martes, 6 de enero de 2026

LOS CHÁNDALS DE MADURO Y CHENOA



El día de Nochevieja vi antes que ustedes a Chenoa embutida en el maravilloso vestido de lentejuelas blancas con el que recibiría 2026. Me tocó darle al botón de publicar un artículo en el que se glosaba su exquisito estilismo mientras caía el carrillón de la Puerta del Sol. Aún pensábamos a esas horas que tal veleidad inofensiva podía ser una de las noticias que más clics atraería en los primeros días del año. Qué alegría me dio verla tan guapa. Laura Corradini es una tipa trabajadora, hecha a sí misma, valiente y risueña que sabe transmitir alegría pero no predica ese optimismo ridículo motivacional de los self-made men con papás ricos. Ella no neutraliza su desgracia ni ve recipientes llenos donde solo hay orinales herrumbrosos. Tanto es así que una vez fue capaz de bajar a su portal mucho menos elegante que el pasado 31, vestida con un chándal gris jaspeado ligeramente patético, justo después de que le rompiese el corazón un rey del villancico. Sin disimulo dijo: “No lo estoy pasando bien”. Con el vestido de lentejuelas por fin se hizo justicia.


Hay algo profundamente dramático y a la vez deshonroso en aparecer ante las cámaras con un chándal de andar por casa: es el estadio anterior al culo al aire que se ve a los viejitos en los hospitales. Esa prenda emana el olor a rancio de una noche de mocos y flemas. No es casual, pues, que Estados Unidos nos mostrara como prueba de vida de Nicolás Maduro una foto tras su “captura” (las comillas son para los escépticos) en la que va vestido con un chándal gris jaspeado muy parecido al de Chenoa.

Al final la noticia con más clics de los primeros días de enero está siendo otra (megalómano secuestra a sátrapa) y millones de personas, algunas razonablemente liberadas, otras llenas de un optimismo negacionista, se empeñan en escuchar fuegos artificiales donde hay bombas, ver justicia donde hay fuerza bruta y leer buenos augurios donde hay hechos muy inquietantes. Uno de ellos es que las ventas del chándal gris de Maduro se han disparado.

RAQUEL PELÁEZ. 06/01/2026. EL PAÍS







EL CHÁNDAL DE MADURO

La foto lo tenía todo para convertirse en meme: un encuadre pésimo, mala definición, un objeto de consumo reconocible y un protagonista en un gesto extraño. “Nicolás Maduro a bordo del USS Iwo Jima”, escribió Donald Trump al compartirla el pasado sábado en su canal de comunicación, la red Truth Social. La instantánea que daría la vuelta al mundo en cuestión de segundos confirmaba gráficamente la captura del líder venezolano. Una imagen histórica para nada inocente.



Vestido con un chándal gris de la marca deportiva Nike, Maduro aparece de pie, inmovilizado por unas esposas y sin la posibilidad de ver ni oír por la imposición de un antifaz y canceladores de sonido. Esa pose vulnerable y desvalida del líder venezolano buscaba el mismo efecto que las instantáneas virales de otros líderes apresados en tiempos de internet. Hombres caídos, hombres débiles: hombres despojados de todo poder.

La de Maduro recuerda a la captura de Sadam Husein en 2003, despeinado y con la barba llena de tierra, tirado en el suelo y exhibido como un trofeo de caza por los soldados estadounidenses en una foto amateur y mal encuadrada. O las instantáneas pixeladas y sangrientas que distribuyó Reuters de los tres guardaespaldas de Osama Bin Laden asesinados en mayo de 2011 durante su la operación militar en su casa de Abbottabad (Pakistán). Esas serían las únicas imágenes disponibles de aquella intervención porque Obama se negó a usar la foto del líder de Al Qaeda muerto como propaganda política: “No se trata de algo que haya que celebrar como si hubiéramos metido un gol; no somos así”, dijo el entonces presidente sobre por qué la Casa Blanca no iba a hacer públicas las fotos de la muerte del líder de Al Qaeda.

En 2025 el mundo habrá normalizado el uso de chándal y la ropa deportiva en su día a día, pero la foto de Maduro esposado es pura ideología en la semántica masculinista y reaccionaria del poder trumpista, lista para ser replicada hasta el infinito. Una imagen para simbolizar aquella infame cita que popularizó Karl Lagerfeld: “Has perdido el control de tu vida, así que te has comprado un chándal”.

En cuestión de horas, ese conjunto deportivo reconocible por su logo se ha convertido en noticia y material satírico reproducido hasta la náusea. Desde la IA mostrando a actores famosos vistiéndolo a webs rascando algo de tráfico con titulares como Dónde comprar el chándal que vestía Nicolás Maduro cuando fue detenido: materiales sostenibles y un alto precio (El Heraldo), De Venezuela a LaLiga: el chándal viral de Maduro es el mismo que el del RCD Mallorca (Marca) o Nike agota el chándal que llevaba Maduro durante su captura: “Ya tengo mi disfraz de Halloween” (20 minutos). En Instagram, la editorial argentina Caja Negra interpretaba el absurdo furor por el chándal recurriendo a una cita de uno de los autores de su catálogo, Guy Debord: “El movimiento de banalización que, bajo las diversiones coloridas del espectáculo, domina mundialmente la sociedad moderna también domina en cada uno de los puntos donde el consumo desarrollado de las mercancías multiplicó en apariencia los roles y los objetos que pueden escogerse. El espectáculo es una guerra del opio permanente para hacer que se acepte la identificación de los bienes con las mercancías. El valor de cambio termina por hacer la guerra por su propia cuenta”.

En el ensayo En defensa de la imagen pobre, la videoartista, profesora y teórica Hito Steyerl reflexionó sobre por qué las imágenes de estética burda, las “imágenes pobres”, funcionan tan bien en los regímenes de producción y circulación de las imágenes digitales. Nada gusta más a internet que una imagen descuidada para reproducirla y despedazarla hasta el infinito. Así que tiene lógica que, en tiempos de guerra, donde reina el desorden y el descontexto, la propaganda se suministre con imágenes pobres. Y con un chándal disponible (cuando deje de estar agotado) en tienda física y online por unos 200 euros.

NOELIA RAMÍREZ. 06/01/2026. EL PAÍS




LOS PADRES NOS MIENTEN (J.J. Millás) + CUANDO NADIE NOS ESPERA EN CASA POR NAVIDAD (Laura Ferrero)


LOS PADRES NOS MIENTEN

Mi hermano mayor me despertó a medianoche para revelarme el siguiente secreto:
—Dentro de poco te dirán que los Reyes Magos son los padres. Se lo dicen a todo el mundo al cumplir tu edad. No te lo creas. Los Reyes existen, pero como los mayores no saben el modo de explicar su existencia, dicen eso, que son los padres.
Mi hermano dormía en la cama de al lado. Nuestra relación no era ni buena ni mala, así que a veces nos llevábamos bien y a veces mal. Pero éramos cómplices de muchas cosas. Fumamos el primer cigarrillo juntos; hurtamos juntos también las primeras monedas del bolsillo de la chaqueta de mi padre; él me hacía los deberes de matemáticas y yo los de lengua… Dependíamos el uno del otro, en fin, en demasiadas cosas. Como decía aquél, dos que han robado caballos juntos están condenados a protegerse. La protección pasaba por hacernos este tipo de confidencias sobre las verdades básicas de la vida. Si los Reyes existían y él lo había averiguado, era mejor que yo lo supiera, por duro que resultara para mí.
Lo cierto es que yo ya había oído en el colegio rumores acerca de que Melchor, Gaspar y Baltasar eran los padres. Pero no les había prestado atención. Lo que no podía imaginarme era que los rumores procedieran de los adultos. Si ya les tenía poco respecto, lo perdieron del todo tras la revelación de mi hermano mayor.
En efecto, ese mismo año, cuando nos dieron las vacaciones de Navidad, mi madre me llamó un día y empezó a preguntarme qué pensaba yo de los Reyes Magos. Le dije que les tenía en gran consideración (no de este modo, claro, no era un niño cursi), aunque no siempre me trajeran lo que les pedía, pues me hacía cargo de que había en el mundo muchos niños y que no podían complacer a todos. Mamá se quedó desconcertada, ya que lo normal, cuando a un chico se le quita la venda de los ojos en este asunto, es que el chico esté ya al cabo de la calle. Creo que estuvo a punto de desistir, pero finalmente tomó aire y me dijo que los Reyes Magos eran los padres.
—Se trata —añadió— de una mentira que mantenemos durante la infancia, porque la infancia es una época de ilusiones fantásticas, pero tú ya no tienes edad para creer en los Reyes. A tu hermano se lo dijimos también cuando cumplió tus años.
Mi hermano me había aconsejado que cuando me contaran la mentira de que los Reyes eran los padres, fingiera que me lo creía, pues de lo contrario les parecería un chico raro y me llevarían al psicólogo.
—Yo —añadió— también lo fingí. Como comprenderás, si ellos se quedan más tranquilos así, tampoco cuesta tanto darles gusto.
 
Hice, pues, como que me lo creía y me fui a mi cuarto a escribir la carta a los Reyes, una carta, por primera vez, clandestina. Ese año, habida cuenta de que ya era un chico mayor y que me hacía cargo de la situación mundial, que era un desastre, les pedí cosas más razonables que en otras ocasiones. Mi hermano puso mi carta en el mismo sobre que la suya y se encargó de echarlas al correo. Curiosamente, ése fue el primer año que me trajeron todo lo que les pedí.
 
Al regresar de vacaciones de Navidad al colegio, comprobé que a todos los de mi clase les habían dicho que los Reyes eran los padres, y todos se lo habían creído. Estuve a punto de sacarles de su error, pero mi hermano también me había dicho que ni se me ocurriera, porque me tomarían por loco. La conspiración para eliminar esa creencia de la cabeza de los chicos era prácticamente universal y resultaba ingenuo tratar de enfrentarse a ella, pesa a las numerosas pruebas existentes, repartidas entre la Biblia, la Historia Sagrada y los propios hechos, pues lo cierto es que aun después de dejar de creer en los Reyes la gente continuaba recibiendo regalos.
Tuve la suerte, en fin, de mantener esa ilusión durante mucho más tiempo que mis compañeros. Si he de ser sincero, no recuerdo exactamente la edad en la que dejé de creer en los Reyes Magos, quizá cuando falleció mi hermano y en su funeral recordé esta historia fantástica que no sé cómo se le pudo ocurrir. Aunque también es cierto que una vez instalado en el mundo de los adultos comprobé que mentían tanto y de manera tan gratuita, que no sería raro que mi hermano llevara razón y que también hubieran mentido en esto. Este año, como todos desde aquella época, les escribí una carta clandestina (en mi casa ya no creen en los Reyes ni mis hijos) y me han traído de nuevo todo lo que les pedí.
 
JUAN JOSÉ MILLÁS. 
Los objetos nos llaman. 
Seix Barral




1-Tipo de texto, género y subgénero.

2-Haz un resumen del texto con tus palabras.

3-Sintetiza el tema o idea principal en una sola frase. ¿Contiene alguna enseñanza o moraleja? ¿Cuál dirías que es?

4-Tipo de estructura.

5-Tipo de narrador.

6-PLAGIO CREATIVO:

Microrrelato apócrifo
Estaba decidido a atrapar a los Reyes Magos, así que, en un descuido de mis padres, envenené los vasos de leche y coñac que habíamos dejado junto al árbol. Sin embargo, debían ser magos de verdad porque, no sé cómo, se dieron cuenta y, en venganza, mataron a mis padres y nunca me han vuelto a traer regalos.


CUANDO NADIE NOS ESPERA EN CASA POR NAVIDAD

En la calle Aragó, en Barcelona, las luces navideñas no son exactamente luces navideñas. Se trata de rótulos suspendidos a lo largo de la vía, colgados transversalmente de un lado a otro de la calle. No remiten a imágenes ni símbolos concretos. Ni rastro de relucientes bolas, de espumillón o de copos de nieve en esta ciudad donde nunca nieva: son frases hechas de luz. Cada una de ellas ocupa un tramo completo de la calle, a cierta altura sobre el tráfico y los peatones. De día, las estructuras metálicas se intuyen; de noche, desaparecen. Entonces las frases parecen sostenerse solas, como si la calle hablara en voz alta. Y las frases dicen así: vens per Nadal?; busca el caganer; més escudella;i demà, canelons; quants serem; qui porta el cava; a dormir d’hora.

Saber si vendrás por Navidad, preguntar por los planes de Fin de Año, salivar anticipándose a los canelones de Sant Esteve, decidir quién trae el cava o recordar a los niños que se vayan a dormir temprano porque los Reyes Magos ya están de camino: cada uno de esos mensajes se refiere a un momento o a una tradición concreta de las fiestas. Son originales. Logran acercarnos una Navidad contemporánea, urbana, consciente del lenguaje y de la vida real, que se aleja del folclore genérico, pero sin caer en el artificio. Me gustan: lo pensé la primera vez que me fijé en ellas. Cada una cuenta una historia.

Sin embargo, tan bienintencionadas como elocuentes, estas frases articulan una coreografía de expectativas en la que la ciudad presupone un nosotros. El lenguaje crea comunidad, pero también la delimita. Porque hay quien pasa cada día bajo estas luces y atraviesa esas preguntas habituales, casi anodinas, entre el tráfico y las prisas, de camino a casa, sin tener a nadie con quien sentarse a cenar por Nochebuena, lejos de esa escena familiar que las luces dan por hecha. Mensajes inocentes que dan en el blanco porque no solo se relacionan con la comida o con el tamaño de la mesa, sino con la presencia. Con quién estará y quién no. Contar, en Navidad, rara vez se refiere solo a una cuestión práctica.

Imposible no acordarse estos días de esa gran película de Fernando León de Aranoa, Familia, en la que un rico solitario alquila a un grupo de actores que simulan una familia para celebrar su cumpleaños. “¡Sonreíd, coño!“, es lo que pide a gritos ese padre falso a unos hijos desconocidos cuando se toman una fotografía. A menudo vuelvo a esa escena y a la esperanza de que la ficción pueda suplir, aunque sea por un momento, las carencias de la realidad. Cuando no existe el vínculo es necesario inventarlo, alquilarlo. Si el verano suele funcionar como un examen de éxito —viajes, planes, agendas llenas—, la temporada navideña desplaza el foco: no evalúa lo que hacemos, sino con quién lo hacemos. No pone en juego el logro, sino el vínculo, algo mucho más frágil y, por eso mismo, más peligroso. La Navidad sigue diseñada para quienes, recogiendo el lema de aquel mítico turrón, vuelven a casa por estas entrañables fiestas. No existe –o al menos no he visto– publicidad dirigida a los que pasan solos estos días, a los que desearían saber qué hacer cuando nadie te pregunta ya si vendrás.

(YO SÍ LA HE VISTO)

La Navidad es, sobre todo, una construcción de expectativas. Desde la psicología se advierte de que estas fechas pueden intensificar la nostalgia, la soledad y cierto malestar difícil de nombrar, precisamente porque se apoyan en la presunción de vínculos estables y celebraciones compartidas. Según un informe del Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada, el 10,2% de las personas que ya se sienten solas experimentan ese aislamiento de forma más intensa durante la Navidad. No es solo la ausencia lo que pesa, sino el contraste entre lo que debería estar y lo que ya no está. Mucho antes de que la psicología pusiera cifras a esta experiencia, la cultura popular supo reconocerla. La Navidad ha construido sus propios personajes periféricos: figuras que caminan en los márgenes de la celebración, como el solitario Ebenezer Scrooge o el Grinch del Dr. Seuss. No son personajes que detesten estas fiestas, sino que no encuentran en ellas un lugar propio. Testigos incómodos de un entusiasmo colectivo que se presenta como universal, aunque no lo sea.

Las luces de la calle Aragó no hablan desde la falta ni desde el conflicto, sino desde una normalidad tan tranquila que casi pasa desapercibida. Dan por sentados los vínculos que se sostienen, los rituales que vuelven, la mesa a la que siempre se regresa. No formulan preguntas: constatan. Leer esas frases no es solo reconocerse o quedarse fuera, sino asumir que, durante unos días, la ciudad marca el ritmo de lo que se dice y de lo que no. Bajo las mismas luces pasan, sin embargo, muchas Navidades distintas. Tal vez el reto sea recordar que el nosotros que la ciudad ilumina no es único, ni estable, ni compartido por la mayoría. En realidad, no todos querríamos preguntarnos cuántos seremos.

LAURA FERRERO. 06/01/2026. EL PAÍS.


1.1 Indique el tema y las ideas principales del texto. (1 p.) [4-5 líneas]


1.2.Redacte un texto argumentativo (introducción, argumentos/contraargumentos y conclusión) partiendo de la tesis o de las ideas relevantes del texto. (2 p.) [20-25 líneas]


3. Comentario lingüístico. (1,5 p.) [10-15 líneas]

Indique y justifique las características de las tipologías textuales presentes en el texto y las funciones del lenguaje predominantes en él.

4. ANÁLISIS MORFOLÓGICO. Localice en el texto (indicando el número de línea) y describa las cuatro palabras indicadas. (1 p.) 

5A. (1) Dos adverbios, (2) una perífrasis verbal modal, (3) una perífrasis verbal aspectual (4) dos artículos.

6.COHESIÓN TEXTUAL

6.1. Identifique un campo semántico formado tres palabras (como mínimo) y su hiperónimo. (0,5 p.) 

6.2. Identifica 2 catáforas y 3 anáforas, y explique qué tipo de cohesión establecen. 

(0,5 p.) 


lunes, 5 de enero de 2026

PRÁCTICA DE TEXTOS CON LA NOCHE DE REYES










A) DÍA DE REYES

Texto 1 EL ORIGEN DE LA TRADICIÓN DE LOS REYES

Texto 2 "LAS ABARCAS DESIERTAS"


B) TEXTOS 3, 4 y 5

Baltasar abandona Los Reyes para iniciar su carrera en solitario

NIÑOS, ¿OS HABÉIS PORTADO BIEN ESTE AÑO? (ISACC ROSA)

10 CONSEJOS PARA ESCRIBIR TU CARTA A LOS REYES


C) TEXTOS 6 y 7

MAÑANA DE REYES (Eduardo Cruz Acillona)

Cuando terminaron de recoger las cajas y los papeles de regalo, y de depositarlos en el contenedor, descubrieron que les faltaba un hijo.

UN PLATO QUE SE SIRVE FRÍO

Después de tantos años de decepciones (con la Play, el móvil, el uniforme de mi equipo...) y tantos calcetines, decidí acabar los Reyes Magos. Así que, con mucho cuidado de que mis padres no me vieran, envenené los vasos de leche y licor que les dejamos preparados. Pero debe ser verdad que lo ven todo, porque no cayeron en la trampa, asesinaron a mis padres en venganza y, desde entonces, no han vuelto a traerme nada.

D) TEXTO 8

“LOS PADRES MIENTEN", de Juan José Millás. 

Mi hermano mayor me despertó a medianoche para revelarme el siguiente secreto:

—Dentro de poco te dirán que los Reyes Magos son los padres. Se lo dicen a todo el mundo al cumplir tu edad. No te lo creas. Los Reyes existen, pero como los mayores no saben el modo de explicar su existencia, dicen eso, que son los padres.

Mi hermano dormía en la cama de al lado. Nuestra relación no era ni buena ni mala, así que a veces nos llevábamos bien y a veces mal. Pero éramos cómplices de muchas cosas. Fumamos el primer cigarrillo juntos; hurtamos juntos también las primeras monedas del bolsillo de la chaqueta de mi padre; él me hacía los deberes de matemáticas y yo los de lengua... Dependíamos el uno del otro, en fin, en demasiadas cosas. Como decía aquél, dos que han robado caballos juntos están condenados a protegerse. La protección pasaba por hacernos este tipo de confidencias sobre las verdades básicas de la vida. Si los Reyes existían y él lo había averiguado, era mejor que yo lo supiera, por duro que resultara para mí.

Lo cierto es que yo ya había oído en el colegio rumores acerca de que Melchor, Gaspar y Baltasar eran los padres. Pero no les había prestado atención. Lo que no podía imaginarme era que los rumores procedieran de los adultos. Si ya les tenía poco respeto, lo perdieron del todo tras la revelación de mi hermano mayor.

En efecto, ese mismo año, cuando nos dieron las vacaciones de Navidad, mi madre me llamó un día y empezó a preguntarme qué pensaba yo de los Reyes Magos.

Le dije que les tenía en gran consideración (no de este modo, claro, no era un niño cursi), aunque no siempre me trajeran lo que les pedía, pues me hacía cargo de que había en el mundo muchos niños y que no podían complacer a todos. Mamá se quedó desconcertada, ya que lo normal, cuando a un chico se le quita la venda de los ojos en este asunto, es que el chico esté ya al cabo de la calle. Creo que estuvo a punto de desistir, pero finalmente tomó aire y me dijo que los Reyes Magos eran los padres.

—Se trata —añadió— de una mentira que mantenemos durante la infancia, porque la infancia es una época de ilusiones fantásticas, pero tú ya no tienes edad para creer en los Reyes. A tu hermano se lo dijimos también cuando cumplió tus años.

Mi hermano me había aconsejado que cuando me contaran la mentira de que los Reyes eran los padres, fingiera que me lo creía, pues de lo contrario les parecería un chico raro y me llevarían al psicólogo.

—Yo —añadió— también lo fingí. Como comprenderás, si ellos se quedan más tranquilos así, tampoco cuesta tanto darles gusto.

Hice, pues, como que me lo creía y me fui a mi cuarto a escribir la carta a los Reyes, una carta, por primera vez, clandestina. Ese año, habida cuenta de que ya era un chico mayor y que me hacía cargo de la situación mundial, que era un desastre, les pedí cosas más razonables que en otras ocasiones. Mi hermano puso mi carta en el mismo sobre que la suya y se encargó de echarlas al correo. Curiosamente, ése fue el primer año que me trajeron todo lo que les pedí.

Al regresar de las vacaciones de Navidad al colegio, comprobé que a todos los de mi clase les habían dicho que los Reyes eran los padres, y todos se lo habían creído.

Estuve a punto de sacarles de su error, pero mi hermano también me había dicho que ni se me ocurriera, porque me tomarían por loco. La conspiración para eliminar esa creencia de la cabeza de los chicos era prácticamente universal y resultaba ingenuo tratar de enfrentarse a ella, pese a las numerosas pruebas existentes, repartidas entre la Biblia, la Historia Sagrada y los propios hechos, pues lo cierto es que aun después de dejar de creer en los Reyes la gente continuaba recibiendo regalos.

Tuve la suerte, en fin, de mantener esa ilusión durante mucho más tiempo que mis compañeros. Si he de ser sincero, no recuerdo exactamente la edad en la que dejé de creer en los Reyes Magos, quizá cuando falleció mi hermano y en su funeral recordé esta historia fantástica que no sé cómo se le pudo ocurrir. Aunque también es cierto que una vez instalado en el mundo de los adultos comprobé que mentían tanto y de manera tan gratuita, que no sería raro que mi hermano llevara razón y que también hubieran mentido en esto. Este año, como todos desde aquella época, les escribí una carta clandestina (en mi casa ya no creen en los Reyes ni mis hijos) y me han traído de nuevo todo lo que les pedí.

TEXTO VOLUNTARIO: Cuento breve "El regalo de los Reyes Magos" de O Henry.

LA ADORACIÓN DE LOS REYES (LUIS CERNUDA)

PREGUNTAS.

1-¿Qué tipo de texto es? ¿Por qué?

2-¿A qué género y subgénero pertenece? ¿Por qué?

3-¿Cuál es su tema o idea principal? 

¿Qué recursos utiliza para producir ese efecto?

4-Da tu opinión de forma breve de cada uno

5- Elige uno para hacer el comentario práctico o literario.

GUÍA PARA EL COMENTARIO LITERARIO.

CÓMO HACER UN COMENTARIO CRÍTICO