Soy profe de Lengua y Literatura y en este blog iré colgando actividades y textos que trabajemos en clase (o no).
"Hola, ¿qué tal? Soy el chico de las poesías".
El "homo viator" es un tópico literario (es decir, una forma de enteder la vida muy habitual en la literatura) que muestra la existencia humana como un camino que el hombre debe recorrer.
Por lo tanto, entrarían dentro de este tópico todos los poemas en que el camino es un símbolo de vida, tanto en general como desarrollando cada una de sus partes.
Quizá el ejemplo más claro, de nuevo, al igual que sucede con el tópico del "ubi sunt?" o del "vita flumen", lo podamos encontrar en Coplas a la muerte de mi padre, el inmortal poemario de Jorge Manrique.
El homo viator ("hombre viajero", "hombre de paso por la tierra" o "peregrino", en latín) es un antiguo tópico literario, ya presente en la literatura pagana y cristiana, que contemplaba la vida desde el nacimiento hasta la muerte como un peligroso y accidentado viaje de aprendizaje que terminaba en la madurez.
Recordemos que, normalmente, las historias épicas narran las aventuras de un héroe a lo largo de un viaje iniciático que le sirve para mejorar como héroe y como persona. Es decir, el camino es un aprendizaje.
Como ya explicamos, los héroes épicos son el modelo a seguir por las distintas sociedades, es decir que millones de lectores (u oyentes) se van a sentir identificados con ese héroe y, por tanto, con ese viaje iniciático. Por tanto, les será fácil luego sentirse también identificados en los poemas o canciones que desarrollen el tema de camino como viaje, es decir, el tópico del "homo viator".
HOMERO: En la Odisea, uno de los clásicos griegos más conocidos, Ulises recorre un largo camino para llegar a su destino y recuperar a su mujer.
VIRGILIO: En la Eneida, un personaje debe enfrentarse a un largo viaje para fundar una ciudad imperial tras una sangrienta batalla.
EL CID.
DON QUIJOTE DE LA MANCHA
Por su parte, la novela beat por excelencia, la célebre ON THE ROAD (EN EL CAMINO) no de Jack Kerouac deja de ser una plasmación alucinada de este mismo concepto.
Como puedes observar, el tópico del HOMO VIATOR guarda relación del popular subgénero cinematográfico de ROAD MOVIE (en el fondo, Don Quijote y Sancho protagonizan la primera road-movie de la historia, entre otras tantas innovaciones).
Como puedes observar, este tópico literario está presente no solo en poemas renacentistas, barrocos, modernistas o noventayochistas, sino también en canciones de pop del siglo XX y XXI
Aunque, eso sí, probablemente el mejor ejemplo lo encontramos en "Cantares", la inmortal canción de Joan Manuel Serrat basada en unos versos de Machado e incluida en su disco Homenaje a Antonio Machado(que ya analizamos en este blog).
A veces un viaje está determinado por un concepto dirigido o determinista de la vida: el camino ya existe prefijado y no depende del homo viator, quien se limita a recorrer un camino ya construido por Dios o un demiurgo. Es el caso de la Divina Commedia de Dante Alighieri, o de El señor de los anillos de Tolkien.
Si te interesa el tema, resulta fascinante el ensayo HOMO VIATOR: EL DESCUBRIMIENTO DEL MUNDO A TRAVÉS DE LOS VIAJES. Escrito por Pepe Pérez-Muelas y publicado en una magnífica edición por Siruela, resulta un compendio de literatura, filosofía y arte, con espacio para la sociología, la reflexión y la crónica de viajes:
Un viaje indeterminado, que borra sus propias huellas, en el que la libertad existe llena de opciones y en el que el camino se identifica con la propia conciencia, como en Antonio Machado: Caminante, son tus huellas / el camino y nada más; /caminante, no hay camino, / se hace camino al andar, o con la propia experiencia, como en "Ítaca" de Constantino Cavafis o en "Peregrino" de Luis Cernuda.
En la Edad Media son frecuentes los caminos identificados como peregrinaciones ascéticas de purificación, sobre todo cuando el mundo cristiano se moviliza en el siglo XII con las Cruzadas y las órdenes militares; lo excelente no es llegar a Jerusalén, sino llegar a uno mismo, a la paciencia y la humildad necesarias para alcanzar la otra vida.3 En este viaje está presente la conciencia de fugacidad del tiempo (tempus fugit) y la endeblez del hombre como pecador (miseria hominis), tópicos con los que suele andar. En los más instruidos, incluso se divide la vía terrena del hombre en etapas del nacimiento a la muerte. Seis en Diego García de Campos, canciller de la corte castellana de Alfonso VIII; cuatro en Dante Alighieri; o, con menor rigor sistematizador, en Francesco Petrarca.
Shakespeare, por su parte, imagina no solo seis, sino siete, la última de decadencia: El mundo es un gran teatro, / y los hombres y mujeres son actores. / Todos hacen sus entradas y sus mutis / y diversos papeles en su vida. / Los actos, siete edades. Primero, la criatura, / hipando y vomitando en brazos de su ama. / Después, el chiquillo quejumbroso que, a desgano, / con cartera y radiante cara matinal, / cual caracol se arrastra hacia la escuela. / Después, el amante, suspirando como un horno / y componiendo baladas dolientes / a la ceja de su amada. Y el soldado, / con bigotes de felino y pasmosos juramentos, / celoso de su honra, vehemente y peleón, / buscando la burbuja de la fama / hasta en la boca del cañón. Y el juez, / que, con su oronda panza llena de capones, / ojos graves y barba recortada, / sabios aforismos y citas consabidas, / hace su papel. La sexta edad nos trae / al viejo enflaquecido en zapatillas, / lentes en las napias y bolsa al costado; / con calzas juveniles bien guardadas, anchísimas / para tan huesudas zancas; y su gran voz / varonil, que vuelve a sonar aniñada, / le pita y silba al hablar. La escena final / de tan singular y variada historia / es la segunda niñez y el olvido total, / sin dientes, sin ojos, sin gusto, sin nada (W. Shakespeare, Como gustéis, acto II, escena 8.ª)
Las cosas podían haber sucedido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron así. Daniel, el Mochuelo, desde el fondo de sus once años, lamentaba el curso de los acontecimientos, aunque lo acatara como una realidad inevitable y fatal. Después de todo, que su padre aspirara a hacer de él algo más que un quesero era un hecho que honraba a su padre. Pero por lo que a él afectaba…
Su padre entendía que esto era progresar; Daniel, el Mochuelo, no lo sabía exactamente. El que él estudiase el Bachillerato en la ciudad podía ser, a la larga, efectivamente, un progreso. Ramón, el hijo del boticario, estudiaba ya para abogado en la ciudad, y cuando les visitaba, durante las vacaciones, venía empingorotado como un pavo real y les miraba a todos por encima del hombro; incluso al salir de misa los domingos y fiestas de guardar, se permitía corregir las palabras que don José, el cura, que era un gran santo, pronunciara desde el púlpito. Si esto era progresar, el marcharse a la ciudad a iniciar el Bachillerato, constituía, sin duda, la base de este progreso.
Pero a Daniel, el Mochuelo, le bullían muchas dudas en la cabeza a este respecto. Él creía saber cuanto puede saber un hombre. Leía de corrido, escribía para entenderse y conocía y sabía aplicar las cuatro reglas. Bien mirado, pocas cosas más cabían en un cerebro normalmente desarrollado. No obstante, en la ciudad, los estudios de Bachillerato constaban, según decían, de siete años y, después, los estudios superiores, en la Universidad, de otros tantos años, por lo menos. ¿Podría existir algo en el mundo cuyo conocimiento exigiera catorce años de esfuerzo, tres más de los que ahora contaba Daniel? Seguramente, en la ciudad se pierde mucho el tiempo —pensaba el Mochuelo— y, a fin de cuentas, habrá quien, al cabo de catorce años de estudio, no acierte a distinguir un rendajo de un jilguero o una boñiga de un cagajón. La vida era así de rara, absurda y caprichosa. El caso era trabajar y afanarse en las cosas inútiles o poco prácticas.
Daniel, el Mochuelo, se revolvió en el lecho y los muelles de su camastro de hierro chirriaron desagradablemente. Que él recordase, era ésta la primera vez que no se dormía tan pronto caía en la cama. Pero esta noche tenía muchas cosas en qué pensar. Mañana, tal vez, no fuese ya tiempo. Por la mañana, a las nueve en punto, tomaría el rápido ascendente y se despediría del pueblo hasta las Navidades. Tres meses encerrado en un colegio. A Daniel, el Mochuelo, le pareció que le faltaba aire y respiró con ansia dos o tres veces. Presintió la escena de la partida y pensó que no sabría contener las lágrimas, por más que su amigo Roque, el Moñigo, le dijese que un hombre bien hombre no debe llorar aunque se le muera el padre. Y el Moñigo tampoco era cualquier cosa, aunque contase dos años más que él y aún no hubiera empezado el Bachillerato. Ni lo empezaría nunca, tampoco. Paco, el herrero, no aspiraba a que su hijo progresase; se conformaba con que fuera herrero como él y tuviese suficiente habilidad para someter el hierro a su capricho. ¡Ése sí que era un oficio bonito! Y para ser herrero no hacía falta estudiar catorce años, ni trece, ni doce, ni diez, ni nueve, ni ninguno. Y se podía ser un hombre membrudo y gigantesco, como lo era el padre del Moñigo.
Daniel, el Mochuelo, no se cansaba nunca de ver a Paco, el herrero, dominando el hierro en la fragua. Le embelesaban aquellos antebrazos gruesos como troncos de árboles, cubiertos de un vello espeso y rojizo, erizados de músculos y de nervios. Seguramente Paco, el herrero, levantaría la cómoda de su habitación con uno solo de sus imponentes brazos y sin resentirse. Y de su tórax, ¿qué? Con frecuencia el herrero trabajaba en camiseta y su pecho hercúleo subía y bajaba, al respirar, como si fuera el de un elefante herido. Esto era un hombre. Y no Ramón, el hijo del boticario, emperejilado y tieso y pálido como una muchacha mórbida y presumida. Si esto era progreso, él, decididamente, no quería progresar. Por su parte, se conformaba con tener una pareja de vacas, una pequeña quesería y el insignificante huerto de la trasera de su casa. No pedía más. Los días laborables fabricaría quesos, como su padre, y los domingos se entretendría con la escopeta, o se iría al río a pescar truchas o a echar una partida al corro de bolos.
La idea de la marcha desazonaba a Daniel, el Mochuelo. Por la grieta del suelo se filtraba la luz de la planta baja y el haz luminoso se posaba en el techo con una fijeza obsesiva. Habrían de pasar tres meses sin ver aquel hilo fosforescente y sin oír los movimientos quedos de su madre en las faenas domésticas; o los gruñidos ásperos y secos de su padre, siempre malhumorado; o sin respirar aquella atmósfera densa, que se adentraba ahora por la ventana abierta, hecha de aromas de heno recién segado y de resecas boñigas. Dios mío, ¡qué largos eran tres meses!
SPOILER! Os lo adelanto: Vamos a discutir muchas veces a lo largo del curso sobre las palabras: que si "quito" mucho por faltas de ortografía, que si "profe, en esta pregunta me has puesto muy poco", que si "bueno, vale pero se entiende"...
Pero lo único que de verdad es nuestro y nadie nos puede quitar son las palabras que utilizamos y que van a servir para definirnos como alguien culto (o inculto), amable (o borde), generoso (o interesado), humilde (o presumido)...
Y es cierto que TODOS (yo el primero) podemos cometer errores al expresarnos oralmente: dejar oraciones a medias, utilizar expresiones malsonantes o inadecuadas, tener lapsus, no decir exactamente lo que queríamos expresar...
Esto provoca malentendidos que, normalmente, se arreglan "hablándolo" (es decir, con más -y mejores- palabras).
Por eso hay que ser más exigente con las palabras que utilicemos por escrito: nuestros mensajes deben ser correctos, claros, sin faltas de ortografía y, sobre todo, deben expresar exactamente lo que queremos (o necesitamos) expresar en cada momento.
"Si nos acostumbramos a ser inconformistas con las palabras, acabaremos siendo inconformistas con los hechos".
(Emilio Lledó)
Y es que todos vuestros trabajos y exámenes se tienen que defender solos: no vais a estar detrás de cada profesor cuando, normalmente en su casa o en la sala de profesores, corrija vuestros ejercicios. Por eso no vale lo de "bueno, sí, pero lo que quería decir es que..."
Expresarse correctamente se aprende practicándolo.
Por eso, cuando mande ejercicios, aprovechad para "entrenar" y no me hagáis el típico truco de hacer una respuesta mínima que luego ampliaréis improvisando cuando os pregunte: primero, porque se nota MUCHO. Segundo, porque en el examen os saldrá peor.
De momento, el único plan que tengo es escribir. Sé escribir, porque
escribir (a diferencia de la coreografía, la arquitectura o conquistar
reinos) es algo que puedes hacer aunque seas pobre y estés solo y no
tengas infraestructura (una compañía de ballet o unos cañones, por
ejemplo). Los pobres pueden escribir. Es de las pocas cosas que la
pobreza, y la falta de contactos, no puede impedirte hacer.
XVII CONCURSO ESCOLAR DE DIBUJOS SOBRE DERECHOS HUMANOS DEFENSOR DEL PUEBLO 2019-2020
Los derechos humanos forman parte del currículo de cualquier asignatura, bien de forma directa o bien de manera transversal, aunque parece más idóneo incardinar esta actividad dentro de las clases de dibujo, ética, religión, alternativa, sociales, historia, tutoría, etc.
Una vez trabajados los derechos humanos con los alumnos, se les puede sugerir que hagan un dibujo para plasmar su inquietud sobre cualquier aspecto relacionado con éstos: el hambre en el mundo, la pobreza, las guerras, la inmigración, la tortura, la pena de muerte, la falta de agua potable, la explotación infantil, la esclavitud, la carencia de una vivienda digna, la falta de acceso a la educación, la violencia entre iguales, en la escuela (el bullying), violencia contra la mujer o violencia intrafamiliar, etc.
Aunque el profesorado dispone de suficiente preparación para organizar la participación de sus alumnos en este concurso, para facilitar su labor proponemos la realización de las siguientes actividades:
Algunas actividades propuestas:
1.- Las imágenes de las guerras que todos vemos en la televisión, los atentados de los extremistas religiosos, los conflictos armados y la violación del Derecho internacional humanitario, las injusticias sociales, la situación de los inmigrantes africanos llegando a las costas europeas, nos hacen sentir que son situaciones dramáticas que no nos pueden resultar ajenas, ya que afectan a seres humanos como nosotros. Se puede pedir a los alumnos que plasmen en un dibujo la impresión que les produce ver esas imágenes en televisión.
2.- Se puede aprovechar alguna información extraída de periódicos o revistas sobre violación de derechos humanos (guerras, violencia de género, dificultad de acceso a la educación, a la vivienda, distinción o discriminación por motivos de raza, color, etnia, género, idioma, religión, opiniones políticas o de otra índole, origen nacional, social o cultural, posición económica, nacimiento u otra condición), para comentarla con los alumnos y sugerirles que hagan un dibujo al respecto.
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3 - Se pide a los alumnos que lean individualmente, y en silencio, el siguiente texto, relativo al origen de los derechos humanos:
Origen de los derechos humanos
Los derechos humanos se basan en el principio de respeto por el individuo y son universales e intrínsecos a todas las personas, por el hecho de serlo.
Ya en las tribus primitivas estaba mal visto hacer daño a alguien de la propia tribu, de esta forma se reconocía el derecho de cualquier persona a ser respetada dentro de su colectivo. A los miembros de las demás tribus se les consideraba enemigos y no se les reconocía ningún derecho.
Hace más de dos mil años, algunos filósofos griegos (como Sócrates, Platón y Aristóteles) reconocían que la propia naturaleza de las personas nos empuja a vivir juntas, formando pueblos y ciudades. Esto nos obliga a respetar a los demás, para que las demás personas nos respeten a nosotros y podamos así convivir pacíficamente. Por eso, aquellos filósofos defendían que todas las personas participan de la misma naturaleza humana.
El cilindro del Rey Ciro de Persia, documento en escritura cuneiforme compuesto de leyes y decretos en los que este rey en el año 539 a.C. declaraba que todas las personas tenían derecho a escoger su religión, estableciendo además la igualdad racial y la abolición de la esclavitud. Por todo ello se ha considerado a dicho documento el primer texto de derechos humanos.
Este principio se encuentra recogido en la mayoría de las confesiones religiosas, ya que defiende que los seres humanos son superiores a los demás seres vivos y por ello les corresponde una especial dignidad, lo que obliga a todas las personas a respetar a las demás y procurar que sean felices.
Es en este sentido que las religiones y los derechos suelen converger debido a que la mayoría de las religiones predica el amor por todos los seres humanos y la necesidad de actuar cuando se está violando la dignidad humana. Esta dignidad, y los derechos que se requieren para protegerla, están presentes en todos y cada uno de nosotros desde el momento en que nacemos. Cada ser humano nace con un “valor objetivo” de dignidad y derechos, y éstos transcienden al individuo.
Desde hace cientos de años se ha ido avanzando, poco a poco, hacia el reconocimiento de determinados derechos de las personas, unos derechos que deben de estar por encima del poder de los gobiernos, que afirman los derechos individuales como la Carta Magna en 1215 o el derecho a la libertad religiosa, a partir de la Reforma protestante del siglo XVI, el derecho de presunción de inocencia, el derecho a un juicio justo, el derecho a no ser torturado, a partir del Acta de Habeas Corpus de 1679, el derecho a la libertad, la igualdad y la propiedad, defendidos por los filósofos ilustrados, entre los que destacan Locke y Rousseau.
A principios del siglo XVI un grupo de profesores de la universidad de Salamanca, conocidos como la “escuela de Salamanca”, hizo una contribución tanto en el terreno de las humanidades como en el de la ciencia que influyó notablemente en los pensadores posteriores. La escuela de Salamanca adoptó el concepto de derecho natural a los tiempos modernos. Así, Francisco de Vitoria (1483-1546), uno de los intelectuales españoles más relevantes de esta escuela, defendía que “ningún hombre es superior por derecho natural con respecto a otros”
Para Kant, propulsor de los derechos humanos, el individuo debe ser tratado como un fin en sí mismo, nunca como un medio. Ello le confiere valor en sí mismo, dicho de otro modo: dignidad. Y para reconocer la dignidad enuncia el imperativo categórico, que defiende no hacer a los demás aquello que no deseamos para nosotros mismos.
Mientras se va reclamando un número cada vez mayor de derechos humanos surge la necesidad de que éstos sean recogidos en declaraciones solemnes, la Declaración de Independencia de los EE.UU. (1776), la Constitución de EE.UU.(1787), que aunque carece de declaración de derechos fue completada en 1791 con las primeras diez enmiendas que son conocidas como “la carta de derechos”, o la Declaración de los derechos del hombre y de ciudadano (1789), aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente francesa.
Ya en el siglo XX, la Constitución de México de 1917, elaborada después de la revolución, fue la primera que trataba de conciliar los derechos civiles y políticos con los emergentes derechos económicos y sociales. También empieza a reclamarse cada vez con más fuerza la igualdad de derechos entre hombres y mujeres (así lo recoge, por ejemplo, la Constitución de Weimar, Alemania, 1919).
Los millones de muertos ocasionados por la Segunda Guerra Mundial conmovieron la conciencia de los seres humanos, lo que movió a las Naciones Unidas redactar la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948), el texto más importante sobre éstos, el mayor logro de la inteligencia humana y que ha inspirado a muchas otras leyes y tratados sobre derechos humanos en el mundo.
Los setenta años transcurridos desde la proclamación de la Declaración de Derechos Humanos ha permitido avanzar significativamente en el cumplimiento de estos derechos en los países, y han favorecido que muchas de las Constituciones de los países se basen en esa Declaración y tengan recogidos los derechos humanos y las libertades fundamentales, como es el caso de la Constitución española de 1978, que en su Título I recoge los derechos y deberes fundamentales.
Sin embargo, en los países más pobres (aún llamados del Tercer Mundo), decenas de miles de personas mueren todos los días por no tener qué comer, por carecer de agua potable, por no tener acceso a medicamentos, por las guerras, etc. Para terminar con esta tragedia diaria es menester que todos (individuos, gobiernos, instituciones y empresas) nos tomemos más en serio la Declaración Universal de Derechos Humanos, pues ésta cuenta con el potencial necesario para garantizar un mundo en paz, sin hambre y sin miseria, en el que todos los seres humanos vivamos en fraternidad y armonía.
4 - Se pide a un alumno que lea el texto anterior en voz alta mientras el resto de la clase lo escucha. A continuación se abre un debate sobre el texto.
5.- Se invita a todos los alumnos a que hagan un dibujo para plasmar su inquietud sobre cualquier aspecto relacionado con los derechos humanos: el hambre en el mundo, la pobreza, las guerras, la inmigración, la tortura, la pena de muerte, la falta de agua potable, la explotación infantil, la esclavitud, carecer de una vivienda digna, no tener acceso a la educación, la violencia hacia la mujer, hacia los niños, hacia los mayores, etc.
Más actividades
Si el profesor quiere realizar más actividades relativas a derechos humanos, sugerimos las siguientes, que el profesorado elegirá según el nivel educativo de su alumnado:
1.- ¿Qué entiendes por "derecho"?. Busca la palabra en un diccionario. 2.- ¿Qué derechos crees que tienes tú como persona?
3.- ¿Qué derechos consideras que tienen las demás personas?
4.- ¿Quién tiene la obligación de garantizar el cumplimiento de los derechos humanos: la ONU, los gobiernos, los individuos, las instituciones?
5.- ¿Cuál es el papel del Defensor del Pueblo? (visita su página web: www.defensordelpueblo.es)
6.- ¿Cuál es el papel de la ONU en el cumplimiento de los derechos humanos?
7.- Si el mundo "estuviese en tus manos", ¿qué harías para garantizar el cumplimiento de los derechos humanos?
8.- ¿Cómo explicarías que en el mundo rico nos gastemos dinero en adelgazar mientras en el mundo pobre la gente se muere de hambre?
9.- Utiliza textos de filosofía para analizar la defensa de una condición humana común a todos los seres humanos por parte de algunos filósofos griegos (estoicos, sofistas, epicúreos,...).
10.- Utiliza textos de filosofía e historia para analizar lo que significó la época de la Ilustración en el surgimiento de una cultura de los derechos humanos.
3-¿Se asemeja a algún tópico literario estudiado en clase?
4-¿Te parece un poema más lírico o narrativo?
5-¿Qué tipo de narrador emplea?
6-Señala los recursos literarios que veas.
7-Recopilando la información anterior, redacta el comentario completo y añade tu opinión personal.
La autora de la canción es Cecilia Cecilia (Madrid, 11 de octubre de 1948-Colinas de Trasmonte, 2 de agosto de 1976). La canción pertenece a su tercer disco, publicado en 1975, es decir, poco antes de su repentino fallecimiento y 6 años antes de que se legalizara el divorcio en España. ¿Crees que eso pudo influir? ¿Consideras que la historia resulta creíble? ¿Qué te parece la actitud del marido? ¿Y de a protagonista?
CARTA DE CICERÓN A MI MADRE (PÁG. 76 LIBRO DE TEXTO)
La semana pasada (DEIXIS TEMPORAL) (yo)mandé a mi madre por WhatsApp el chiste del
año, “25 de diciembre. Zoom, Zoom, Zoom” pero no le hizo ninguna
gracia (CATÁFORA----->): “A mi edad cada año significa un año menos. A la tuya es todavía
uno más”, dijo. Yo intenté consolarla sin éxito, porque como bien
explica Martha Nussbaum(CATÁFORA---->),para hablar convincentemente de la vejez, como
mínimo hay que acercarse a ella. Entonces se me ocurrió pedir ayuda a
Cicerón, viejo colega. Pensé que el autor de De Senectute, la
apología de la vejez escrita hace más de 2000 años, podría consolarla
mejor que yo. Como era de esperar, Cicerón no se ha jubilado ni muerto (IRONÍA). Y
enseguida me hizo llegar esta carta(CATÁFORA-------->) por mail que (yo) ya envié a mi madre y (yo) comparto también con vosotros, por si (la carta) fuera de vuestro interés.
Querida Esther
Lamento
que te haya tocado iniciar la última etapa de tu vida inmersa en un
discurso político y social que desprecia a los mayores. Lamento también
la pandemia aunque te confieso que no parece tan grave cuando llevas dos
mil años bajo tierra, bien sabes tú que todo es cuestión de
perspectiva, por más que quienes gobiernen carezcan de ella. Lo que sí
me parece trágico, tantos siglos después, es que la discriminación por
edad se haya convertido en algo tan cotidiano como opresor.
Debes
saber que no sois la primera generación que padece este maltrato.
También yo pasé por lo que ahora sientes. “Cuando lo medito en mi
interior, encuentro cuatro motivos por los que la vejez puede parecer
miserable”, escribí entonces. “La primera, porque aparta de las
actividades; la segunda, porque debilita el cuerpo; la tercera, porque
priva de casi todos los placeres; la cuarta, porque no está lejos de la
muerte”. Ayer tu hija me contó que la pandemia ha agravado los cuatro
motivos. Y que los ancianos están siendo aniquilados, no ya tanto por el
virus como por una sociedad que los considera inútiles e incapaces,
carentes de iniciativa, además de una carga. Una consideración que
afecta por igual a todos los de tu edad, sin importar las situaciones
personales. Por eso te incluye también a ti, que te sentías joven cuando
empezó el confinamiento. Sin embargo, ahora ya te piensas más inútil y
acabada. Debes saber que es el efecto de su manipulación, no de tu edad.
Dicen
que la Covid ha apartado aún más a los mayores de las actividades
cuando es una mentira demostrable. Desde luego lo es en tu caso. Me
cuenta tu hija que ahora escaneas códigos QR en los restaurantes, que
mandas audios por WhatsApp, haces videoconferencias con tus nietas,
viajas por YouTube y que hasta te has pasado a la banca digital. TikTok
no sé aún lo que es, pero ya me lo contarás. Eso no es estar más lejos
de las actividades. Lo que pasa es que has rejuvenecido. Y los jóvenes
se pasan el día pegados al móvil. Esa es su actividad.
En
cuanto a que la vejez debilita el cuerpo es un hecho. Pero en una
pandemia como la que vivís, el cuerpo no es lo más importante. Si acaso
el problema lo tendrán los jóvenes que tienen que encerrar el suyo
cargado de hormonas en pequeñas habitaciones. Tú lo disfrutaste sin
entregar una pizca de belleza o vigor a la enfermedad o al miedo. Es
precisamente ahora cuando sirve más el amor que el vigor. Más la
experiencia que la fuerza. Los más jóvenes necesitan que estés a la
altura. “A duras penas podríamos decir que un capitán de barco es
incompetente porque no pueda remar”. Dicen que esta frase también es
mía. Y me encanta.
Luego está lo de que los viejos no
tenemos placeres, que probrecitos, qué pena de vida. Pero di la verdad.
Si estás ahíta de placer. Todas las fiestas, tantos platos en tantos
fregaderos como cigarros en ceniceros, tanta música, tantas reuniones
familiares, tantos nietos tantas veces, tantas risas, tantos bailes.
¿Sabes ese momento de la fiesta en que uno se pregunta hasta cuándo será
obligatorio seguir divirtiéndose? Ese momento solo lo entenderán
quienes han acumulado tanto placer como para saber que estar libre de su
tiranía es una forma de felicidad. Y a ti te la han puesto en bandeja,
en el mejor momento. Disfrútala sin culpa antes de que los hijos y
nietos te llenen la casa de ruido otra Navidad.
Y por
último queda el tema de la muerte, la mentira más grande de todas. Que
el virus os acerca más a ella. Que los viejos sois los peor parados, los
más frágiles, los que más crudo lo tenéis, los que hay que proteger,
los que no pueden ya decidir por sí mismos. ¡Qué clase de manipulación
de la voluntad y control del cuerpo es esta! Tú no lo tienes peor que
los más jóvenes ante la muerte, si acaso mejor. Porque mientras ellos
esperan vivir más que tú, el hecho es que tú has vivido ya más que
ellos. La covid puede afectar a cualquiera, como toda enfermedad. Nadie
es dueño del mañana. Así que ni se te ocurra tener miedo, eso déjaselo a
los jóvenes cuyo futuro es más incierto de lo que fue nunca el tuyo.
Recuerda que la enfermedad del alma puede hacerte tanto daño como la del
cuerpo, incluso más llegados a cierta edad. Porque tu cuerpo ya no es
tan valioso mientras que tu espíritu no conoció momento más pleno. Sabes
más, amas mejor, entiendes más. En este momento debes protegerte tanto
del virus como de aquellos que intentan convertir tu edad en un problema
que no tenías antes de conocerlos.
Defiéndete, amiga, porque te atacan. Y dale un beso a tu hija de mi parte. Ten paciencia con ella, aún es demasiado joven.
Nuria Labari es periodista y escritora.
QUERIDAS DOS ESPAÑAS
Querida España Azul, la democracia no se hunde. (Los españoles) No vamos camino de Venezuela o de Hungría. La amnistía no supone el “principio del fin de la democracia”, sino un test donde se verá su fuerza. Si el Congreso aprueba una proposición de ley que viola el orden legal, un abanico de magistraturas impedirá su puesta en marcha, de cualquier Audiencia al Constitucional, pasando por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. La democracia, que no es un ideal de armonía, sino una fórmula civilizada para gestionar conflictos, sale robustecida tras una tensión que prueba sus costuras.
Querida España Roja, puede que la ley de amnistía esquive los obstáculos jurídicos. Puede que en Europa no se lleven las manos a la cabeza, sino que (en Europa) se encojan de hombros. Pero, si no es así y los tribunales tumban la aplicación de la ley, la democracia española no se hundirá. Y lo que sirve para el futuro se aplica al pasado: (CATÁFORA--->) la justificación de la amnistía no puede ser la existencia de un lawfare o una conspiración político-judicial de derechas para minar la voluntad popular. Porque, o (el lawfare) es falso, o hay que imputar a miles de funcionarios y jueces por prevaricación.
El problema de los acuerdos conocidos hasta ahora no es el “cambio de opinión” de Sánchez sino otro muy distinto. El PSOE no fue a las elecciones con la amnistía, pero los socialistas pueden argumentar que, precisamente para que se cumpla su programa, hay que adoptar medidas que no estaban en él. (Adoptar medidas que no estaban en el programa) Como en cualquier Gobierno de coalición. Y como sucedía tradicionalmente con los pactos con los nacionalistas (al adoptar medias que no estaban en el programa). Pero las cesiones a CiU o al PNV se podían presentar como juegos de suma positiva ―todos ganamos si ellos gestionan el IRPF― o suma cero ―nadie pierde recursos―. Ahora, (las cesiones) se interpretan como juegos de suma negativa, donde unos intereses más responsables pierden frente a unos (intereses) menos responsables. La condonación de la deuda tendrá una lógica nacional equitativa, pero, de entrada, (la condonación de la deuda) se ve como un premio a las comunidades más gastadoras (como Cataluña) y un castigo a las (comunidades) más hacendosas. Y la amnistía se proyecta como una concesión a quienes han cometido delitos y (a quienes) no muestran arrepentimiento ni propósito de enmienda.
Quizás la amnistía es mejor que cualquier alternativa. Pero eso no lo decidiremos ni yo ni la mejor analista del mundo, sino (que lo decidirán) el Congreso primero y los tribunales después. Respetemos a ambos. Esto es la democracia.
Querido alumno universitario de grado: Te estamos engañando
Llevo impartiendo clases en la universidad cerca de 25 años, dos de ellos en la Universidad Complutense de Madrid y el resto en la Universidad de Granada. Por mis clases han pasado directivos de grandes empresas que tenían más o menos mi edad cuando les di clase y otros que, en sus generaciones respectivas, han ido ganándose un puesto en la sociedad gracias a su formación y a su esfuerzo (...) Todo lo anterior es tan sólo un eco del pasado. Hoy me dedico a engañar más que a enseñar. Me explico a continuación. (CATÁFORA)
Los grupos hoy son de unos 50 alumnos, de los cuales raramente viene a clase más de un 30%. Los que vienen, lo hacen en su mayoría con un portátil y/o un teléfono móvil que utilizan sin ningún resquemor durante las horas de clase. Las caras de los alumnos se esconden tras las pantallas. De hecho, me sé mejor las marcas de sus dispositivos que sus rasgos faciales. Es raro que alguien pregunte, por mucho que se les incite a hacerlo. Quince minutos antes de que acabe la clase ya están recogiendo sus cosas, deseosos de salir.
Cada vez me siento más como un profesor del instituto de una serie mediocre de los 80 que como un catedrático. A menudo tengo que callarme porque el rumor generalizado se extiende por el aula y me da vergüenza mandar callar a universitarios constantemente. He separado a gente para que no hablen entre ellos, he expulsado alumnos del aula y me he llegado a marchar de clase ante el más absoluto desinterés.
Como respuestaa este panorama y, siguiendo las cambiantes normativas universitarias (siempre peores que las anteriores), los profesores hemos tomado cartas en el asunto con las siguientes medidas:
El nivel de la asignatura ha bajado. Impartimos menos temas de manera mucho más superficial. Hacemos parciales tal y como establece la evaluación continua para tratar de aprobar a un mayor número de alumnos, pues un número de suspensos superior, a lo que la universidad establece como límite, conlleva una sanción que influye en el presupuesto del departamento, esclavizado a través del denominado contrato-programa.
De este modo, cumplimos el contrato-programa, el departamento es feliz, la universidad es feliz, nuestros alumnos aprueban, creen que saben algo y son felices y nosotros languidecemos ante la triste realidad (REPETICIÓN DE LA PALABRA "FELIZ" y uso de la paradoja).
El nivel de los trabajos y presentaciones de los alumnos no pasaría, en su mayoría, los estándares del teatrillo de Navidad de primaria. Pero eso, para nosotros es más que suficiente para poner un 5.
Por eso, te digo que me dedico a engañarte, querido alumno/a. Vives en una mentira que nosotros edulcoramos. Por eso, es mejor que si quieres seguir viviendo en tu burbuja, mientras puedas, no sigas leyendo, ya que voy a contar lo que hay detrás de Matrix. Bueno, si sigues leyendo, lo haces bajo tu propia responsabilidad. No digas que no te advertí. Aquí van algunas realidades que no te van a gustar:
1.- Te faltan habilidades básicas indispensables en estudios superiores. No tienes capacidad de expresión. Tu vocabulario es muy básico y se limita a verbos débiles (hacer, ser, estar) en lugar de específicos como desarrollar, evolucionar, ampliar, …
2.- Por ello, cuando entregas un trabajo o haces una exposición de un texto que has copiado de Wuolah, El rincón del vago u otros, donde plantas frases como «considerando la posibilidad de articular el concepto de selección adversa con las bases teóricas de la economía de las organizaciones…», sé de sobra que no lo has escrito tú porque, para más INRI, cuando te pregunto en clase sobre el significado de esa frase, no sabes qué contestar.
3.- Por supuesto, al exponer en clase, la frase del punto anterior la has leído literalmente de tu móvil, del que no despegas los ojos aún enfrente de tus compañeros, y la has colocado en una transparencia de Powerpoint cuyo diseño en 1995 ya estaba obsoleto. El resto de tu presentación se limita al «efecto karaoke», leer los interminables párrafos que has cortado y pegado.
4.- No sabes estar. Sí, estar. Balbuceas, te encorvas, no fijas la mirada, llevas una o las dos manos en los bolsillos, vienes a una exposición en chándal o con leggins… No te dignas a respetar la institución milenaria que te acoge y que se llama universidad. No entiendes lo que eso significa y tampoco tienes ningún interés en saberlo.
5.- Si tu expresión es limitada, tu escritura lo es más (ELIPSIS DE "LIMITADA"). Se nota que ya no se hacen dictados en educación secundaria. Caso aparte merecen los alumnos que no hablan español y no comprendo que hacen ocupando un asiento, especialmente aquellos provenientes del país creador de Tiktok.
6.- Jamás hubieras superado esta asignatura hace 10 o 20 años. De hecho, de tu clase, no más de 10 personas seguirían admitidas en estos estudios. Te lo dice un licenciado que acabó dos titulaciones en la Universidad Carlos III de Madrid donde tras 4 convocatorias suspensas de una asignatura, ibas a la calle.
7.- Tu nivel de lenguas extranjeras es nulo. Doy clases en un Máster íntegramente en inglés donde apenas hay españoles y el nivel de los estudiantes extranjeros es infinitamente superior. De hecho, el máster es lo único que alimenta mi motivación a enseñar.
8.- Las habilidades blandas brillan por su ausencia. ¿Liderazgo, resiliencia, trabajo en grupo? (ELIPSIS) Son básicas para cualquier empleo. Cuando me escribes un email para decirme que te has peleado con tus compañeros de grupo o envías a tu madre a una revisión de exámenes, mi perplejidad no cabe en mi persona. Hace años que no recomiendo a ningún alumno para ninguna empresa.
9.- Vives anestesiado por las redes sociales. ¿Te crees que no me entero? Mientras doy clase veo tu cara de soslayo tras la pantalla con risitas y yo sé que explicar la cadena de valor de la empresa es de todo menos gracioso. No estás en clase, estás en Instagram. Pero yo me hago el tonto y miro para otro lado.
Estos puntos son sólo la cima del Iceberg. Los profesores estamos hartos de formarnos en técnicas docentes multidiversas y de pelajes exóticos para motivar al alumnado. Lo que está claro es que si tú, estudiante, no tienes interés, yo no puedo plantarlo en ti. Pero sí puedo hacerte creer que vales, aunque sepa que es mentira. Me he convertido en un experto en hacerlo porque el sistema me lo exige y cumplo. Y rezo por que esto sólo me ocurra a mí, y como mucho en mi facultad, pero no ocurra en Medicina o Ingeniería de caminos, sobre todo cuando cruce un puente o, Dios no lo quiera, esté en la camilla de un quirófano.
Cuando hablo con compañeros coinciden con mi visión. Escribir esto es arriesgado y es más cómodo callar y obrar. Lo entiendo perfectamente, patada y al área es la actitud mayoritaria. No quiero terminar exponiendo un problema sin dar soluciones. Las hay. Pero para ello, hay que romper el paradigma en que estamos sumergidos y ser muy valientes. He aquí algunas propuestas incómodas:
1.- No somos todos iguales. Hay estudiantes con vocación e interés eclipsados por la mediocridad imperante. Centrémonos en ellos. La universidad es para formar a las élites intelectuales. Antes de que me llaméis facha, esa frase es del insigne Gregorio Peces-Barba, mi rector cuando estudiaba en la Universidad Carlos III, padre de la Constitución y socialista de los de verdad (cómo han cambiado las cosas). La Formación Profesional forma grandes profesionales que no han de ser universitarios.
2.- Devolvamos al profesorado universitario las competencias perdidas como autoridad intelectual a la hora de diseñar planes de estudio, modelos de enseñanza y currículum. No podemos esperar dos años a que la ANECA dé el visto bueno a una modificación de los planes de estudio. El mundo cambia demasiado rápido para seguir impartiendo contenidos obsoletos.
3.- Reforcemos las capacidades básicas en enseñanzas no universitarias: Enseñar a pensar, a enfrentarse a obstáculos, a expresarse, a tener modales, a leer y escribir bien en español e inglés, a tener tolerancia a la frustración y, sobre todo, a buscar la superación constante.
4.- Eliminemos cualquier rastro de gadgets tecnológicos en la enseñanza (lo que incluye ordenadores portátiles). Darle un Chromebook a un niño de 10 años es como darle una cuchilla de afeitar a un bebé. SEÑORES TECNO-PROGRES LEAN ESTO POR FAVOR: Cruzar un puente no te hace ingeniero de caminos, de la misma manera que tener un ordenador no te hace nativo digital. Mis alumnos no saben, en su mayoría, elaborar un Excel o dar formato a un texto en Word. Las TICs a edades tempranas sólo sirven para distraer. La plasticidad neuronal se desarrolla con lápiz y papel, no con la dictadura de los teclados.
5.- Hacer sentir a los chavales orgullosos de quienes son y donde están, con admiración hacia lo que les rodea y hacia otras culturas. Fomentar la curiosidad innata y el respeto. Crear descubridores y jamás plantar la semilla del odio o la desolación. Huir de los nacionalismos, siempre manipuladores y huir de los populismos, de cualquier cosa negativa que acabe en ismo. La mente de un niño es sagrada.
6.- Fomentar la cultura de la competición y la colaboración en todo tipo de enseñanzas. El esfuerzo conlleva recompensa, a veces a largo plazo. Los mejores serán premiados y los peores se quedarán fuera de juego y, si quieren volver a entrar tendrán que esforzarse más, o bien, centrarse en otro juego, esto se llama flexibilidad académica. Si tu hijo es malísimo en matemáticas, pero le encanta tocar la guitarra, quizás tengas que ponerle un profesor particular en guitarra y no en mates. Y el sistema ha de aceptar esto. Saquemos lo mejor de cada individuo.
7.- Con 18 años no sabes, salvo que tengas una vocación innata, que es lo que quieres estudiar (yo no lo sabía, pero tuve suerte al elegir). Flexibilicemos los primeros años universitarios y de FP. Las titulaciones no han de ser bloques de cemento. ¿Empiezas Informática y no te gusta? Hagamos pasarelas. Implantemos el 'major' y el 'minor' como en EE. UU. Que una mala decisión no frustre una vida.
En fin, querido estudiante, esto es lo que hay. Quizás seas la excepción a todo lo escrito, ojalá sea así, pero los números me dicen que las probabilidades son inferiores al 10%. En todo caso, no busques la solución en el Estado, ni en los sindicatos, ni en los cantos de sirena de los -ismos, ni en las redes sociales. La solución está en ti. Si tú cambias, el mundo cambia. Y si no quieres cambiar, no te preocupes, te seguiremos engañando, haciéndote creer que lo estás haciendo muy bien".
Daniel Arias Aranda, catedrático del departamento de Organización de Empresas de la Universidad de Granada (UGR)
PEVAU: 1. Identifique las ideas del texto, exponga de forma concisa su organización e indique razonadamente su estructura. (1.5 puntos)
2. Explique la intención comunicativa del autor (0.5 puntos) y comente dos mecanismos de cohesión distintos que refuercen la coherencia textual. (1 punto)
1. 1.Haz un resumen del texto: escribe un único párrafo de entre cinco y ocho líneas que muestre de forma breve pero completa lo que dice el autor del texto. Debe estar redactado en 3ª persona y no utilizar frases textuales.
1.2.Enuncia el tema de este texto utilizando un SN, cuyo núcleo sea un sustantivo abstracto, con tantos CN como sea necesario para acotar la intención del autor.
1.3.- Determina la estructura del texto (señala las partes en que puede dividirse el texto en función de su contenido explicando por qué) y, si puedes, indica qué nombre recibe.
1.4-¿Cuál es la principal intención comunicativa del autor? ¿Qué modalidad textual predomina? ¿Por qué? ¿Hay alguna otra que tenga importancia? Señálalas (puedes dividirlas en secuencias) y explica por qué.
1.5-Teniendo en cuenta lo anterior, señala dos rasgos propios de esa modalidad textual.
1.6. ¿Se trata de un texto adecuado, cohesionado y coherente? Señala al menos dos anáforas y dos catáforas. También puedes indicar la repetición de un contenido retórico sobre el que está construido el texto. Atiende principalmente a la progresión temática, el campo semántico y señala los conectores, el uso de recurrencia semántica (con sinónimos totales o parciales), mecanismos de recurrencia o repetición (mediante hipónimos o hiperónimos) y si hay cohesión gracias a referencias, conjunciones, elipsis o repeticiones.
BONUS: Escribe una carta abierta en respuesta... por ejemplo, como la siguiente.
QUERIDO ESTUDIANTE: QUE NO TE ENGAÑEN, LA UNIVERSIDAD ANTES NO ERA MEJOR
LUIS ÁNGEL HIERRO. Catedrático de Economía Pública de la Universidad de Sevilla
Durante estas Navidades ha estado circulando una entrada de LinkedIn de un colega, el catedrático de la Universidad de Granada Daniel Arias, con el llamativo título Querido alumno universitario de grado: Te estamos engañando. La entrada es un relato nostálgico del profesor Arias que desgrana múltiples motivos de queja con su trabajo docente, deambulando entre la calidad del alumnado, su propio quehacer y la regulación universitaria. Eso sí, centrando su queja en el alumnado, que según él es lo peor de nuestra actual Universidad.
Confieso que la primera vez que me lo enviaron, a comienzos de Navidad, no llegué a terminar su lectura. Me pareció tan absurdo que un profesor se quejase de tener 50 alumnos en su grupo y no 500 que entendí inmediatamente que era un arrebato para el desahogo personal y no le presté más atención.
La entrada en LinkedIn del profesor Arias me siguió llegando por WhatsApp, pero no volví a abrir el enlace. No obstante, ha sido al finalizar la Navidad, cuando una persona que ocupa un cargo importante en la Confederación de Empresarios de Andalucía me lo ha remitido en respuesta a un tuit en el que defiendo la Universidad pública, cuando he vuelto a prestar atención a la entrada del profesor Arias y me he decidido a terminar de leerla y valorarla. Y a ello voy.
Cuando comencé a estudiar, en 1980, ir a la Universidad era un privilegio y en mi Facultad, la de Económicas de Sevilla, había 2 grupos de primero, uno de mañana y otro de tarde (este segundo con muy pocos estudiantes, para quienes trabajaban). Hoy tenemos 20 grupos de primero y estudiar en la Universidad no es un privilegio, es algo normal que hace entorno al 50% de cada cohorte de población, simplemente porque puede y es su derecho. Obviamente, para cualquier capacidad humana que procedamos a valorar, si aumentamos la cantidad de población seleccionada sin extraerla al azar disminuyen las cualidades medias del grupo. Eso es de Perogrullo. Por esa razón, si hacemos el ejercicio de comparar las cualidades medias del 10% mejor de los estudiantes actuales con la media de los que estudiábamos allá por 1980, les aseguro que el alumnado universitario actual no es peor, sino que, por el contrario, es sustancialmente mejor. Tienen el conocimiento de idiomas que no teníamos, capacidades más orientadas a la investigación y al trabajo en grupo y mayores conocimientos generales. Y competitivos son mucho más, porque ya no se consideran élite sino personas normales que tienen que esforzarse para conseguir sus metas.
Por otro lado, es cierto que en este momento los/as estudiantes acuden con el ordenador a clase (cuando yo estudiaba desgraciadamente solo había un ordenador en toda la Facultad y no existía Internet) y ciertamente alguno/a que otro/a se distrae en algún momento, pero debemos tener en cuenta que para ellos/as la tablet o el ordenador son su herramienta de trabajo. Los/as estudiantes universitarios actuales han crecido pegados a una pantalla conectada a internet y es su modus vivendi. ¿De verdad se quiere que los/as estudiantes vuelvan al bolígrafo y papel? ¿De verdad se piensa que eso sería mejor para ellos/as? ¿En el mundo actual? Les cuento una anécdota. Este año he tenido una lucha encarnizada con mis estudiantes para conseguir que cuando vayan a realizar una presentación en clase lleven una copia del archivo en un pendrive, además de dejarla almacenada en la "nube", por si internet o la conexión no funciona. La disputa ha sido titánica, imagínense volver al papel. El profesor Arias y los que piensan como él deberían comprender que el estado de la tecnología de cada momento determina el comportamiento humano. Por cierto, me permito una pregunta directa a mi colega que estudió con bolígrafo y papel: ¿Utiliza él presentaciones para impartir sus clases? Yo no, yo tiza y pizarra, como mis compañeros que enseñan Matemáticas. Somos los últimos de Filipinas, pero a pesar de ello entiendo que los/as estudiantes lleven ordenador a clase y que la mayoría de los/ profesores/as, que son más jóvenes, utilicen las presentaciones.
Se queja también mi colega del tamaño de los grupos. Eso es simplemente un absurdo docente. Añorar tener 300 estudiantes en clase es como añorar viajar en calesa desde Granada a Madrid en lugar de en AVE. Mi queja es la contraria a la del profesor Arias, doy la misma asignatura en dos grupos, uno del grado de Economía y otro del doble grado de Derecho y Economía. En el primero tengo 70 estudiantes y, en el segundo, menos de la mitad y por eso no puedo usar en el primero la metodología docente de aprendizaje basado en proyectos que en el segundo me permite eliminar el sistema tradicional de lección magistral y examen escrito. En este segundo grupo, desde mi punto de vista ideal en tamaño, no más de 30 estudiantes, los/las estudiantes elaboran y presentan trabajos que convenientemente, antes de evaluar, someto a una herramienta informática antiplagio que los disuade de copiar contenidos. Esto último lo digo como consejo.
Dada la limitación de espacio, solo señalaré otro par de cuestiones en respuesta a mi colega. La primera, sobre algo que me duele personalmente, ya que llevo dedicados más de 42 años a la Universidad pública, y es que siempre hay quien desde dentro echa tierra en el propio tejado. Decir «si quieren calidad, que se vayan a la privada» implica una falsedad indigna de ser pronunciada por un profesor. Los que tanto critican la calidad de la Universidad pública española podrían repasar el índice más popular de esos que tanto gustan a los liberales, el índice de Shanghái, y verán que entre las mil "mejores" universidades del mundo, hay 40 españolas y de ellas sólo hay una privada, la de Navarra. Repito: Una. O sea, que cuando los/as estudiantes españoles/as busquen calidad mejor que no hagan caso a los que les "engañan" y que la busquen en las universidades públicas, que es donde está la calidad universitaria en España.
Y la segunda es una breve licencia que espero no me critiquen mis colegas de psicología y filología. Los/as españoles/as somos muy propensos a proyectar psicológicamente sobre terceros o sobre el país nuestras vacilaciones existenciales, por eso entiendo que haya compañeros/as que cuando se ven asaltados/as por las dudas sobre su propio papel en la docencia las trasladen a otros. Para esos momentos les recomiendo que no caigan en depresión acusatoria, que se miren a sí mismos y que como sanación se reencuentren con la realidad de que el tiempo pasa para todos y por eso cualquier tiempo pasado fue mejor, como ya nos cantó Jorge Manrique hace más de cinco siglos:
"Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte contemplando cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando, cuán presto se va el placer, cómo, después de acordado, da dolor; cómo, a nuestro parecer, cualquiera tiempo pasado fue mejor"