martes, 19 de enero de 2021

La poesía mística: "segundo es ch*ng*rte, lo primero es Dios".










La poesía mística es un tipo de poesía religiosa que busca, acercarse a la divinidad.
En el mejor de los casos el encuentro con Dios (éxtasis místico) o, al menos, el consuelo que produce el acercamiento a algún tipo de divinidad (iluminaciones). 

Si tampoco lo consigue, se conforma con la tranquilidad que aporta alejarse de lo frívolo y vacío de la vida terrenal (es decir, las preocupaciones por el sexo, el dinero, la fama, el éxito...). 

Aunque existe desde siempre, se desarrolla como movimento a partir del Renacimiento.


 Como bien sabes, el Renacimiento, entre otras cosas, se caracteriza por el OPTIMISMO y el NEOPLATONISMO o, lo que es lo mismo, la confianza de alcanzar la Verdad mediante la Belleza o el Amor (el Barroco, caracterizado por el pesimismo, parte del desengaño al consdierar que esa búsqueda ha sido un fracaso).

Muchos poetas buscan esa Verdad en el "Locus amoenus" o en el "amor cortés".
Los poetas religiosos la buscan en el Amor a Dios.











Evidentemente, la poesía mística en el Renacimiento español está asociada a la única religión legal entonces. Y, las influencias de esta religión (y de esta corriente poética) ha provocado que encontremos muchos ejemplos de religiosidad en la poesía o en la música popular.



Sin embargo, la mística, como decíamos al principio consiste en narrar el periplo por parte del yo poético en busca de la Verdad y la Comunión con algún tipo de divinidad. Como veremos, muchas veces esa espiritualidad se busca en otras religiones, como sucederá con el budismo o la mística india:



MIRA BAI ( poeta mística de la India)
Mira Bai, una princesa india, nació a finales del siglo XV y dedicó su vida a amar al Dios Krishna a quien dedicó su poesía. La casaron a los doce años pero ella sólo amó a Krishna Como la familia de su esposo no estaba de acuerdo con su comportamiento, intentó asesinarla varias veces. Ella sobrevivió milagrosamente a una culebra venenosa, una bebida envenenada y un intento de ahogarla. Se dice que al final de su vida se fundió con el dios Krishna. Sólo quedó de ella su sari sobre la estatua del dios.
Ven a mi casa, Señor del universo:
la agonía de la separación me consume.
Ven y sacia este fuego interno.
Toda la noche voy errando con mis desdichas:
el sueño y el hambre me han olvidado.
Solo esta alma pecadora sobrevive.
Trae la primavera a este apenado corazón.
(Mira Bai)

(Visión Libros; versión de José Ignacio Guerra Tobalina.)



LAS TRES VÍAS MÍSTICAS



Como hemos explicado, normalmente la poesía mística describe un intento de acercarse a algún tipo de divinididad que otorgue consuelo ante la desesperación de la vida terrenal.

Para eso, muchos religiosos o autores místicos, consideran necesario un paso previo: Es  lo que se conoce como la Vía Purgativa.

 

LA VÍA PURGATIVA consiste en purgarse de lo nocivo (es decir, la ambición por el lujo, la fama, el amor terrenal o el deseo sexual). 
Esto puede procurar algún consuelo y un moderado acercamiento a Dios. , es propia de los ascetas (filósofos, religiosos o ciudadanos que prefieren una vida tranquila y sin lujos). Como ves, se encuentra cercano a la idea de "beatus ille".

Por encima de la Vía Purgativa se encuentra la Vía Iluminativa. En ella el místico cree alcanzar algún tipo de respuesta o señal divina que le procura más gozo o consuelo (aunque también, a menudo, más dolor y frustración -"contri más subas, mayor es la caída...").

Finalmente, la Vía Unitiva consigue alcanzar la unión mística con Dios y, con ella, el éxtasis.





Cántico espiritual: Canciones entre el alma y el esposo

Esposa:
¿Adónde te escondiste,
amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti, clamando, y eras ido.                

Pastores, los que fuerdes
allá, por las majadas, al otero,
si por ventura vierdes
aquél que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.            

Buscando mis amores,
iré por esos montes y riberas;
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.                  

(Pregunta a las Criaturas)
¡Oh bosques y espesuras,
plantadas por la mano del amado!
¡Oh prado de verduras,
de flores esmaltado,
decid si por vosotros ha pasado!                

(Respuesta de las Criaturas)
Mil gracias derramando,
pasó por estos sotos con presura,
y yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejó de hermosura.                  

Esposa:
¡Ay, quién podrá sanarme!
Acaba de entregarte ya de vero;
no quieras enviarme
de hoy más ya mensajero,
que no saben decirme lo que quiero.            

Y todos cantos vagan,
de ti me van mil gracias refiriendo.
Y todos más me llagan,
y déjame muriendo
un no sé qué que quedan balbuciendo.          

Mas ¿cómo perseveras,
oh vida, no viviendo donde vives,
y haciendo, porque mueras,
las flechas que recibes,
de lo que del amado en ti concibes?            

¿Por qué, pues has llagado
aqueste corazón, no le sanaste?
Y pues me le has robado,
¿por qué así le dejaste,
y no tomas el robo que robaste?                  

Apaga mis enojos,
pues que ninguno basta a deshacellos,
y véante mis ojos,
pues eres lumbre dellos,
y sólo para ti quiero tenellos.(50)

¡Oh cristalina fuente,
si en esos tus semblantes plateados,
formases de repente
los ojos deseados,
que tengo en mis entrañas dibujados!          

¡Apártalos, amado,
que voy de vuelo!


Ya toda me entregué y di... (Santa Teresa de Jesús)

Ya toda me entregué y di,
y de tal suerte he trocado,
que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.
 
Cuando el dulce Cazador
me tiró y dejó herida,
en los brazos del amor
mi alma quedó rendida;
y, cobrando nueva vida,
de tal manera he trocado,
que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.
 
Hirióme con una flecha
enherbolada de amor,
y mi alma quedó hecha
una con su Criador;
Ya yo no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
y mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.

"Vivo sin vivir en mí"

(Santa Teresa de Jesús -también conocida como Santa Teresa de Ávila.)

Vivo sin vivir en mí
y tan alta vida espero
que muero porque no muero.
 
Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor,
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí;
cuando el corazón le di
puso en mí este letrero:
«Que muero porque no muero».
 
Esta divina unión,
y el amor con que yo vivo,
hace a mi Dios mi cautivo
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a mi Dios prisionero,
que muero porque no muero.
 
¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel y estos hierros
en que está el alma metida!
Sólo esperar la salida
me causa un dolor tan fiero,
que muero porque no muero.
 
Acaba ya de dejarme,
vida, no me seas molesta;
porque muriendo, ¿qué resta,
sino vivir y gozarme?
No dejes de consolarme,
muerte, que ansí te requiero:
que muero porque no muero.  

Ayes del destierro (Santa Teresa de Ávila)

¡Cuán triste es, Dios mío,
la vida sin ti!
Ansiosa de verte,
deseo morir.

Carrera muy larga
es la de este suelo,
morada penosa,
muy duro destierro.
¡Oh sueño adorado!
sácame de aquí!
Ansiosa de verte,
deseo morir.

Lúgubre es la vida,
amarga en extremo;
que no vive el alma
que está de ti lejos.
¡Oh dulce bien mío,
que soy infeliz!
Ansiosa de verte,
deseo morir.

¡Oh muerte benigna,
socorre mis penas!
Tus golpes son dulces,
que el alma libertan.
¡Qué dicha, oh mi Amado,
estar junto a Ti!
Ansiosa de verte,
deseo morir.

El amor mundano
apega a esta vida;
el amor divino
por la otra suspira.
Sin ti, Dios eterno,
¿quién puede vivir?
Ansiosa de verte,
deseo morir.

La vida terrena
es continuo duelo:
vida verdadera
la hay sólo en el cielo.
Permite, Dios mío,
que viva yo allí.
Ansiosa de verte,
deseo morir.

¿Quién es el que teme
la muerte del cuerpo,
si con ella logra
un placer inmenso?
¡Oh! sí, el de amarte,
Dios mío, sin fin.
Ansiosa de verte,
deseo morir.

Mi alma afligida
gime y desfallece.
¡Ay! ¿quién de su amado
puede estar ausente?
Acabe ya, acabe
aqueste sufrir.
Ansiosa de verte,
deseo morir.

El barbo cogido
en doloso anzuelo
encuentra en la muerte
el fin del tormento.
¡Ay!, también yo sufro,
bien mío, sin ti,
Ansiosa de verte,
deseo morir.

En vano mi alma
te busca oh mi dueño;
Tú, siempre invisible,
no alivias su anhelo.
¡Ay! esto la inflama,
hasta prorrumpir:
Ansiosa de verte,
deseo morir.

¡Ay!, cuando te dignas
Entrar en mi pecho,
Dios mío, al instante
el perderte temo.
Tal pena me aflige
y me hace decir:
Ansiosa de verte,
deseo morir.

Haz, Señor, que acabe
tan larga agonía;
socorre a tu sierva
que por ti suspira.
Rompe aquestos hierros
y sea feliz.
Ansiosa de verte,
deseo morir.

Mas no, dueño amado,
que es justo padezca;
que expíe mis yerros,
mis culpas inmensas.
¡Ay!, logren mis lágrimas
te dignes oír:
Ansiosa de verte,
deseo morir.



"Nada te turbe" (Santa Teresa de Ávila)

Nada te turbe,
Nada te espante,
Todo se pasa,
Dios no se muda.
La paciencia
Todo lo alcanza;
Quien a Dios tiene
Nada le falta:
Sólo Dios basta.
Eleva el pensamiento,
Al cielo sube,
Por nada te acongojes,
Nada te turbe.
A Jesucristo sigue
Con pecho grande,
Y, venga lo que venga,
Nada te espante.
¿Ves la gloria del mundo
Es gloria vana;
Nada tiene de estable,
Todo se pasa.
Aspira a lo celeste,
Que siempre dura;
Fiel y rico en promesas,
Dios no se muda.
Ámala cual merece
Bondad inmensa;
Pero no hay amor fino
Sin la paciencia.
Confianza y fe viva
Mantenga el alma,
Que quien cree y espera
Todo lo alcanza.
Del infierno acosado
Aunque se viere,
Burlará sus furores
Quien a Dios tiene.
Vénganle desamparos,
Cruces, desgracias;
Siendo Dios su tesoro,
Nada le falta.
Id, pues, bienes del mundo;
Id, dichas vanas;
Aunque todo lo pierda,
Sólo Dios basta.




Por supuesto, el diálogo con Dios no siempre tiene que procurar consuelo sino que puede desembocar en desesperación o rabia:




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