El primer caso de vampirismo histórico documentado aparece en Inglaterra, y tiene lugar desde 1085 hasta 1094, siendo conocido comoEl caso del Diablo de Drakelow, que dio lugar al mito de los cadáveres ambulantes, y posteriormente a una infinidad de casos de vampirismo documentados en toda Europa. El primer vampiro literario europeo también es inglés, y se trata de Grendel, el llamado Vampiro de las profundidades, en obras de consulta posteriores, que aparece en el poema épico Beowulf, escrito en el siglo XI. Y aunque no se hace referencia a él como vampiro, ya que el término no aparecerá hasta siglos después, en el poema se le describe como “una sanguijuela que se ha alimentado de la sangre ajena”.A continuación te presentamos algunos ejemplos para que observes la evolución de la figura del vampiro en la literatura.
Ya en el siglo XIX, los vampiros se convierten en una figura recurrente dentro de la literatura gótica, en todas sus formas. Se trata de vampiros siempre vistos y descritos por unatercera persona, que aterran tanto con su presencia como con su ausencia. (…)La obra clave sobre los vampiros se escribe en esta época, y se trata de Drácula, de Bram Stoker, publicada en 1897. (…)Desde entonces, proliferan las novelas sobre vampiros, pero no es hasta 1976, cuando Anne Rice publica Entrevista con el Vampiro, la primera novela de su saga Crónicas Vampíricas. (…)
Pero antes, sobre la tierra, como vampiro enviado,
tu cadáver del sepulcro será exiliado;
entonces, lívido, vagarás por el que fuera tu hogar,
y la sangre de los tuyos has de arrancar;
allí, de tu hija, hermana y esposa,
a media noche, la fuente de la vida secarás;
Aunque abomines aquel banquete, debes, forzosamente,
nutrir tu lívido cadáver andante,
tus víctimas, antes de expirar,
en el demonio a su señor verán;
maldiciéndote, maldiciéndose,
tus flores marchitándose están en el tallo.
Pero una que por tu crimen debe caer,
la más joven, entre todas, la más amada,
llamándote padre, te bendecirá:
¡esta palabra envolverá en llamas tu corazón!
Pero debes concluir tu obra y observar
en sus mejillas el último color;
de sus ojos el destello final,
y su vidriosa mirada debes ver
helarse sobre el azul sin vida;
con impías manos desharás luego
las trenzas de su dorado cabello,
que fueron bucles por ti acariciados
y con promesas de tierno amor despeinados;
¡pero ahora tú lo arrebatas,
monumento a tu agonía!
Con tu propia y mejor sangre chorrearán
tus rechinantes dientes y macilentos labios;
luego, a tu lóbrega tumba caminarás;
ve, y con demonios y espíritus delira,
hasta que de horror estremecidos, huyan
de un espectro más abominable que ellos.
(Lord Byron)



Me quedaba estupefacto en esas ocasiones; su mente era imprevisible, desconocida. Pero luego se sentaba en mis rodillas y me acariciaba el pelo suavemente, susurrándome al oído que yo nunca iba a crecer como ella, hasta que supiera que matar era lo más serio del mundo, no los libros ni la música...
-Siempre la música...-me susurraba.
-Muñeca, muñeca-le decía yo.
“Pues eso era lo que era. Una muñeca mágica. La risa y el intelecto infinito y luego la cara de redondas mejillas, la boca como una flor.
-Déjame que te vista, deja que te peine-le decía como una vieja costumbre, consciente de su sonrisa y de que me miraba con un velo de aburrimiento en su expresión.
-Haz lo que quieras-me decía al oído cuando me agachaba a prenderle sus botones de perlas-. Pero esta noche mata conmigo. Nunca me has dejado verte matar, Louis.
(Fragmento de Entrevista con el vampiro, Anne Rice)
RUMBO A LONDRES, EL CONDE DRÁCULA RESUCITA UN PASADO SENTIMENTAL
Hasta aquí, amor. aquí. Fauce abisal
de mi propio deseo, encadenado
y libre como el ancla entre sus limos.
Aquí, ferviente explorador de gozos.
No temas, cuerpo mío, arquitectura
sumergida, ciudad imaginada.
Gusta breve solaz, toca su lumbre,
admira su contorno, prevalece.
Tiniebla en la tiniebla, pez de sombra,
no hay heraldo que horade tu silencio
con dulce, memorable, dulce canto.
No hay heraldo. Detente, alado brillo
del sueño, resplandor de los cobardes.
Oscura vida, ven, y tus panoplias
de soledad nocturna, tus escudos
heráldicos, tu faz de terciopelo,
cristal anochecido del abandono.
Ven, oh tú, palpitante enredadera
de destrucción y plenitud, oh vida.
Y no la selva familiar, ni el húmedo
contacto de tu quilla con la proa
del mar, no el espolón entre los senos
me ofrezcas, artificio o salvación
final, sí deslizante carabela,
submarino solar y travesía
nostálgica y feliz, hermosa y triste,
lejos de Transilvania, de los ojos
tan suaves, del cabello, de las manos
que tanto amé y se han ido para siempre.
(Luis Alberto de Cuenca).






































