán todos, todos, todos. Os lo digo yo, Augusto Pérez, ente ficticio como vosotros, nivolesco lo mismo que vosotros. Porque usted, mi creador, mi don Miguel, no es usted más que otro ente nivolesco, y entes nivolescos sus lectores, lo mismo que yo, que Augusto Pérez, que su víctima…
––¿Víctima? ––exclamé.
––¡Víctima, sí! ¡Crearme para dejarme morir!, ¡usted también se morirá! El que crea se crea y el que se crea se muere. ¡Morirá usted, don Miguel, morirá usted, y morirán todos los que me piensen! ¡A morir, pues!
Este supremo esfuerzo de pasión de vida, de ansia de inmortalidad, le dejó extenuado al pobre Augusto.
Y le empujé a la puerta, por la que salió cabizbajo. Luego se tanteó como si dudase ya de su propia existencia. Yo me enjugué una lágrima furtiva.
El culturalismo es una corriente estética que consiste en plasmar los sentimientos del yo poético mediante analogías basadas en referencias culturales más o menos conocidas.
Sin tanto afán aristocrático u oscurentista, el culturalismo se ha mantenido desde entonces, especialmente en autores como Cavafis, Eliot o Pound y con fuerte presencia en movimientos tan importantes como el Modernismo, el Novecentismo, la Generación del 27 o Los Nueve Novísimos Poetas Españoles.
Pero, para que lo entiendas de manera práctica, será mejor facilitarte uno de los ejemplos más claros de culturalismo: el celebérrimo "Ítaca" de Konstantino Kavafis (Alejandría, Egipto, 1863 – 1933)
ÍTACA
Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.
Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.
Edición y traducción de Pedro Bádenas de la Peña,
para Antología poética, de Alianza Editorial. Madrid, 1999.
En nuestras letras, un autor con tendencia culturalista es Antonio Colinas, uno de los mejores poetas españoles de raíz grecolatina. Sirva de muestra esta poesía a partir de la contemplación de una estatua que representa la cabeza de una diosa, en este poema de Astrolabio (1979):
Cabeza de diosa entre mis manos 654 a. C.
Barro oscuro conforma tu figura
que mantiene el tiempo detenido.
Ser hombre o ser dios hoy es lo mismo:
sólo un poco de tierra humedecida
a la que un sol antiguo dio dureza,
hermosura mortal, luz muy madura.
Pero lo que ha durado esta cabeza
frágil que ha contemplado tantos siglos
la muerte de los otros, que en mis manos
descansa, se hace fugazmente eterno.
En su rostro moreno cae la noche,
cae mucha luz de ocaso en sus dos labios
y cae un día más de nuestra vida.
Misterio superior este de ver
cómo su cuerpo acumula siglos
mientras el nuestro pierde juventud.
Misterio de dos barros que han brotado
de un mismo pozo y bajo un mismo fuego.
Mas sólo a uno de ellos concedió
el Arte la virtud de ser divino
y, en consecuencia, no morir jamás.
Aunque de manera ferozmente entretenida, no deja de ser un ejercicio de culturalismo el magnífico ensayo El infinito en un junco, de Irene Vallejo, inesperado fenónmeno superventos y lectura recomendabilísima para todos los amantes de la literatura:
Anne Carson es la última ganadora del Premio Princesa de Asturias. Se trata de una profesora de Griego y poeta que ha sabido adaptar al presente y a su realidad el mundo clásico.
Carson concibe la poesía desde fuera, como una forma de jugar o combinar el lenguaje para llegar así a la realidad o a los libros que la dicen. Ese espíritu lúdico y perverso a la vez la lleva a recurrir a todo tipo de formas, géneros y materiales: el poema serial, el fragmento, el pastiche, el collage de citas y voces, la entrevista imaginaria, el anacronismo, etcétera. (...)
Carson deforma el mito y cultiva el anacronismo con la seguridad que da conocer ese mito sin fisuras. Lo hace por ese afán suyo de yuxtaponer lecturas, etimologías o referencias culturales. Leer a Carson remozando a Safo o reescribiendo a Catulo como poeta beat es una experiencia mágica, y lo es porque permite redescubrir todo lo que guarda nuestro pasado, toda la energía latente o reprimida por una idea demasiado estrecha de la tradición.
El resultado es una poesía que puede resultar dura o áspera en primera instancia, que carece tal vez de la sensualidad de sus contemporáneos (Ashbery, Strand o Jorie Graham), pero que sin embargo se ampara en su rudeza, diría casi que su primitivismo, para construir artefactos fascinantes por la calidad de su pensamiento, la intensidad de su lectura y el coraje de su estilo. La escritura de Carson puede parecer neutra, incluso fría a veces, pero alienta en ella un trazo feroz, expresionista, que ilumina la página desde dentro.
Carson dijo una vez que "cuando viajas por las palabras griegas, tienes la impresión de estar entre las raíces de los significados, no arriba en la copa del árbol». Y eso es lo que ocurre en sus libros: su poesía no se va nunca por las ramas; toda ella es raíz.
Como muestra de su lírica te dejamos con uno de los poemas de su alabado poemario La belleza del marido:
XI. HAZ LOS CORTES DE ACUERDO CON LAS VIVAS ARTICULACIONES DE LA FORMA LE DIJO SÓCRATES A FEDRO CUANDO ESTABAN DISECANDO UN DISCURSO SOBRE EL AMOR
Por qué la naturaleza me entregó a esta criatura; no digáis que fue elección mía, fui aventurada: por una suerte de pura gravedad de la existencia misma, ¡conspiración del ser! Teníamos quince años. Fue en clase de latín, era el final de la primavera y de la tarde, la pasiva perifrástica, no sé por qué me di la vuelta y ahí estaba. Sabes, dicen que un carnicero zen hace un corte preciso y la res entera se quiebra en pedazos como un rompecabezas. Sí un lugar común
y no pido disculpas porque como he dicho no fue culpa mía, estaba desprotegida frente a la existencia y la existencia depende de la belleza. Al final. La existencia no parará hasta conseguir la belleza y entonces se sucederán todas las consecuencias que conducen al final. Es inútil interponer análisis o hacer sugerencias equivocadas. Quid enim futurum fuit si… Qué hubiera pasado si, etc. La voz del profesor de latín subía y bajaba en suave oleaje. Una pasiva perifrástica puede reemplazar al imperfecto o al pluscuamperfecto de subjuntivo en una afirmación falsa. Adeo parata seditio fuit ut Othonem rapturi fuerint, ni incerta noctis timuissent. La conspiración estaba tan avanzada que de no haber temido los peligros de la noche hubiesen capturado a Otón Por qué tengo esta frase en la cabeza ¡como si hubiera ocurrido hace tres horas y no hace treinta años! Sigo desprotegida, es de noche ahora. Cuánta razón tenían al temer sus peligros
Diez años más tarde de estas rosas otoñales, Luis Alberto de Cuenca, "el poeta pop" por excelencia, otorga a esta invitación a disfrutar de la juventud de un enfoque más sensual y mundano:
COLLIGE, VIRGO, ROSAS
Niña, arranca las rosas, no esperes a mañana.
Córtalas a destajo, desaforadamente,
sin pararte a pensar si son malas o buenas.
Que no quede ni una. Púlele los rosales
que encuentres a tu paso y deja las espinas
para tus compañeras de colegio. Disfruta
de la luz y del oro mientras puedas y rinde
tu belleza a ese dios rechoncho y melancólico
que va por los jardines instilando veneno.
Goza labios y lengua, machácate de gusto
con quien se deje y no permitas que el otoño
te pille con la piel reseca y sin un hombre
(por lo menos) comiéndote las hechuras del alma.
Y que la negra muerte te quite lo bailado.
Luis Alberto de Cuenca
(Por fuertes y fronteras, 1996)
Finalmente, el cordobés Félix Moyano realiza su propia adaptación del tópico en claro diálogo con los dos anteriores:
Personalmente, mi preferido es el poema "Circe esgrime un argumento", de Silvia Ugidos:
CIRCE ESGRIME UN ARGUMENTO
Si regresas Ulises
encontrarás allí en Ítaca una mujer cobarde:
Penélope ojerosa
que afanosa y sin saberlo
le teje y le desteje una mortaja
al amor. Ella pretende
aferrarse y aferraros a lo eterno.
Si regresas,
hacia un destino más infame aún
que éste que yo te ofrezco
avanzas si vuelves a su encuentro.
Más enemigo del amor y de la vida
que mis venenos
es vuestro matrimonio, vil encierro.
Quédate Ulises: sé un cerdo.
(De Silvia Ugidos,
Las pruebas del delito, 1997)
Aurora Luque es la última ganadora del Premio Loewe. De formación clásica, es profesora de Latín y Griego en Secundaria y ha destacado por su facilidad para acercar, de manera tan culta como natural, las referencias grecolatinas a la poesía más contemporánea desde su mítico Carpe Noctem, de donde destacamos, por ejemplo, el poema "Gel":
GEL
Preparo la toalla. Me descalzo. Esa esponja
porosa y amarilla que compré en un mercado
obsceno de turistas en la isla de Hydra
qué dócil bajo el agua cotidiana
tantos meses después, en el exilio.
De pronto el gel recuerda -su claridad lechosa,
su consistencia exacta- el esperma del mito,
el cuerpo primitivo y trastornado de Urano,
un susurro de olas mar adentro
y una diosa que aparta
los restos de otra espuma de sus hombros.
Me punza una emoción tan anacrónica,
un penoso latir, hondo y absurdo,
por ese mar. Por ese sólo mar. Busco una dosis
de mares sucedáneos.
Cómo podría desintoxicarme.
Dependo de por vida
de una droga. De Grecia.
Carpe noctem (1994).
Aurora Luque
CAMARADAS DE ÍCARO (I))
El frescor de aluminio de los mares,
el humo denso y verde de los prados,
la ciudad reducida a cuentas de ámbar
sobre un fondo oscurísimo,
las nieves nebulosas, los silencios,
la ebriedad del vacío perforado.
–No fabriqué con cera mis alas clandestinas.
Fueron otras sustancias. Puse los embriones
del tiempo detenido,
la minúscula arena de oro que mojaba
las horas placenteras,
la avaricia que supo custodiar
el olor de los cuerpos entregados
y el jugo de las noches,
briznas de los asombros de la infancia,
palabras sacudidas por latidos
o palabras huyendo de sí mismas
con su erosión a solas
–esas cosas que archivan los poetas.
Pregunté a mis deseos sus rutas favoritas,
dejé que prepararan su equipaje.
Gastar en otra luz
aunque pase la vida, vigilante,
su factura de abismo. Conocer la región
en que los laberintos se destejen,
donde pueda el Deseo
firmar un alto el fuego con la Muerte.
(De Aurora Luque,
Camaradas de Ícaro, 2003)
Juan Antonio González Iglesias, profesor de Griego de la Universidad de Salamanca, ha desarrollado una línea similar en libros tan premiados y respetados como el mítico Eros es más, del que ofrecemos, a continuación, algunos ejemplos:
YOU LIGHT UP MY LIFE
Aristóteles dice: un cuerpo bello
debe ser percibido en su totalidad.
Así te vi llegar esta mañana.
Venías de correr una hora en bici
por la orilla del río. Te duchaste.
Estuvimos nadando juntos. Varios
largos en la piscina transparente.
Nos amamos después, enamorados
de ser distintos y de ser iguales.
Por la tarde estudiabas o leías.
Te vi algunos instantes. Pero ahora
que duermes a mi lado respirando
desnudo en el calor de junio, a oscuras,
creo que el filósofo no se refiere
sólo a la epifanía en el espacio,
al golpe único de la materia,
sino también al cuerpo hecho de tiempo,
a la suma sencilla de momentos
que queda para siempre en el registro
general de los días de este mundo.
Aristóteles dice: un cuerpo bello
debe ser percibido en su totalidad.
EL TIEMPO ENGENDRA DÉCADAS
El Tiempo engendra décadas
lo mismo que el poder engendra caballos.
Que nadie se lamente
de su velocidad.
Aunque aquella admirable
unidad de medida
que Tito Livio usó para narrar la Historia de Roma desde su fundación
parece algo desproporcionada
para distribuir
la vida de cualquiera de nosotros.
VLTIMVS ROMANORVM
En el último disco de Robbie Williams
canta aquellas palabras memorables
que con apenas diecinueve años
pronunció en África Agustín de Hipona.
Tal vez las musitó casi en silencio,
mientras la Antigüedad se terminaba.
La más humana de las oraciones,
la que probablemente ha conmovido
como ninguna a su destinatario.
Ahora que también algo se termina,
Robbie Williams dirige su micrófono
hacia la multitud, que sin saberlo
repite la plegaria de aquel joven
romano apasionado y la propaga
en videoclips y en radios y en ipods.
La más humana de las oraciones:
da mihi castitatem, continentiam,
sed noli modo. Oh Lord,
make me pure -but not yet.
Dame la castidad, la continencia.
Hazme puro, Señor,
pero no todavía.
(De Juan Antonio González-Iglesias,
Eros es más, 2007)
También merece la pena ser rescatada su aproximación a la moda urbana reciente del "parkour" desde una perspectiva helenística:
PARKOUR
Ad Deum non acceditur passibus corporalibus
Tomás de Aquino
Esto es lo que nunca nuestros antepasados
hicieron, desplazarse por la ciudad, de un punto
hasta otro cruzando los dominios del viento.
Materiales de última generación construyen
estos cuerpos humanos. Son más que decatletas.
Con los ojos cerrados rezan estas palabras:
Si tengo todo el tiempo por delante,
tengo todo el espacio por delante.
¿Cuántas curvas podrán engendrar con un salto?
Trazarán contra el cielo un fugaz acueducto
sin sufrir contusiones. Se han vuelto invulnerables
al mobiliario urbano. Cuando caen los espera
el asfalto, el granito transformado en alfombra.
Los obstáculos forman parte de la belleza.
¿Qué harán con el regalo de la elasticidad?
Mostrarlo. Compartirlo. Anticipar futuro.
Rozar con los talones las ramas de los árboles.
Superar la muralla abriendo una parábola.
Nadie se acerca a Dios con los pasos del cuerpo.
Se lanzan como dardos desde las azoteas.
Desconocen el vértigo. Tal vez ya son ingrávidos.
Quedan cuando amanece. Silenciosos practican
equilibrio de gato sobre la balaustrada.
El verdadero don no es la musculatura
sino la voluntad.
(de La hermosura del héroe)
A continuación vamos a ver dos ejemplos líricos (y antiépicos) que remedan metaliterariamente el inmortal inicio de La Ilíada de Homero:
MÉNIN ÁEIDE THEÁ
Oh Musas de la hermosa cabellera,
castas hijas de Zeus, que en la cumbre
del Helicón sagrado entonáis cantos
a la augusta Hera argiva y Febo Apolo
y Atenea ojizarca, concededme
la habilidad e inspiración divina
de escribir un relato o cuento corto,
de entre tres y seis páginas, con letra
Arial de doce puntos, veinticinco
palabras cada linea, a doble espacio
y presentado bajo lema o plica,
para poder ganar un premio o dos
y ver un poco de dinero fresco.
(De Carmen Jodra,
Rincones sucios, 2011)
¡CANTA OH MUSA!
Para María Jesús (la rubia)
No es lugar para poetas
va y me dice una rubia en un local
lleno de humo y de cuerpos y de vasos
y cómo has dicho que te llamas dos
chupitos por favor que no te oigo
y qué lugar entonces será ése
el Parnaso París un cementerio
uy qué ocurrente jajaja y qué tonto
no gracias de verdad que ya no bebo
y digo yo que no hay mejor lugar
y grito ¿qué? que no hay mejor lugar
que este lugar con poca luz y poco
oxígeno y el hambre para ser
poeta y ser 1+1 cualquier
día de la semana en este bar
que no es lugar según la rubia para
y porque lo importante aquí es bailar
y ser guapete y blablabla con cierta
gracia moviendo la colita como
un perro si la rubia dice tal
o si la rubia o sea qué fuerte dice
ser poeta y ser nariz y ojos y boca
de poeta y barba larga de maíz
y la rubia una y mil veces la rubia
con sus mechones pechos manos rubia
y sus zapatos ser metro noventa
de poeta al otro extremo de la barra
y ayer vi una película y por esto
y ayer vi una película y lo otro
sin boli sin papel y sin gomina
lo sabes y lo piensas no se puede
es imposible ser aunque lo escribas
y menos a estas horas y en un bar
por mucho endecasílabo y la rubia
a veces venga vale sí tal vez
lo cual escrito en prosa significa
canta oh musa que te vayas a la mierda.
Para finalizar, te dejamos con dos poemas de una heroína grecolatina enfangada en su particular ascenso al Olimpo: María Eugenia Motilla Serrano.