miércoles, 6 de diciembre de 2017

Cantares de gesta y romances

Ya hemos explicado los cantares de gesta, poemas narrativos protagonizados por un héroe.


Como bien sabes, están escritos en tiradas épicas, es decir:

versos de 16 sílabas (con errores) que riman todos en asonante.

"Escuchadnos bien, esposas,   doña Elvira y doña Sol:
vais a ser escarnecidas            en estos montes las dos,
nos marcharemos dejándoos    aquí a vosotras, y no
tendréis parte en nuestras        tierras del condado de Carrión.
Luego con estas noticias          irán al Campeador
y quedaremos vengados            por aquello del león."
Allí los mantos y pieles             les quitaron a las dos,
sólo camisa y brial                    sobre el cuerpo les quedó.
Espuelas llevan calzadas           los traidores de Carrión,
cogen en las manos cinchas       que fuertes y duras son.
Cuando esto vieron las damas    así hablaba doña Sol:
"Vos, don Diego y don Fernando, os lo rogamos por Dios,
sendas espadas tenéis                  de buen filo tajador,
de nombre las dos espadas,         Colada y Tizona, son.
Cortadnos ya las cabezas,           seamos mártires las dos,
así moros y cristianos                 siempre hablarán de esta acción,
que esto que hacéis con nosotras no lo merecemos, no.
No hagáis esta mala hazaña,         por Cristo nuestro Señor,
si nos ultrajáis caerá                     la vergüenza sobre vos,
y en juicio o en corte                     han de pediros la razón."
Las damas mucho rogaron,           mas de nada les sirvió (...)

Hablemos ahora de este             que en tan buenhora nació.
¡Qué grandes eran los gozos      en Valencia la mayor,
por honrados que quedaron        los tres del Campeador!
La barba se acariciaba                don Rodrigo, su señor:
"Gracias al rey de los cielos        mis hijas vengadas son,
ya están limpias de la afrenta      esas tierras de Carrión.
Casaré, pese a quien pese,         ya sin vergüenza a las dos".
Ya comenzaron los tratos            con Navarra y Aragón,
y todos tuvieron junta                  con Alfonso, el de León.
Sus casamientos hicieron            doña Elvira y doña Sol,
los primeros fueron grandes        pero éstos son aún mejor,
y a mayor honra se casan            que con esos de Carrión.
Ved cómo crece en honores        el que en buenhora nació,
que son sus hijas señoras            de Navarra y Aragón.
Esos dos reyes de España           ya parientes suyos son,
y a todos les toca honra                por el Cid Campeador.
Pasó de este mundo el Cid,          el que a Valencia ganó:
en días de Pascua ha muerto,     Cristo le dé su perdón.
También perdone a nosotros,       al justo y al pecador.
Éstas fueron las hazañas             de Mío Cid Campeador:
en llegando a este lugar                se ha acabado esta canción. (FIN)


Lógicamente, de ellos se deriva la estrofa lírica más importante de la poesía popular, el romance.


Es decir: tirada o número indeterminado de versos octosílabos cuyos versos pares riman en asonante mientras quedan los impares libres.

Como decimos, ha sido la estrofa más usada en la lírica popular, aunque también muchos autores cultos han realizado sus propios romances, como en el caso de Federico García Lorca y su Romance de la Guardia Civil española:



Los caballos negros son.
Las herraduras son negras.
Sobre las capas relucen
manchas de tinta y de cera.

Tienen, por eso no lloran,
de plomo las calaveras.
Con el alma de charol
vienen por la carretera.

¡Oh ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Ciudad de dolor y almizcle
con las torres de canela.
¡Oh ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Apaga tus verdes luces
que viene la benemérita.

La ciudad, libre de miedo,
multiplicaba sus puertas.
Cuarenta guardias civiles
entran a saco por ellas.

Los relojes se pararon
y el coñac de las botellas
se disfrazó de noviembre
para no infundir sospechas.

Por las calles de penumbra,
huyen las gitanas viejas
con los caballos dormidos
y las orzas de monedas.

Por las calles empinadas
suben las capas siniestras,
dejando detrás, fugaces,
remolinos de tijeras.

¡Oh ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Dejadla lejos del mar
sin peines para sus crenchas.

¡Oh ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Que te busquen en mi frente.
Juego de luna y arena.

Rosa la de los Camborios,
gime sentada en su puerta
con sus dos pechos cortados
puestos en una bandeja.

Pero la Guardia Civil
avanza sembrando hogueras,
donde joven y desnuda
la imaginación se quema.

¡Oh ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Que te busquen en mi frente.
Juego de luna y arena.

¡Oh ciudad de los gitanos!
La Guardia Civil se aleja
por un túnel de silencio
mientras las llamas te cercan.

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