domingo, 25 de enero de 2026

"Este país está en guerra" (Lorna Dee Cervantes traducida por María López Ponz)

 Poema para el joven blanco que me preguntó cómo yo, una persona inteligente y leída, podía creer en la guerra entre razas  

Lorna Dee Cervantes (California, 1954)

En mi país no hay diferencias.
Las políticas de opresión sembradas de alambre
han sido derribadas hace mucho. El único recuerdo
de batallas pasadas, sean ganadas o perdidas, es el leve
surcado de los fértiles campos.

En mi país
la gente escribe poemas de amor,
llenos de nada más que felices sílabas infantiles.
Todos leen cuentos rusos y lloran.
No hay fronteras.
No hay hambre, ni
graves hambrunas ni gula.

Yo no soy una revolucionaria.
Ni siquiera me gusta la poesía política.
¿Piensas que puedo creer en la guerra entre las razas?
Puedo negarla. Puedo olvidarla
cuando estoy segura
en mi propio continente de armonía
y amor, pero no vivo
ahí.

Creo en la revolución
porque en todas partes arden las cruces,
certeros pistoleros gamados esperan tras las esquinas,
francotiradores apuntan a las escuelas …
(Sé que no me crees.
Y que piensas que no es más
que exageración transitoria. Pero eso
es porque no te disparan a ti.)

Estoy marcada por el color de mi piel.
Las balas son discretas, diseñadas para matar lentamente.
Mis hijos son su objetivo.
Estos son los hechos.
Déjame mostrarte mis heridas: mi mente trabada, mis
disculpas constantes, y esta
agobiante preocupación
por sentir que no estoy a la altura.

Estas balas pueden más que la lógica.
El racismo no es una cuestión intelectual.
No puedo curar mis cicatrices con la razón.

Al otro lado de mi puerta
hay un enemigo real
que me odia.

Soy una poeta
que ansía bailar en los tejados,
susurrar delicados versos sobre la alegría
y la bendición de la comprensión humana.
Y lo intento. Vuelvo a mi país, a mi castillo de palabras, y
cierro la puerta, pero la máquina de escribir no apaga
los sonidos de la ira sorda y palpitante.
Mi cara sigue recibiendo golpes.
Cada día se me recuerda con insistencia
que este no es
mi país

y sí lo es.

No creo en la guerra entre razas

pero este país
está en guerra.

Traducción de María López Ponz (Alcora, 1983)

LA PALABRA "AMÉRICA"


LA PALABRA “AMÉRICA”

Mentimos: nos mentimos sin parar porque hace cinco siglos un señor mintió.
Mintieron dos, en realidad. Primero mintió uno; después otro le creyó y mintió en consecuencia. Años más tarde el segundo señor intentó desmentirse: dijo que el primero lo había engañado y que lo perdonaran y olvidaran lo que él había dicho. Lo olvidaron a él: lo que había dicho ya pasaba por verdad porque muchos lo habían repetido, y lo seguían repitiendo. Así fue como todo un continente recibió el nombre de un farsante florentino, ese primer señor. MAGA, mucha MAGA.
Ese primer señor era un muchacho de buena familia, padre cambista de divisas, madre con sus dientes, casa con biblioteca, amigos poderosos en la ciudad más culta de esos días. El muchacho, Amerigo Vespucci, había nacido en 1454 y se educó leyendo, escuchando sabios parlanchines, disfrutando de los mejores cuadros y sus modelos de más carne que hueso. Así, medio siglo después, cuando llegó el momento, no le costó mucho escribir unas cartas donde contaba ¿sus? viajes a esas tierras que Colón había encontrado poco antes. Esos viajes quizás existieron, quizá no: todavía se discuten. En cambio una de las cartas, Mundus Novus (1507), existió y fue un best seller en las ciudades de aquella Europa: decía confusamente, por primera vez, que quizás esas costas lejanas fueran un continente nuevo. Y así fue como un cartógrafo belga, Martin Waldseemüller, autor del primer mapamundi que lo incluyó, lo bautizó con la palabra America, en homenaje al florentino que tan bien la contaba.
Al principio pocos lo discutieron. El nombre sonaba bien: Amerigo le debía el suyo a su abuelo paterno; a sus hermanos les tocaron otros parientes. (Uno se llamó Girolamo y el otro Antonio; es un azar —uno entre tantos— que nuestro continente no se llame Antonia o Girolamia.) Y Amerigo, ya Américo Vespucio, continuó su carrera como organizador de expediciones y armador de barcos para los Reyes de Castilla, que terminaron por nombrarlo “natural de sus tierras” —un inmigrante con papeles— y piloto mayor.
Años después, cuando las incoherencias de sus escritos avivaron las dudas, cuando el cartógrafo belga pidió disculpas por difundir mentiras y cambió en sus mapas el rótulo de America por el de Terra Incognita, cuando el padre Bartolomé de las Casas y otros sabios insistieron en que si un hombre debía darle su nombre al continente era Cristóbal Colón, ya era demasiado tarde: el nombre falso se había impuesto.
España, la okupa principal, no lo usó mucho: durante siglos siguió hablando de Indias. Pero en el resto de Europa, America fue el nombre, y terminó de afirmar algo que sospechábamos: que muchas veces contar las cosas te recompensa más que hacerlas. Así, cuando las 13 colonias inglesas se deshicieron de su rey, decidieron incluirlo en su título oficial: los Estados Unidos de América. Desde entonces sus ciudadanos intentaron llamarse americanos. Podrían llamarse estadounidenses, pero quién pronuncia semejante adefesio; ellos, sin duda, no: no son tan refinados.

Así que así se llaman, con esta palabra que no tendría que existir. Sería otra marca de la supuesta excepcionalidad norteamericana: que se apropiaron del nombre, que nos dejaron a todos los demás americanos sin un nombre propio y que sería, entonces, alguna forma de justicia que el nombre que nos robaron sea una mentira.

El problema es que tantos lo son. Yo nací en una ciudad llamada Buenos Aires, aunque nunca los hubo, capital de un país llamado Argentina —de argentum, plata, aunque tampoco la hubo nunca. Que el nombre del continente también sea una farsificación sólo termina de romper la regla del Maestro: “… si el nombre es arquetipo de la cosa / en las letras de rosa está la rosa / y todo el Nilo en la palabra Nilo”. No, en las letras de América vive el fantasma de aquel farsante florentino, y es normal: ya sabemos que un nombre es una mentira compartida, una trola común —y más cuando es el nombre de una “patria”, la mayor de todas.

MARTÍN CAPARRÓS. 25/01/2026. EL PAÍS

sábado, 24 de enero de 2026

NO LE REGALES TU NOSTALGIA AL 2016, EL PEOR AÑO DE NUESTRAS VIDAS O CUANDO TODO SE TORCIÓ PARA SIEMPRE

 




NO LE REGALES TU NOSTALGIA AL 2016, EL PEOR AÑO DE NUESTRAS VIDAS O CUANDO TODO SE TORCIÓ PARA SIEMPRE
Hemos compartido nuestras fotos de jóvenes, fiesteros y viajeros, con el pelo de otro color, nuestras sonrisas sin arrugas. Todo el mundo ha mostrado en redes sus fotos de 2016, en esa mezcla de ritual identitario y autorreferencial en que se convierten los memes nostálgicos. Cada vez se dan más a menudo: echamos de menos ese pasado, aquel tiempo antes de todo lo que vivimos ahora. Pero es que hemos llegado a leer que 2016 fue espontáneo, libre y feliz, un filtro cálido de Instagram, el mejor año de la historia. No me voy a pelear con un meme, no quiero ser el viejo que le grita a las nubes, pero es que fue al revés: 2016 fue el peor año de la historia. El primero en el que supimos que todo se iría a la mierda.

Aquel año comenzó con la muerte de David Bowie y así cristalizó de pronto la idea de que 2016 era detestable (después morirían Prince, Umberto Eco y Leonard Cohen): así funciona la psicología humana, esos bloques temporales nos ayudan a interpretar la vida, aunque solo sea una vuelta al Sol. La OMS declaró la emergencia por el zika, sufrimos los atentados de Niza, Berlín, Bruselas y Estambul, que dejaron casi 200 muertos, asesinaron a Jo Cox. Ganó el Brexit, ganó Trump, Putin se sintió fuerte en Siria. El sexismo y la homofobia tocaron techo con la brutal violación grupal de La Manada, las presidenciales estadounidenses y el atentado de Orlando. La terrible crisis de los refugiados resquebrajó los consensos europeos sobre los derechos humanos. Con solo hacer un poco de memoria, es fácil ver la línea que enlaza 2016 con mucho de lo malo que heredamos en 2026.




El cómico analista John Oliver terminó aquella temporada con docenas de personas diciéndole “fuck you” a 2016, un número que el propio Oliver haría estallar en mil pedazos. Vivíamos de sobresalto en sobresalto. El diccionario de Oxford resumió 2016 con la palabra “posverdad”, Fundéu con “populismo” y el Merriam-Webster con “surrealista”. No entendíamos nada de lo que nos estaba pasando. No lo digo yo ahora, lo decíamos todos entonces: una mayoría abrumadora (sobre todo en Europa) consideraba 2016 un mal año para el mundo, según un trabajo de YouGov con 23.000 encuestados. Dos tercios de los encuestados por Ipsos creía que el mundo iba en la dirección equivocada. Otro trabajo de Ipsos mostraba que en la mayoría de los países cundía la percepción de que el sistema estaba roto (con España como el país en el que más se desconfiaba de los expertos).



Ese año dispuso un nuevo marco mental global: no solo fue negativo, demostró que si salíamos de algo malo sería para ir a algo peor. En su momento, 2016 fue el año más caluroso desde que había registros: ahora el podio de años más cálidos de la historia lo ocupan los últimos tres. Se disparó la desconfianza, la animosidad partidista, la polarización afectiva, el caldo de cultivo que cristalizó en la conmoción de la pandemia. La política como guerra memética: la normalización de la provocación, la humillación y la desinformación como táctica masiva. Quienes añoran 2016, hablan del último año sin la dictadura de los algoritmos; en aquel momento, se reían de los que publicábamos (con datos) que actores como Rusia y la extrema derecha estaban desestabilizando nuestras democracias desde la maquinaria de Facebook. Ahora festejamos ese año en Instagram, otra plataforma de Mark Zuckerberg, que se fue de rositas de todo aquello.

El meme nostálgico de 2016 ha sufrido un giro politizado en los últimos días: ¿cuánto pagabas de alquiler entonces? Yo ahora pago el triple que en 2016, pero eso no lo convierte en un buen año, solo en malos gestores a todos los políticos que elegimos desde entonces. En su magnífico libro El tiempo perdido, la filósofa Clara Ramas traza un retrato detallado de cómo los discursos nostálgicos aprovechan nuestras crisis para inocular el mensaje de que debemos regresar a la Edad Dorada. Una edad que nunca existió o que solo fue dorada para los reaccionarios, que “están en guerra con el presente”: “Viven mirando por el retrovisor: odian su propio tiempo. Su pasión es negra. Detectamos en ellos un rasgo esencial: la melancolía. La melancolía no es entrañable. La melancolía es negrura”. Ojito con la nostalgia, que puede ser desmemoria, y no debemos dejar que la cabalguen esos jinetes oscuros. Necesitamos optimismo, queremos memes divertidos y deseamos que 2026 sea fabuloso: que no se parezca en nada a 2016. Me quedo con las arrugas.
JAVIER SALAS. 19/01/2026. EL PAÍS

1.1 Indique el tema y las ideas principales del texto. (1,5 p.) [4-5 líneas]


1.2.Redacte un texto argumentativo (introducción, argumentos/contraargumentos y conclusión) partiendo de la tesis o de las ideas relevantes del texto. (2 p.) [20-25 líneas]


2. Comentario lingüístico. (1,5 p.) [10-15 líneas]

Indique y justifique las características de las tipologías textuales presentes en el texto y las funciones del lenguaje predominantes en él.


miércoles, 7 de enero de 2026

LA CASA DE LOS GEMELOS: HIJOS DE LA BASURA


 

LA CASA DE LOS GEMELOS: LOS HAN DIBUJADO ASÍ

Dos hermanos, Carlos y Daniel Ramos, son creadores y promotores de La casa de los gemelos, un reality show emitido por YouTube que ha sido suspendido en varias ocasiones por la propia plataforma por saltarse las normas. Coincidiendo con la emisión de la segunda temporada, que tiene como presentador a Kiko Hernández y como ayudantes a Coto Matamoros y Víctor Sandoval, una puede imaginarse cosas.

Y una también puede leerlas, como las que se han escrito sobre el programa y que hablan de degradación e indignidad. Pero una, que esquiva como puede la superioridad moral, también sabe que el canal de YouTube de este asunto tiene más de medio millón de suscriptores, que son pura viralidad y que en los comentarios la palabra más compartidas son “fantasía” y “adictivo”. Así que me he lanzado al asunto para saber de lo que hablamos.

En esa casa conviven —es un decir— personas en permanente estado de brote. Las han dibujado y escogido así, porque nada aquí es casualidad. Hay oraciones dignas de análisis sintáctico, como esa concursante a la que dicen que tiene el culo flácido y responde: “Mejor durito y flácido que de plástico, que eso es para los residuos”. “No eres natural, eres grasienta”, le dirá otra compañera minutos después. “Estoy hasta el coño de que te metas con el físico de la gente, puta gorda de mierda”, se gritará también, con enorme coherencia por parte de la autora.

En la casa se lanzan objetos, se escupe, se ponen a prueba las cuerdas vocales, se tiran pedos en la cara de otros y se responde con eructos. Se llaman unos a otros “maricona”, “carterista”, “basuquera”, “mora de mierda” e incluso se dicen cosas que me encantaría descifrar, como “te caben en tu cara los de Dubai”. Quizá sea que su cara es tirando a grande. Hay una muchacha que dice que tiene “el coño más bonito de España” y está muy pendiente de su “grasa anal”. Hay comentarios homófobos, racistas, gordófobos y tránsfobos. Vamos, que hay mucha España ahí metida.

Se puede contemplar como cuando nos quedamos enganchados con aquellos que hablaban de hipotecas a tipo fijo afectados por el consumo de drogas y creernos mejores a base de mofa. Pero se puede contemplar también como quien hace lo propio con La isla de las tentaciones en compañía de hijos adolescentes para convencerles del tipo de relación que no deben tener. Escoja su propia aventura.

ÁNGELES CABALLERO. 12/12/2025. EL PAÍS


ZONA GEMELOS: HIJOS DE LA BASURA

Dios me libre de darle publicidad a esa pareja de explotadores demagogos conocidos como ZonaGemelos, ese par de victimarios con maneras de mafioso que se visten de víctimas cuando alguien levanta la voz, pero hete aquí que con su retransmisión de las campanadas en YouTtube hicieron más de dos millones de espectadores. Estos dos chicos (de quienes hice, sin mencionarles, una primera columna en 2024 llamada Gañanosfera) no tienen ningún talento por sí solos. Todo su mérito —si explotar a otros es un mérito— es reunir a las criaturas más desafortunadas de las redes y monetizar su humor involuntario; en otras palabras, hacer que la gente se ría de otros. ¿Por qué una cosa así ha tenido tanto éxito?

Primero, porque el resto de la oferta ha sido muy pobre. La chavalada no quería ver las campanadas de siempre. La chavalada quiere sangre. Sangre de pobre, de marginado, de obeso y de discapacitado. ¿Por qué quiere tal cosa? Porque es de lo que se les ha alimentado. Toda la propaganda institucional que se hace contra el bullying, la homofobia y el machismo no sirven para nada si el mundo les lanza el mensaje de que todo vale con tal de ganar dinero. No saben ustedes —o quizás sí— lo descorazonador que es escuchar a los alumnos decir que las matemáticas no valen para nada, pero que ZonaGemelos es el mejor programa que existe.

Los propios gemelos son un producto de la tele que les crió (de eso y de ser mala hierba): Gandía Shore, El diario de Patricia, Gran Hermano, Supervivientes, Masterchef, Sálvame, y tantos otros. Programas que no deberían de haber visto nunca los niños (y quizás los adultos tampoco) y que en las últimas décadas han sustituido a la programación infantil y juvenil. Programas emitidos por Mediaset y Atresmedia, los mismos que ahora dicen “uy, qué malo es ZonaGemelos”. Si les parece malo, haber programado algo de cine, de libros, de música o de alguna cosa que levantara el espíritu humano. Pero no lo programaron; prefirieron ganar dinero a mansalva, como los narcos, los proxenetas, los traficantes de armas. El dinero ha sido el único dios de la chavalada, y el móvil su único mentor. Ahora esa televisión inmoral ha tenido hijos, los hijos de la basura. 

JIMINA SABADÚ. 07/01/2026. EL PAÍS

1.1 Indique el tema y las ideas principales del texto. (1 p.) [4-5 líneas]


1.2.Redacte un texto argumentativo (introducción, argumentos/contraargumentos y conclusión) partiendo de la tesis o de las ideas relevantes del texto. (2 p.) [20-25 líneas]


3. Comentario lingüístico. (1,5 p.) [10-15 líneas] Indique y justifique las características de las tipologías textuales presentes en el texto y las funciones del lenguaje predominantes en él.

4. ANÁLISIS MORFOLÓGICO. Localice en el texto (indicando el número de línea) y describa las cuatro palabras indicadas. (1) Dos adverbios, (2) una perífrasis verbal modal, (3) una perífrasis verbal aspectual (4) dos artículos.

6.COHESIÓN TEXTUAL

6.1. Identifique un campo semántico formado tres palabras (como mínimo) y su hiperónimo.  (0,5 p.) 

6.2. Identifica 2 catáforas y 3 anáforas, y explique qué tipo de cohesión establecen. (0,5 p.) 


martes, 6 de enero de 2026

LOS CHÁNDALS DE MADURO Y CHENOA



El día de Nochevieja vi antes que ustedes a Chenoa embutida en el maravilloso vestido de lentejuelas blancas con el que recibiría 2026. Me tocó darle al botón de publicar un artículo en el que se glosaba su exquisito estilismo mientras caía el carrillón de la Puerta del Sol. Aún pensábamos a esas horas que tal veleidad inofensiva podía ser una de las noticias que más clics atraería en los primeros días del año. Qué alegría me dio verla tan guapa. Laura Corradini es una tipa trabajadora, hecha a sí misma, valiente y risueña que sabe transmitir alegría pero no predica ese optimismo ridículo motivacional de los self-made men con papás ricos. Ella no neutraliza su desgracia ni ve recipientes llenos donde solo hay orinales herrumbrosos. Tanto es así que una vez fue capaz de bajar a su portal mucho menos elegante que el pasado 31, vestida con un chándal gris jaspeado ligeramente patético, justo después de que le rompiese el corazón un rey del villancico. Sin disimulo dijo: “No lo estoy pasando bien”. Con el vestido de lentejuelas por fin se hizo justicia.


Hay algo profundamente dramático y a la vez deshonroso en aparecer ante las cámaras con un chándal de andar por casa: es el estadio anterior al culo al aire que se ve a los viejitos en los hospitales. Esa prenda emana el olor a rancio de una noche de mocos y flemas. No es casual, pues, que Estados Unidos nos mostrara como prueba de vida de Nicolás Maduro una foto tras su “captura” (las comillas son para los escépticos) en la que va vestido con un chándal gris jaspeado muy parecido al de Chenoa.

Al final la noticia con más clics de los primeros días de enero está siendo otra (megalómano secuestra a sátrapa) y millones de personas, algunas razonablemente liberadas, otras llenas de un optimismo negacionista, se empeñan en escuchar fuegos artificiales donde hay bombas, ver justicia donde hay fuerza bruta y leer buenos augurios donde hay hechos muy inquietantes. Uno de ellos es que las ventas del chándal gris de Maduro se han disparado.

RAQUEL PELÁEZ. 06/01/2026. EL PAÍS







EL CHÁNDAL DE MADURO

La foto lo tenía todo para convertirse en meme: un encuadre pésimo, mala definición, un objeto de consumo reconocible y un protagonista en un gesto extraño. “Nicolás Maduro a bordo del USS Iwo Jima”, escribió Donald Trump al compartirla el pasado sábado en su canal de comunicación, la red Truth Social. La instantánea que daría la vuelta al mundo en cuestión de segundos confirmaba gráficamente la captura del líder venezolano. Una imagen histórica para nada inocente.



Vestido con un chándal gris de la marca deportiva Nike, Maduro aparece de pie, inmovilizado por unas esposas y sin la posibilidad de ver ni oír por la imposición de un antifaz y canceladores de sonido. Esa pose vulnerable y desvalida del líder venezolano buscaba el mismo efecto que las instantáneas virales de otros líderes apresados en tiempos de internet. Hombres caídos, hombres débiles: hombres despojados de todo poder.

La de Maduro recuerda a la captura de Sadam Husein en 2003, despeinado y con la barba llena de tierra, tirado en el suelo y exhibido como un trofeo de caza por los soldados estadounidenses en una foto amateur y mal encuadrada. O las instantáneas pixeladas y sangrientas que distribuyó Reuters de los tres guardaespaldas de Osama Bin Laden asesinados en mayo de 2011 durante su la operación militar en su casa de Abbottabad (Pakistán). Esas serían las únicas imágenes disponibles de aquella intervención porque Obama se negó a usar la foto del líder de Al Qaeda muerto como propaganda política: “No se trata de algo que haya que celebrar como si hubiéramos metido un gol; no somos así”, dijo el entonces presidente sobre por qué la Casa Blanca no iba a hacer públicas las fotos de la muerte del líder de Al Qaeda.

En 2025 el mundo habrá normalizado el uso de chándal y la ropa deportiva en su día a día, pero la foto de Maduro esposado es pura ideología en la semántica masculinista y reaccionaria del poder trumpista, lista para ser replicada hasta el infinito. Una imagen para simbolizar aquella infame cita que popularizó Karl Lagerfeld: “Has perdido el control de tu vida, así que te has comprado un chándal”.

En cuestión de horas, ese conjunto deportivo reconocible por su logo se ha convertido en noticia y material satírico reproducido hasta la náusea. Desde la IA mostrando a actores famosos vistiéndolo a webs rascando algo de tráfico con titulares como Dónde comprar el chándal que vestía Nicolás Maduro cuando fue detenido: materiales sostenibles y un alto precio (El Heraldo), De Venezuela a LaLiga: el chándal viral de Maduro es el mismo que el del RCD Mallorca (Marca) o Nike agota el chándal que llevaba Maduro durante su captura: “Ya tengo mi disfraz de Halloween” (20 minutos). En Instagram, la editorial argentina Caja Negra interpretaba el absurdo furor por el chándal recurriendo a una cita de uno de los autores de su catálogo, Guy Debord: “El movimiento de banalización que, bajo las diversiones coloridas del espectáculo, domina mundialmente la sociedad moderna también domina en cada uno de los puntos donde el consumo desarrollado de las mercancías multiplicó en apariencia los roles y los objetos que pueden escogerse. El espectáculo es una guerra del opio permanente para hacer que se acepte la identificación de los bienes con las mercancías. El valor de cambio termina por hacer la guerra por su propia cuenta”.

En el ensayo En defensa de la imagen pobre, la videoartista, profesora y teórica Hito Steyerl reflexionó sobre por qué las imágenes de estética burda, las “imágenes pobres”, funcionan tan bien en los regímenes de producción y circulación de las imágenes digitales. Nada gusta más a internet que una imagen descuidada para reproducirla y despedazarla hasta el infinito. Así que tiene lógica que, en tiempos de guerra, donde reina el desorden y el descontexto, la propaganda se suministre con imágenes pobres. Y con un chándal disponible (cuando deje de estar agotado) en tienda física y online por unos 200 euros.

NOELIA RAMÍREZ. 06/01/2026. EL PAÍS




LOS PADRES NOS MIENTEN (J.J. Millás) + CUANDO NADIE NOS ESPERA EN CASA POR NAVIDAD (Laura Ferrero)


LOS PADRES NOS MIENTEN

Mi hermano mayor me despertó a medianoche para revelarme el siguiente secreto:
—Dentro de poco te dirán que los Reyes Magos son los padres. Se lo dicen a todo el mundo al cumplir tu edad. No te lo creas. Los Reyes existen, pero como los mayores no saben el modo de explicar su existencia, dicen eso, que son los padres.
Mi hermano dormía en la cama de al lado. Nuestra relación no era ni buena ni mala, así que a veces nos llevábamos bien y a veces mal. Pero éramos cómplices de muchas cosas. Fumamos el primer cigarrillo juntos; hurtamos juntos también las primeras monedas del bolsillo de la chaqueta de mi padre; él me hacía los deberes de matemáticas y yo los de lengua… Dependíamos el uno del otro, en fin, en demasiadas cosas. Como decía aquél, dos que han robado caballos juntos están condenados a protegerse. La protección pasaba por hacernos este tipo de confidencias sobre las verdades básicas de la vida. Si los Reyes existían y él lo había averiguado, era mejor que yo lo supiera, por duro que resultara para mí.
Lo cierto es que yo ya había oído en el colegio rumores acerca de que Melchor, Gaspar y Baltasar eran los padres. Pero no les había prestado atención. Lo que no podía imaginarme era que los rumores procedieran de los adultos. Si ya les tenía poco respecto, lo perdieron del todo tras la revelación de mi hermano mayor.
En efecto, ese mismo año, cuando nos dieron las vacaciones de Navidad, mi madre me llamó un día y empezó a preguntarme qué pensaba yo de los Reyes Magos. Le dije que les tenía en gran consideración (no de este modo, claro, no era un niño cursi), aunque no siempre me trajeran lo que les pedía, pues me hacía cargo de que había en el mundo muchos niños y que no podían complacer a todos. Mamá se quedó desconcertada, ya que lo normal, cuando a un chico se le quita la venda de los ojos en este asunto, es que el chico esté ya al cabo de la calle. Creo que estuvo a punto de desistir, pero finalmente tomó aire y me dijo que los Reyes Magos eran los padres.
—Se trata —añadió— de una mentira que mantenemos durante la infancia, porque la infancia es una época de ilusiones fantásticas, pero tú ya no tienes edad para creer en los Reyes. A tu hermano se lo dijimos también cuando cumplió tus años.
Mi hermano me había aconsejado que cuando me contaran la mentira de que los Reyes eran los padres, fingiera que me lo creía, pues de lo contrario les parecería un chico raro y me llevarían al psicólogo.
—Yo —añadió— también lo fingí. Como comprenderás, si ellos se quedan más tranquilos así, tampoco cuesta tanto darles gusto.
 
Hice, pues, como que me lo creía y me fui a mi cuarto a escribir la carta a los Reyes, una carta, por primera vez, clandestina. Ese año, habida cuenta de que ya era un chico mayor y que me hacía cargo de la situación mundial, que era un desastre, les pedí cosas más razonables que en otras ocasiones. Mi hermano puso mi carta en el mismo sobre que la suya y se encargó de echarlas al correo. Curiosamente, ése fue el primer año que me trajeron todo lo que les pedí.
 
Al regresar de vacaciones de Navidad al colegio, comprobé que a todos los de mi clase les habían dicho que los Reyes eran los padres, y todos se lo habían creído. Estuve a punto de sacarles de su error, pero mi hermano también me había dicho que ni se me ocurriera, porque me tomarían por loco. La conspiración para eliminar esa creencia de la cabeza de los chicos era prácticamente universal y resultaba ingenuo tratar de enfrentarse a ella, pesa a las numerosas pruebas existentes, repartidas entre la Biblia, la Historia Sagrada y los propios hechos, pues lo cierto es que aun después de dejar de creer en los Reyes la gente continuaba recibiendo regalos.
Tuve la suerte, en fin, de mantener esa ilusión durante mucho más tiempo que mis compañeros. Si he de ser sincero, no recuerdo exactamente la edad en la que dejé de creer en los Reyes Magos, quizá cuando falleció mi hermano y en su funeral recordé esta historia fantástica que no sé cómo se le pudo ocurrir. Aunque también es cierto que una vez instalado en el mundo de los adultos comprobé que mentían tanto y de manera tan gratuita, que no sería raro que mi hermano llevara razón y que también hubieran mentido en esto. Este año, como todos desde aquella época, les escribí una carta clandestina (en mi casa ya no creen en los Reyes ni mis hijos) y me han traído de nuevo todo lo que les pedí.
 
JUAN JOSÉ MILLÁS. 
Los objetos nos llaman. 
Seix Barral




1-Tipo de texto, género y subgénero.

2-Haz un resumen del texto con tus palabras.

3-Sintetiza el tema o idea principal en una sola frase. ¿Contiene alguna enseñanza o moraleja? ¿Cuál dirías que es?

4-Tipo de estructura.

5-Tipo de narrador.

6-PLAGIO CREATIVO:

Microrrelato apócrifo
Estaba decidido a atrapar a los Reyes Magos, así que, en un descuido de mis padres, envenené los vasos de leche y coñac que habíamos dejado junto al árbol. Sin embargo, debían ser magos de verdad porque, no sé cómo, se dieron cuenta y, en venganza, mataron a mis padres y nunca me han vuelto a traer regalos.


CUANDO NADIE NOS ESPERA EN CASA POR NAVIDAD

En la calle Aragó, en Barcelona, las luces navideñas no son exactamente luces navideñas. Se trata de rótulos suspendidos a lo largo de la vía, colgados transversalmente de un lado a otro de la calle. No remiten a imágenes ni símbolos concretos. Ni rastro de relucientes bolas, de espumillón o de copos de nieve en esta ciudad donde nunca nieva: son frases hechas de luz. Cada una de ellas ocupa un tramo completo de la calle, a cierta altura sobre el tráfico y los peatones. De día, las estructuras metálicas se intuyen; de noche, desaparecen. Entonces las frases parecen sostenerse solas, como si la calle hablara en voz alta. Y las frases dicen así: vens per Nadal?; busca el caganer; més escudella;i demà, canelons; quants serem; qui porta el cava; a dormir d’hora.

Saber si vendrás por Navidad, preguntar por los planes de Fin de Año, salivar anticipándose a los canelones de Sant Esteve, decidir quién trae el cava o recordar a los niños que se vayan a dormir temprano porque los Reyes Magos ya están de camino: cada uno de esos mensajes se refiere a un momento o a una tradición concreta de las fiestas. Son originales. Logran acercarnos una Navidad contemporánea, urbana, consciente del lenguaje y de la vida real, que se aleja del folclore genérico, pero sin caer en el artificio. Me gustan: lo pensé la primera vez que me fijé en ellas. Cada una cuenta una historia.

Sin embargo, tan bienintencionadas como elocuentes, estas frases articulan una coreografía de expectativas en la que la ciudad presupone un nosotros. El lenguaje crea comunidad, pero también la delimita. Porque hay quien pasa cada día bajo estas luces y atraviesa esas preguntas habituales, casi anodinas, entre el tráfico y las prisas, de camino a casa, sin tener a nadie con quien sentarse a cenar por Nochebuena, lejos de esa escena familiar que las luces dan por hecha. Mensajes inocentes que dan en el blanco porque no solo se relacionan con la comida o con el tamaño de la mesa, sino con la presencia. Con quién estará y quién no. Contar, en Navidad, rara vez se refiere solo a una cuestión práctica.

Imposible no acordarse estos días de esa gran película de Fernando León de Aranoa, Familia, en la que un rico solitario alquila a un grupo de actores que simulan una familia para celebrar su cumpleaños. “¡Sonreíd, coño!“, es lo que pide a gritos ese padre falso a unos hijos desconocidos cuando se toman una fotografía. A menudo vuelvo a esa escena y a la esperanza de que la ficción pueda suplir, aunque sea por un momento, las carencias de la realidad. Cuando no existe el vínculo es necesario inventarlo, alquilarlo. Si el verano suele funcionar como un examen de éxito —viajes, planes, agendas llenas—, la temporada navideña desplaza el foco: no evalúa lo que hacemos, sino con quién lo hacemos. No pone en juego el logro, sino el vínculo, algo mucho más frágil y, por eso mismo, más peligroso. La Navidad sigue diseñada para quienes, recogiendo el lema de aquel mítico turrón, vuelven a casa por estas entrañables fiestas. No existe –o al menos no he visto– publicidad dirigida a los que pasan solos estos días, a los que desearían saber qué hacer cuando nadie te pregunta ya si vendrás.

(YO SÍ LA HE VISTO)

La Navidad es, sobre todo, una construcción de expectativas. Desde la psicología se advierte de que estas fechas pueden intensificar la nostalgia, la soledad y cierto malestar difícil de nombrar, precisamente porque se apoyan en la presunción de vínculos estables y celebraciones compartidas. Según un informe del Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada, el 10,2% de las personas que ya se sienten solas experimentan ese aislamiento de forma más intensa durante la Navidad. No es solo la ausencia lo que pesa, sino el contraste entre lo que debería estar y lo que ya no está. Mucho antes de que la psicología pusiera cifras a esta experiencia, la cultura popular supo reconocerla. La Navidad ha construido sus propios personajes periféricos: figuras que caminan en los márgenes de la celebración, como el solitario Ebenezer Scrooge o el Grinch del Dr. Seuss. No son personajes que detesten estas fiestas, sino que no encuentran en ellas un lugar propio. Testigos incómodos de un entusiasmo colectivo que se presenta como universal, aunque no lo sea.

Las luces de la calle Aragó no hablan desde la falta ni desde el conflicto, sino desde una normalidad tan tranquila que casi pasa desapercibida. Dan por sentados los vínculos que se sostienen, los rituales que vuelven, la mesa a la que siempre se regresa. No formulan preguntas: constatan. Leer esas frases no es solo reconocerse o quedarse fuera, sino asumir que, durante unos días, la ciudad marca el ritmo de lo que se dice y de lo que no. Bajo las mismas luces pasan, sin embargo, muchas Navidades distintas. Tal vez el reto sea recordar que el nosotros que la ciudad ilumina no es único, ni estable, ni compartido por la mayoría. En realidad, no todos querríamos preguntarnos cuántos seremos.

LAURA FERRERO. 06/01/2026. EL PAÍS.


1.1 Indique el tema y las ideas principales del texto. (1 p.) [4-5 líneas]


1.2.Redacte un texto argumentativo (introducción, argumentos/contraargumentos y conclusión) partiendo de la tesis o de las ideas relevantes del texto. (2 p.) [20-25 líneas]


3. Comentario lingüístico. (1,5 p.) [10-15 líneas]

Indique y justifique las características de las tipologías textuales presentes en el texto y las funciones del lenguaje predominantes en él.

4. ANÁLISIS MORFOLÓGICO. Localice en el texto (indicando el número de línea) y describa las cuatro palabras indicadas. (1 p.) 

5A. (1) Dos adverbios, (2) una perífrasis verbal modal, (3) una perífrasis verbal aspectual (4) dos artículos.

6.COHESIÓN TEXTUAL

6.1. Identifique un campo semántico formado tres palabras (como mínimo) y su hiperónimo. (0,5 p.) 

6.2. Identifica 2 catáforas y 3 anáforas, y explique qué tipo de cohesión establecen. 

(0,5 p.) 


lunes, 5 de enero de 2026

PRÁCTICA DE TEXTOS CON LA NOCHE DE REYES










A) DÍA DE REYES

Texto 1 EL ORIGEN DE LA TRADICIÓN DE LOS REYES

Texto 2 "LAS ABARCAS DESIERTAS"


B) TEXTOS 3, 4 y 5

Baltasar abandona Los Reyes para iniciar su carrera en solitario

NIÑOS, ¿OS HABÉIS PORTADO BIEN ESTE AÑO? (ISACC ROSA)

10 CONSEJOS PARA ESCRIBIR TU CARTA A LOS REYES


C) TEXTOS 6 y 7

MAÑANA DE REYES (Eduardo Cruz Acillona)

Cuando terminaron de recoger las cajas y los papeles de regalo, y de depositarlos en el contenedor, descubrieron que les faltaba un hijo.

UN PLATO QUE SE SIRVE FRÍO

Después de tantos años de decepciones (con la Play, el móvil, el uniforme de mi equipo...) y tantos calcetines, decidí acabar los Reyes Magos. Así que, con mucho cuidado de que mis padres no me vieran, envenené los vasos de leche y licor que les dejamos preparados. Pero debe ser verdad que lo ven todo, porque no cayeron en la trampa, asesinaron a mis padres en venganza y, desde entonces, no han vuelto a traerme nada.

D) TEXTO 8

“LOS PADRES MIENTEN", de Juan José Millás. 

Mi hermano mayor me despertó a medianoche para revelarme el siguiente secreto:

—Dentro de poco te dirán que los Reyes Magos son los padres. Se lo dicen a todo el mundo al cumplir tu edad. No te lo creas. Los Reyes existen, pero como los mayores no saben el modo de explicar su existencia, dicen eso, que son los padres.

Mi hermano dormía en la cama de al lado. Nuestra relación no era ni buena ni mala, así que a veces nos llevábamos bien y a veces mal. Pero éramos cómplices de muchas cosas. Fumamos el primer cigarrillo juntos; hurtamos juntos también las primeras monedas del bolsillo de la chaqueta de mi padre; él me hacía los deberes de matemáticas y yo los de lengua... Dependíamos el uno del otro, en fin, en demasiadas cosas. Como decía aquél, dos que han robado caballos juntos están condenados a protegerse. La protección pasaba por hacernos este tipo de confidencias sobre las verdades básicas de la vida. Si los Reyes existían y él lo había averiguado, era mejor que yo lo supiera, por duro que resultara para mí.

Lo cierto es que yo ya había oído en el colegio rumores acerca de que Melchor, Gaspar y Baltasar eran los padres. Pero no les había prestado atención. Lo que no podía imaginarme era que los rumores procedieran de los adultos. Si ya les tenía poco respeto, lo perdieron del todo tras la revelación de mi hermano mayor.

En efecto, ese mismo año, cuando nos dieron las vacaciones de Navidad, mi madre me llamó un día y empezó a preguntarme qué pensaba yo de los Reyes Magos.

Le dije que les tenía en gran consideración (no de este modo, claro, no era un niño cursi), aunque no siempre me trajeran lo que les pedía, pues me hacía cargo de que había en el mundo muchos niños y que no podían complacer a todos. Mamá se quedó desconcertada, ya que lo normal, cuando a un chico se le quita la venda de los ojos en este asunto, es que el chico esté ya al cabo de la calle. Creo que estuvo a punto de desistir, pero finalmente tomó aire y me dijo que los Reyes Magos eran los padres.

—Se trata —añadió— de una mentira que mantenemos durante la infancia, porque la infancia es una época de ilusiones fantásticas, pero tú ya no tienes edad para creer en los Reyes. A tu hermano se lo dijimos también cuando cumplió tus años.

Mi hermano me había aconsejado que cuando me contaran la mentira de que los Reyes eran los padres, fingiera que me lo creía, pues de lo contrario les parecería un chico raro y me llevarían al psicólogo.

—Yo —añadió— también lo fingí. Como comprenderás, si ellos se quedan más tranquilos así, tampoco cuesta tanto darles gusto.

Hice, pues, como que me lo creía y me fui a mi cuarto a escribir la carta a los Reyes, una carta, por primera vez, clandestina. Ese año, habida cuenta de que ya era un chico mayor y que me hacía cargo de la situación mundial, que era un desastre, les pedí cosas más razonables que en otras ocasiones. Mi hermano puso mi carta en el mismo sobre que la suya y se encargó de echarlas al correo. Curiosamente, ése fue el primer año que me trajeron todo lo que les pedí.

Al regresar de las vacaciones de Navidad al colegio, comprobé que a todos los de mi clase les habían dicho que los Reyes eran los padres, y todos se lo habían creído.

Estuve a punto de sacarles de su error, pero mi hermano también me había dicho que ni se me ocurriera, porque me tomarían por loco. La conspiración para eliminar esa creencia de la cabeza de los chicos era prácticamente universal y resultaba ingenuo tratar de enfrentarse a ella, pese a las numerosas pruebas existentes, repartidas entre la Biblia, la Historia Sagrada y los propios hechos, pues lo cierto es que aun después de dejar de creer en los Reyes la gente continuaba recibiendo regalos.

Tuve la suerte, en fin, de mantener esa ilusión durante mucho más tiempo que mis compañeros. Si he de ser sincero, no recuerdo exactamente la edad en la que dejé de creer en los Reyes Magos, quizá cuando falleció mi hermano y en su funeral recordé esta historia fantástica que no sé cómo se le pudo ocurrir. Aunque también es cierto que una vez instalado en el mundo de los adultos comprobé que mentían tanto y de manera tan gratuita, que no sería raro que mi hermano llevara razón y que también hubieran mentido en esto. Este año, como todos desde aquella época, les escribí una carta clandestina (en mi casa ya no creen en los Reyes ni mis hijos) y me han traído de nuevo todo lo que les pedí.

TEXTO VOLUNTARIO: Cuento breve "El regalo de los Reyes Magos" de O Henry.

LA ADORACIÓN DE LOS REYES (LUIS CERNUDA)

PREGUNTAS.

1-¿Qué tipo de texto es? ¿Por qué?

2-¿A qué género y subgénero pertenece? ¿Por qué?

3-¿Cuál es su tema o idea principal? 

¿Qué recursos utiliza para producir ese efecto?

4-Da tu opinión de forma breve de cada uno

5- Elige uno para hacer el comentario práctico o literario.

GUÍA PARA EL COMENTARIO LITERARIO.

CÓMO HACER UN COMENTARIO CRÍTICO

miércoles, 10 de diciembre de 2025

"Tu corazón" (Extremoduro featuring Miguel Hernández)

 

Abría «Tu corazón» con una solitaria guitarra que, tras dibujar la melodía introductoria, se une al resto de la banda. En la primera estrofa llegan ya las referencias de Robe a su tierra: «Tu corazón, embalsamado como un cebo, hoy me recuerda a un mojicón; creo que me añurgo si no bebo». El mojicón es un dulce típico extremeño a base de bizcocho y mazapán. Una suerte de magdalena grande cuya consistencia pide ser mojada en leche a la hora de comerla. Por ello utiliza el verbo «añurgar», utilizado en el castúo para decir «atragantar». De esta manera empieza a construir esta canción de amor/desamor, donde ya aparecen también las referencias a la droga («Tu corazón, mitad de coca y de caballo, como te atrevas a decir que estás de mono, te machaco») y al alcohol («Mi corazón, como una lata de cerveza, que te la bebes y al final le das patadas sin pensar que me desquicias la cabeza») bajo el peculiar estilo de Iniesta. Su característica voz cazallera busca el contrapunto en los coros femeninos de María y Belén, dos amigas de Plasencia que colaborarían también en discos posteriores y algún que otro concierto.” (“Extremoduro. Talento innato. Biografía no autorizada (Libros Singulares (LS))” de “Jesús Casañas López”).

Tu corazón, una naranja helada
con un dentro sin luz de dulce miera
y una porosa vista de oro: un fuera
venturas prometiendo a la mirada.

Mi corazón, una febril granada
de agrupado rubor y abierta cera,
que sus tiernos collares te ofreciera
con una obstinación enamorada.

¡Ay, qué acometimiento de quebranto
ir a tu corazón y hallar un hielo
de irreductible y pavorosa nieve!

Por los alrededores de mi llanto
un pañuelo sediento va de vuelo
con la esperanza de que en él lo abreve.
MIGUEL HERNÁNDEZ.
El rayo que no cesa (1936)

EL PODER DEL ARTE: "se hizo la luz en el infierno"


Demasiada droga solo para mí...
Ojalá que te hubieras quedado conmigo aquí.
Demasiado tiempo sin saber de ti,
me he quedado atrapado en el puto pasado y no puedo salir...

Demasiada droga hasta para mí
Ojalá que te hubieras quedado conmigo aquí...
Demasiadas horas solo para mí
Me he quedado atrapado en el puto pasado y no puedo salir...

"Tengo una mala noche a cualquier hora"
canta una cancioncita conmovedora,
que me sacuda el alma, me desarme entero
Que me desnude el alma y que se me erice el pelo

Y ay, ay, ay, ay, ay, ay
Ay, y hay algo en esta canción
que me enerva...
Y es que deja en la boca un sabor
como a mierda...

..."Pues canta otra cancioncita enjuagadora
y que tenga propiedades demoledoras,
que me derrumbe el alma, que me derrumbe entero,
que me reviente el alma y que me reviente dentro"...

Y de pronto supe cuál es la razón
al menos unas pocas horas,
y me agarro aquel recuerdo que guardé
dentro de mis memorias...

Y todo se recolocó
se hizo la luz en el infierno,
y todo gracias a nosotros dos
que estábamos luciendo
Y ay, ay, ay, ay, ay, ay
Voy cogiendo carrerilla
para emprender el vuelo
sentado en esta silla

Oh, nene, empiezo ya a sentirme mejor,
puede que el mundo amaneciera distinto.
Sí, nene, empiezo ya a sentirme mejor
puede que ya nunca vuelva a ser el mismo.

Nada es impensable, nada es imposible
mientras suena esta canción,
choca lo imparable con lo inamovible
dentro de mi corazón
y me oigo reventar
y ya no queda nada del ayer,
parece buen momento de empezar de nuevo
y empiezo a disfrutar
y ya no queda nada por hacer:
parece buen momento de tocar el cielo...

Sé que puede que mañana
ya no nos quede nada
y ya nada importe...
...voy alzando la mirada
y casi no sé de nada,
nada que importe...

Tal vez, si pudiera hablarte
de si fuera cierto
que el poder del arte
bien nos pudiera salvar:
de una vida inerte,
de una vida triste,
de una mala muerte...
...bien nos pudiera salvar...

Y ay, ay, ay, ay, ay, ay
y de pronto supe cuál es la razón...
Al menos unas pocas horas
y me agarro aquel recuerdo que guardé
dentro de mis memorias.

Y todo se recolocó,
se hizo la luz en el infierno,
y todo gracias a nosotros dos
Que estábamos luciendo
Y todo se recolocó
se hizo la luz en el infierno
y todo gracias a nosotros dos
que estábamos ardiendo...
Y ay, ay, ay, ay, ay, ay
Ay, y hay algo en esta canción
que me atrapa,
y es que deja en el aire un olor
como a napalm...
¡Me encanta el olor a napalm por la mañana!

martes, 2 de diciembre de 2025

VIENTO DEL PUEBLO (MIGUEL HERNÁNDEZ)

 




VIENTOS del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me avientan la garganta.

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones se levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy de un pueblo de bueyes
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
Y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.

¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quien ha puesto el huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién el rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpago
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
váis de la vida a la muerte,
váis de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.

Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra:
las águilas, los leones
y los toros, de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.

La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.

Si me muero, que muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y  decidida la barba.

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.

a) Identifique al autor y la obra de la que forma parte. A continuación, contextualícela en el marco de la historia de la literatura. (1 p.) [10-15 líneas]


b) Identifique los temas y símbolos que aparecen en este texto. (1 p.) [20-25 líneas]


c) Identifique y explique qué características formales nos permiten atribuirlo al
género literario, al autor y a la época a la que pertenece. (1.) [20-25 líneas]





NIÑO YUNTERO
Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

   Nace como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

   Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.
    Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

    Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra,
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.
    Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

   Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

   A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

   Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

   Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

   Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina.

   Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

   Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

   ¿Quién salvará este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

    Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.


ELEGÍA SEGUNDA
“Me quedaré en España, compañero”,
me dijiste con gesto enamorado.
Y al fin sin tu edificio trotante de guerrero
en la hierba de España te has quedado.

Nadie llora a tu lado:
desde el soldado al duro comandante,
todos te ven, te cercan y te atienden
con ojos de granito amenazante,
con cejas incendiadas que todo el cielo encienden.

Valentín el volcán, que si llora algún día
será con unas lágrimas de hierro,
se viste emocionado de alegría
para robustecer el río de tu entierro.

Como el yunque que pierde su martillo,
Manuel Moral se calla
colérico y sencillo.

Y hay muchos capitanes y muchos comisarios
quitándote pedazos de metralla,
poniéndote trofeos funerarios.

Ya no hablarás de vivos y de muertos,
ya disfrutas la muerte del héroe, ya la vida
no te verá en las calles ni en los puertos
pasar como una ráfaga garrida.

Pablo de la Torriente,
has quedado en España
y en mi alma caído:
nunca se pondrá el sol sobre tu frente,
heredará tu altura la montaña
y tu valor el toro del bramido.

De una forma vestida de preclara
has perdido las plumas y los besos,
con el sol español puesto en la cara
y el de Cuba en los huesos.

Pasad ante el cubano generoso,
hombres de su Brigada,
con el fusil furioso,
las botas iracundas y la mano crispada.

Miradlo sonriendo a los terrones
y exigiendo venganza bajo sus dientes mudos
a nuestros más floridos batallones
y a sus varones como rayos rudos.

Ante Pablo los días se abstienen ya y no andan.
No temáis que se extinga su sangre sin objeto,
porque éste es de los muertos que crecen y se agrandan
aunque el tiempo devaste su gigante esqueleto.



LAS MANOS
Dos especies de manos se enfrentan en la vida,
brotan del corazón, irrumpen por los brazos,
saltan, y desembocan sobre la luz herida
a golpes, a zarpazos.

La mano es la herramienta del alma, su mensaje,
y el cuerpo tiene en ella su rama combatiente.
Alzad, moved las manos en un gran oleaje,
hombres de mi simiente.

Ante la aurora veo surgir las manos puras
de los trabajadores terrestres y marinos,
como una primavera de alegres dentaduras,
de dedos matutinos.

Endurecidamente pobladas de sudores,
retumbantes las venas desde las uñas rotas,
constelan los espacios de andamios y clamores,
relámpagos y gotas.

Conducen herrerías, azadas y telares,
muerden metales, montes, raptan hachas, encinas,
y construyen, si quieren, hasta en los mismos mares
fábricas, pueblos, minas.

Estas sonoras manos oscuras y lucientes
las reviste una piel de invencible corteza,
y son inagotables y generosas fuentes
de vida y de riqueza.

Como si con los astros el polvo peleara,
como si los planetas lucharan con gusanos,
la especie de las manos trabajadora y clara
lucha con otras manos.

Feroces y reunidas en un bando sangriento
avanzan al hundirse los cielos vespertinos
unas manos de hueso lívido y avariento,
paisaje de asesinos.

No han sonado: no cantan. Sus dedos vagan roncos,
mudamente aletean, se ciernen, se propagan.
Ni tejieron la pana, ni mecieron los troncos,
y blandas de ocio vagan.

Empuñan crucifijos y acaparan tesoros
que a nadie corresponden sino a quien los labora,
y sus mudos crepúsculos absorben los sonoros
caudales de la aurora.

Orgullo de puñales, arma de bombardeos
con un cáliz, un crimen y un muerto en cada uña:
ejecutoras pálidas de los negros deseos
que la avaricia empuña.

¿Quién lavará estas manos fangosas que se extienden
al agua y la deshonran, enrojecen y estragan?
Nadie lavará manos que en el puñal se encienden
y en el amor se apagan.

Las laboriosas manos de los trabajadores
caerán sobre vosotras con dientes y cuchillas.
Y las verán cortadas tantos explotadores
en sus mismas rodillas.


a) Identifique al autor y la obra de la que forma parte. A continuación, contextualícela en el marco de la historia de la literatura. (1 p.) [10-15 líneas]



b) Identifique los temas y símbolos que aparecen en este texto. (1,5 p.) [20-25 líneas]




c) Identifique y explique qué características formales nos permiten atribuirlo al
género literario, al autor y a la época a la que pertenece. (1.) [20-25 líneas]



ANDALUCES de Jaén
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién,
quién levantó los olivos?

No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.

Unidos el agua pura
y a los planetas unidos,
los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.

Levántate, olivo cano,
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alzó una mano
poderosa de cimiento.

Andaluces de Jaén.
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién
amamantó los olivos?

Vuestra sangre, vuestra vida,
no la del explotador
que se enriqueció en la herida
generosa del sudor.

No la del terrateniente
que os sepultó en la pobreza,
que os pisoteó la frente,
que os redujo la cabeza.

Árboles que vuestro afán
consagró al centro del día
eran principio de un pan
que sólo el otro comía.

¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!
Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién,
de quién son estos olivos?

Jaén, levántate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.

Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.



CANCIÓN DEL ESPOSO SOLDADO
He poblado tu vientre de amor y sementera
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mi dando saltos
de cierva concebida.

Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al mas leve tropiezo
y a reforzar tus penas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una loca inmensa
de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado,
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garra.

Es preciso matar para seguir viviendo.
Un dia iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.

Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y de brechas
recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.


LAS MANOS
Dos especies de manos se enfrentan en la vida,
brotan del corazón, irrumpen por los brazos,
saltan, y desembocan sobre la luz herida
a golpes, a zarpazos.

La mano es la herramienta del alma, su mensaje,
y el cuerpo tiene en ella su rama combatiente.
Alzad, moved las manos en un gran oleaje,
hombres de mi simiente.

Ante la aurora veo surgir las manos puras
de los trabajadores terrestres y marinos,
como una primavera de alegres dentaduras,
de dedos matutinos.

Endurecidamente pobladas de sudores,
retumbantes las venas desde las uñas rotas,
constelan los espacios de andamios y clamores,
relámpagos y gotas.

Conducen herrerías, azadas y telares,
muerden metales, montes, raptan hachas, encinas,
y construyen, si quieren, hasta en los mismos mares
fábricas, pueblos, minas.

Estas sonoras manos oscuras y lucientes
las reviste una piel de invencible corteza,
y son inagotables y generosas fuentes
de vida y de riqueza.

Como si con los astros el polvo peleara,
como si los planetas lucharan con gusanos,
la especie de las manos trabajadora y clara
lucha con otras manos.

Feroces y reunidas en un bando sangriento
avanzan al hundirse los cielos vespertinos
unas manos de hueso lívido y avariento,
paisaje de asesinos.

No han sonado: no cantan. Sus dedos vagan roncos,
mudamente aletean, se ciernen, se propagan.
Ni tejieron la pana, ni mecieron los troncos,
y blandas de ocio vagan.

Empuñan crucifijos y acaparan tesoros
que a nadie corresponden sino a quien los labora,
y sus mudos crepúsculos absorben los sonoros
caudales de la aurora.

Orgullo de puñales, arma de bombardeos
con un cáliz, un crimen y un muerto en cada uña:
ejecutoras pálidas de los negros deseos
que la avaricia empuña.

¿Quién lavará estas manos fangosas que se extienden
al agua y la deshonran, enrojecen y estragan?
Nadie lavará manos que en el puñal se encienden
y en el amor se apagan.

Las laboriosas manos de los trabajadores
caerán sobre vosotras con dientes y cuchillas.
Y las verán cortadas tantos explotadores
en sus mismas rodillas.


a) Identifique al autor y la obra de la que forma parte. A continuación, contextualícela en el marco de la historia de la literatura. (1 p.) [10-15 líneas]




b) Identifique los temas y símbolos que aparecen en este texto. (1,5 p.) [20-25 líneas]





c) Identifique y explique qué características formales nos permiten atribuirlo al
género literario, al autor y a la época a la que pertenece. (1.) [20-25 líneas]