VIETNANES DE MI ALMA
No me juzguéis con excesiva dureza.
Brian Jones
Hola, chicos de mi vida,
vietnanes de mi alma.
No debería escribiros…
…y sin embargo no puedo
dejar de hacerlo aunque
sea tarde y mal, como
un trabajo de última hora
ya sobre la bocina del trimestre.
No pretendo creerme referente
pues tenéis muchos mejores,
más famosos, más guapos, tatuados…
… pero sé que os he decepcionado.
Que mi cagada es tan grave
que enturbia todo, incluso
los bonitos recuerdos
que habíamos construido en equipo.
Os reconozco que yo mismo
no sé si sería capaz
de perdonar a algún hijo de perra
que hiciera daño a “La Tícher”…
…pero espero que la nube sucia
que todito lo enturbia y enmaraña
acabe pasando, que se aclare
la verdad y que nos queden las risas,
que las hubo, las gominolas,
las complicidades y las coñas.
Yo voy a quedarme con todo eso.
Os lo advierto. En parte
porque lo necesito para
salir del pozo que he cavado,
yo solito sin ayuda de nadie,
a tres metros sobre el infierno.
Solo os pido que, por una vez,
seáis vosotros los que no tengáis
demasiado en cuenta las faltas.
Aprobadme en vuestra memoria,
aunque sea por pena. Pero,
sobre todo, no dejéis que nadie
y menos un imbécil egocéntrico,
un niñato inmaduro que no mide
la consecuencia de sus actos,
os robe ni un segundo de la dicha
de vuestros mejores años.
Porque lo pasamos bien y aprendimos
y todos, menos yo, mejorasteis
como personas. Confío en haber pillado
al fin la lección para la repesca,
confío en las chuletas, la memoria
y la bondad de los correctores
o las estampitas de la Virgen.
Si finalmente paso el curso
de la deshonra, espero
encontraros algún día al otro lado,
más guapos, más mayores, más sabios.
Y, si no, solo me queda despedirme:
gracias por tanto y perdón por tan poco,
chicos de mi vida,
vietnanes de mi alma.
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