domingo, 17 de septiembre de 2023

UTOPÍA/s (y desencanto-s-): Galeano, Magris, Trueba... (COMENTARIO RESUELTO)



UTOPÍA Y DESENCANTO


El final y el principio del milenio necesitan utopía unida al desencanto. Me explico: el destino de cada hombre, y de la misma Historia, se parece al de Moisés, que no alcanzó la Tierra Prometida, pero no dejó de caminar en dirección a ella. Utopía significa no rendirse a las cosas tal como son y luchar por las cosas tal como debieran ser; saber que al mundo, como dice un verso de Brecht, le hace buena falta que lo cambien y lo rediman. El despertar religioso, que sin embargo tan a menudo degenera en fundamentalismos, cumple la gran función de avivar el sentido del más allá, de recordar que la Historia profana de lo que sucede se intersecciona continuamente con la Historia sagrada, con el grito de las víctimas que piden otra Historia y que, en el Día del Juicio, presentarán a Dios y al Espíritu del Mundo el libro de cuentas y los

llamarán a que les den razón del matadero universal.

Utopía significa no olvidar a esas víctimas anónimas, a los millones de personas que perecieron a lo largo de los siglos a causa de violencias indecibles y que han sido sepultadas en el olvido, sin registro alguno en los Anales de la Historia Universal. El río de la Historia arrastra y sumerge a las pequeñas historias individuales: la ola del olvido las borra de la memoria del mundo. Por eso, escribir significa también caminar a lo largo del río, remontar la corriente, repescar existencias naufragadas, encontrar pecios enredados en las orillas y embarcarlos en una precaria arca de Noé de papel.

Este intento de salvación es utópico y el arca a lo mejor se hunde. Pero la utopía da sentido a la vida. ¿Por qué? Porque exige, contra toda verosimilitud, que la vida tenga un sentido. Veamos un ejemplo: Don Quijote es grande porque se empeña en creer, negando la evidencia, que la bacía del barbero es el yelmo de Mambrino y que la zafia Aldonza es la encantadora Dulcinea. Pero don Quijote, por sí solo, sería penoso y peligroso, como lo es la utopía cuando violenta a la realidad, creyendo que la meta lejana ha sido ya alcanzada, confundiendo el sueño con la realidad e imponiéndolo con brutalidad a los otros, como las utopías políticas totalitarias.

Don Quijote necesita a Sancho Panza, que se da cuenta de que el yelmo de Mambrino es una bacinilla y percibe el olor a establo de Aldonza, pero entiende que el mundo no está completo ni es verdadero si no se va en busca de ese yelmo hechizado y esa beldad luminosa. Sancho sigue al enloquecido caballero —es más, cuando éste recobra la cordura, se siente perdido y reclama nuevas aventuras encantadas-. Pero don Quijote, por sí solo, sería tal vez más pobre que él, porque a sus gestas caballerescas les faltarían los colores, los sabores, los alimentos, la sangre, el sudor y el placer sensual de la existencia, sin los cuales la idea heroica, que les

infunde significado, sería una prisión asfixiante.

Fragmento del ensayo UTOPÍA Y DESENCANTO.

Claudio Magris.


1. 1.Haz un resumen del texto: escribe un único párrafo de entre cinco y ocho líneas que muestre de forma breve pero completa lo que dice el autor del texto. Debe estar redactado en 3ª persona y no utilizar frases textuales. 

1.2.Enuncia el tema de este texto utilizando un SN, cuyo núcleo sea un sustantivo abstracto, con tantos CN como sea necesario para acotar la intención del autor. Anota dónde está mejor expresada.

1.3.- Determina la estructura del texto (señala las partes en que puede dividirse el texto en función de su contenido explicando por qué) y, si puedes, indica qué nombre recibe. 

1.4-¿Cuál es la principal intención comunicativa del autor? ¿Qué modalidad textual predomina? ¿Por qué? ¿Hay alguna otra que tenga importancia? Señálalas (puedes dividirlas en secuencias) y explica por qué.

1.5-Teniendo en cuenta lo anterior, señala dos rasgos propios de esa modalidad textual.

1.6. Explica CON TUS PALABRAS las expresiones subrayadas.

1.7. Sustituye las palabras en negrita por un sinónimo.

1.8. ¿Se trata de un texto adecuado, cohesionado y coherente? Señala al menos dos anáforas y dos catáforas. También puedes indicar la repetición de un contenido retórico sobre el que está construido el texto. Atiende principalmente a la progresión temática, el campo semántico y señala los conectores, el uso de recurrencia semántica (con sinónimos totales o parciales), mecanismos de recurrencia o repetición (mediante hipónimos o hiperónimos) y si hay cohesión gracias a referencias, conjunciones, elipsis o repeticiones.

EN ESTE ENLACE TIENES EXPLICADO EL TEXTO Y SUS PROPIEDADES.

Y AQUÍ CÓMO ESCRIBIR Y CÓMO HACER EL COMENTARIO DE UN TEXTO ARGUMENTATIVO.

*Escribe tu propio texto argumentativo desarrollando una (o varias) de las siguientes preguntas:

-¿Qué es mejor: ser utópico o ser realista? ¿Son compatibles ambas perspectivas?

-Claudio Magris pone ejemplos de utopía en la religión, la política y la literatura. ¿Dónde consideras que es más peligrosa? ¿Por qué?

-Imagina y desarrolla tu propia UTOPÍA (o, si prefieres, tu propia DISTOPÍA). A ser posible, mediante un texto argumentativo (aunque contenga secuencias descriptivas o narrativas) de ESTRUCTURA ENCUADRADA (con INTRODUCCIÓN+CUERPO ARGUMENTATIVO+CONCLUSIÓN).

AQUÍ TIENES LOS MECANISMOS DE COHESIÓN EN UNOS MAGNÍFICOS APUNTES DE "PROFE DE LENGUA"



 UTOPÍA Y DESENCANTO

El final y el principio del milenio necesitan utopía unida al desencanto. Me explico (CATÁFORA):---------->   El destino de cada hombre, y de la misma Historia, se parece al (destino) de Moisés, que no alcanzó la Tierra Prometida, pero (Moisés) no dejó de caminar en dirección a ella. Utopía significa no rendirse a las cosas tal como son y luchar por las cosas tal como debieran ser; saber que al mundo, como dice un verso de Brecht, le hace buena falta que lo cambien y lo rediman.

El despertar religioso, que sin embargo tan a menudo degenera en fundamentalismos, cumple la gran función de avivar el sentido del más allá, (cumple la gran función) de recordar que la Historia profana de lo que sucede se intersecciona continuamente con la Historia sagrada (antítesis), se intersecciona con el grito de las víctimas que piden otra Historia y (las víctimas) que, en el Día del Juicio, presentarán a Dios y al Espíritu del Mundo el libro de cuentas y los (a Dios y al Diablo) llamarán a que les den razón del matadero universal.

Utopía significa no olvidar a esas víctimas anónimas, a los millones de personas que perecieron a lo largo de los siglos a causa de violencias indecibles y que han sido sepultadas en el olvido, sin registro alguno en los Anales de la Historia Universal. 

El río de la Historia arrastra y sumerge a las pequeñas historias (antítesis) individuales, la ola del olvido las borra de la memoria del mundo; escribir significa también caminar a lo largo del río, remontar la corriente, repescar existencias naufragadas, encontrar pecios enredados en las orillas y embarcarlos en una precaria arca de Noé de papel.

ANALOGÍA: RÍO DE LA HISTORIA. 

Este intento de salvación es utópico y el arca (de Noé) a lo mejor se hunde. Pero la utopía da sentido a la vida. ¿Por qué? (CATÁFORA):----------> Porque (la utopía) exige, contra toda verosimilitud, que la vida tenga un sentido. 

Veamos un ejemplo:  (CATÁFORA):----------> don Quijote es grande porque se empeña en creer, negando la evidencia, que la bacía del barbero es el yelmo de Mambrino y que la zafia Aldonza es la encantadora Dulcinea. Pero don Quijote, por sí solo, sería penoso y peligroso, como lo (penosa y peligrosa) es la utopía cuando violenta a la realidad, creyendo que la meta lejana ha sido ya alcanzada, confundiendo el sueño con la realidad e imponiéndolo (el sueño) con brutalidad a los otros, como las utopías políticas totalitarias (lo imponen).

Don Quijote necesita a Sancho Panza, que se da cuenta de que el yelmo de Mambrino es una bacinilla y percibe el olor a establo de Aldonza mientras su amo huele el ámbar de Dulcinea, pero (Sancho) entiende que el mundo no está completo ni es verdadero si no se va en busca de ese yelmo hechizado y esa beldad luminosa (la belleza de Dulcinea).

Sancho sigue al enloquecido caballero (hiperónimo de Don Quijote)—es más, cuando éste (el enloquecido caballero/D. Quijote) recobra la cordura, (Sancho) se siente perdido y reclama nuevas aventuras encantadas.

Pero don Quijote, por sí solo, sería tal vez más pobre que él (Sancho), porque a sus gestas caballerescas (de Don Quijote) les faltarían los colores, los sabores, los alimentos, la sangre, el sudor y el placer sensual de la existencia, sin los cuales la idea heroica, que les infunde significado, sería una prisión asfixiante.

ANALOGÍA DOBLE: 

DON QUIJOTE (UTOPÍA) Y SANCHO (REALISMO/DESENCANTO) 

 1. 1.Haz un resumen del texto: escribe un único párrafo de entre cinco y ocho líneas que muestre de forma breve pero completa lo que dice el autor del texto. Debe estar redactado en 3ª persona y no utilizar frases textuales. 

1.2.Enuncia el tema de este texto utilizando un SN, cuyo núcleo sea un sustantivo abstracto, con tantos CN como sea necesario para acotar la intención del autor. 

1.3.- Determina la estructura del texto (señala las partes en que puede dividirse el texto en función de su contenido explicando por qué) y, si puedes, indica qué nombre recibe. 

1.4-¿Cuál es la principal intención comunicativa del autor? ¿Qué modalidad textual predomina? ¿Por qué? ¿Hay alguna otra que tenga importancia? Señálalas (puedes dividirlas en secuencias) y explica por qué.

1.5-Teniendo en cuenta lo anterior, señala dos rasgos propios de esa modalidad textual.

1.6. ¿Se trata de un texto adecuado, cohesionado y coherente? Señala al menos dos anáforas y dos catáforas. También puedes indicar la repetición de un contenido retórico sobre el que está construido el texto. Atiende principalmente a la progresión temática, el campo semántico y señala los conectores, el uso de recurrencia semántica (con sinónimos totales o parciales), mecanismos de recurrencia o repetición (mediante hipónimos o hiperónimos) y si hay cohesión gracias a referencias, conjunciones, elipsis o repeticiones.

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LA DISTOPÍA NUESTRA DE CADA DÍA

Se llevan las distopías, esas representaciones de un futuro alienado y hostil que invitan a mirar el presente como un eslabón doloroso entre un pasado ficticio pleno de felicidad y el porvenir fatal. Esa reinvención de lo vivido, que se filtra en las formas narrativas, invade también la esfera política, donde la nostalgia se ha convertido en un reclamo para el voto de los infelices. Parecen decirle a la gente: nosotros hemos fabricado la máquina del tiempo y te vamos a devolver al lugar que te mereces. Y no, la madurez consiste ni más ni menos en la aceptación del tiempo que te toca vivir. Por eso la distopía solo es interesante si se maneja como un juego de espejos con la realidad, a favor de la decencia y en contra de ese mirar para otro lado en el que nos hemos dejado arrastrar. Es decir, aceptar que toda ciencia ficción, todo relato histórico, toda pieza de época, de lo que habla es del presente en el que fue llevado a cabo.
Imaginen que el contagio del coronavirus se extiende por Europa de manera incontrolada mientras que en el continente africano, por las condiciones climáticas, no tiene incidencia. Aterradas, las familias europeas escaparían de la enfermedad de manera histérica, camino de la frontera africana. Tratarían de cruzar el mar por el Estrecho, se lanzarían en embarcaciones precarias desde las islas griegas y la costa turca. Perseguidos por la sombra de una nueva peste mortal tratarían de ponerse a salvo, urgidos por la necesidad. Pero al llegar a la costa africana, las mismas vallas que ellos levantaron, los mismos controles violentos y las fronteras más inexpugnables invertirían el poder de freno. Las fuerzas del orden norteafricanas dispararían contra los occidentales sin piedad, les gritarían: vete a tu casa, déjanos en paz, no queremos tu enfermedad, tu miseria, tu necesidad. Si los guionistas quisieran extremar la crueldad, permitirían que algunos europeos, guiados por las mafias extorsionadoras, alcanzaran destinos africanos, y allí los encerrarían en cuarentenas inhóspitas, donde serían despojados de sus pertenencias, de sus afectos, de su dignidad.

A esto se le llama la tragedia revertida y consiste sencillamente en tratar de ponerte en los zapatos del otro, del que sufre, del que huye, de los que no tienen nada porque las guerras y la miseria les han arrebatado el suelo donde crecieron. Todo el mundo sabe que la crisis sanitaria europea no tiene relación directa con el drama migratorio, y sin embargo, el estado de ánimo de los europeos sí relaciona ambas cosas. Por ello, toleramos la mano dura y la degradación de los valores humanos en la crisis de refugiados de la frontera greco-turca. La privatización del control migratorio, consumada con la entrega de millones de euros para que Turquía ejerza de muro previo, se ha vuelto en nuestra contra. Somos rehenes de una mafia que nos pide más dinero y nos chantajea con enviarnos las masas hambrientas en plena crisis de contención y autocontrol de movimientos. De la misma manera, mientras se lucha de manera esforzada y coherente desde los servicios públicos de salud por frenar el contagio, la privatización de hospitales, laboratorios e higiene sanitaria evidencia el error de bulto en nuestros cálculos sobre lo que significa el concepto de salud pública. Por ahora, en vez de comprender la verdad de nuestros errores, empujamos la basura bajo la alfombra. 

DAVID TRUEBA. EL PAÍS. 10/03/2020 

jueves, 14 de septiembre de 2023

"FINIS MUNDI" de Laura Gallego

 


¿Qué harías si descubres que quedan 3 años para el Apocalipsis? ¿Y si existiera una oportunidad de impedirlo? 
En el año 997 Michel, un joven monje sin cualidades de héroe pero con idealismo, tiene esa certeza y la voluntad de hacer todo lo imposible para impedirlo. Sin embargo, la única ayuda que consigue es la de Mattius, un juglar 
Por otro lado, "La Cofradía de los Ejes" trabajarán en pos de asegurar la destrucción del mundo tal y como era conocido. ¿Conseguirán nuestros improvisados héroes vencer todas las dificultades y salvar el mundo de la destrucción? Tendrás que leerlo para comprobarlo.


Para demostrar haber entendido cualquier texto, deberás ser capaz de comentar cada uno de los apartados de este esquema, que pueden o, mejor, deben ser la base de tu reseña.
(LA NUMERACIÓN INDICA EL ORDEN DE IMPORTANCIA, no tienes por qué seguirlo al pie de la letra. Además, deberás incluir siempre una CONCLUSIÓN FINAL GENERAL -no acabes de golpe con ningún punto concreto-).






A Martín no le pareció buena idea que una mujer quisiera ser juglar. –Bueno, no se trata solo de bailar, cantar cuatro canciones y enseñar un poco el escote… –gruñó, pero se interrumpió al ver que la muchacha montaba en cólera–. Está bien, está bien, veo que vas en serio. Mira, para ser juglar tienes que tener buena memoria y una gran capacidad de improvisación. –Una memoria prodigiosa –apostilló Michel–. He visto a Mattius recitar cantares larguísimos después de haberlos oído una sola vez. Martín se echó a reír. –Eso no es exactamente así –dijo–. Si prestas atención, te darás cuenta de que cada vez que recita un mismo poema, lo hace de formas diferentes. Casi todos los cantares tienen una rima sencilla y muchos lugares comunes, muchas expresiones y fragmentos que se repiten. En la mayor parte de ellos hay batallas, por ejemplo, y a veces un trozo de un cantar sirve para otro. Si no te acuerdas de lo que sigue, metes algunas frases comodín que se ajusten a la rima y ya está… –¿Frases comodín…? –repitió Michel. –Frases típicas de los cantares –explicó Lucía, que empezaba a comprender–. Es cierto, hay cosas que se repiten en todos, pero nos gustan porque ya las conocemos. Sabemos que es un cantar de los nuestros porque todos se parecen, aunque cuenten historias distintas. –Eso es –aprobó Martín–. Lo primero es conocer la historia que relatas, aprender la música y el ritmo… y, a partir de ahí, intentas aprenderte la letra, y si te quedas en blanco, te lo inventas, sin ningún reparo. Los mejores juglares… como Mattius… lo hacen con tanta naturalidad que uno no se da cuenta de que están improvisando. Están tan habituados a los métodos y trucos juglarescos que no les cuesta trabajo reconstruir un cantar. Los otros necesitan, efectivamente, aprendérselo de memoria. (...)

Necesitarías un maestro, alguien que te enseñara todo lo que aún no sabes. Y no sé si algún juglar estaría dispuesto a llevarte consigo… sin una compensación. Lucía se puso como la grana al entender la insinuación, pero hubo de reconocer que Martín tenía razón. Una mujer no debía viajar sola, y no se podía pedir a un juglar que fuera muy galante con ella. En aquellos tiempos, ni siquiera los caballeros respetaban a las doncellas. –Dios se equivocó conmigo –musitó–. Debería haber nacido hombre. (...)

Así, Michel se enteró de que las relaciones del rey Roberto con Roma no habían mejorado; de que había guerra entre Bizancio y el zar de Rusia; de que el Islam avanzaba cada vez más; de que las treguas de Dios no se respetaban; de que las enfermedades, el hambre, la violencia y el miedo sacudían la Tierra. El monje se entristeció. Pero lo que más le impresionó fue saber que, en aquel momento, la Iglesia tenía dos papas. –El arzobispo de Plasencia se ha hecho elegir Papa –explicó Orazio el Genovés– porque nunca estuvo de acuerdo con la elección de Gregorio V, primo del Emperador. Ahora, la Iglesia está dividida. «La Iglesia está dividida», pensó Michel horrorizado. Podía sentir las miradas de los juglares a sus hábitos de monje. «Y mientras, los vikingos siguen atacando las costas francesas y luchando por conquistar las islas Británicas. Los moros llegan al mismísimo Santiago, se rompen las treguas de Dios, la gente pasa hambre… Efectivamente, este es el fin del mundo». (...)

Los juglares habían terminado de contar noticias. Guiados por Martín, comenzaron a recitar cantares y relatos que habían aprendido recientemente. Michel y Lucía nunca habían visto nada semejante. El espectáculo de los juglares ampliando su repertorio, preguntándose unos a otros acerca de tal o cual canción o leyenda, escuchando con atención para memorizar letras ritmos, melodías… era impresionante. Siempre se había menospreciado el oficio de juglar. Se decía que el juglar lo era por rebeldía o necesidad. Antes de conocer a Mattius, a Michel jamás se le había ocurrido la idea de que pudiera haber juglares por vocación. (...)

Esto es sorprendente –le dijo Michel a Martín–. Alguien debería ponerlo todo por escrito. El maestro se sintió ofendido. –¿Por escrito? ¿Por qué? ¿No te fías de nuestra memoria? –No, no quería decir eso. Pero debería conservarse para… para cuando vosotros ya no estéis. Puede que otros no tengan tan buena memoria. –No es buena idea. Un cantar está para ser cantado. Si lo escribes, la gente que lo lea en un futuro no conocerá la música, los gestos, la actuación… Un cantar no es solo la letra. Poner por escrito algo que circula por el aire es como encerrar un pájaro silvestre en una jaula. Michel no estaba de acuerdo. –Pero alguien tuvo que escribir el cantar antes de que los juglares lo recitaran. ¿Quién fue el primero? –Eso no importa. La gente quiere escuchar el poema, no saber quién lo escribió. Y ten por seguro que un juglar solo conserva un manuscrito hasta que se lo ha aprendido de memoria. (...)

Pero sería más fiable al original si permaneciera escrito. –¿Fiable? Los cantares son como gotas de agua. Cambian según la forma del recipiente. No importa el recipiente, el cantar seguirá siendo en esencia el mismo, aunque cada juglar lo recite de manera diferente. Ninguna de las versiones es la verdadera, y todas lo son. Esto dejó muy confundido a Michel. –Pero tuvo que haber un original… –Mira, muchacho –cortó Martín, que empezaba a perder la paciencia–. No hay ningún amanuense dispuesto a copiar la mitad de las historias que conocen los hombres que están hoy aquí reunidos. Y no existe suficiente pergamino ni vitela en toda Europa para escribir todo lo que sabemos en el gremio de juglares. Michel enmudeció. Aunque la afirmación del maestro le parecía un tanto exagerada, tenía razón en cuanto a que los manuscritos eran un bien sumamente escaso. Los sabios solo prestaban atención a los cantares cuando estos relataban acontecimientos históricos importantes; entonces, si no existía otra fuente, los incorporaban a sus crónicas. Mattius había oído por casualidad parte de la conversación, y sonrió. Martín y Michel pertenecían a dos culturas distintas. El joven monje había crecido entre libros; el veterano juglar, aunque sabía leer, prefería confiar más en su oído y en su memoria que en la palabra escrita. (...)


Esto es Fisterra –anunció Lucía–. En castellano lo llaman Finisterre. Michel se sobresaltó, se puso pálido y empezó a balbucear algo. –¿Qué pasa? –interrogó Mattius, ceñudo. –Yo… este… –comenzó a enrojecer–. Creo que interpreté mal el pergamino. Decía Finis Terrae. Creí que se refería al fin del mundo. No imaginé que podía haber un pueblo con ese nombre. Si hubiera sido más perspicaz, podríamos haber llegado aquí hace meses. –Finis Terrae –dijo Cercamón, pensativo–. El lugar donde la Tierra se acaba. ¿Por qué se llama así? –Es la punta más occidental de la península Ibérica, y dicen que del mundo –explicó Lucía–. Más allá no hay nada. –Chica lista –comentó Mattius–. Lo has adivinado antes que cualquiera de nosotros. ¿Estás segura de que aquí hay una ermita? –Creo recordar que sí. Más allá, en el extremo del cabo. En lo alto de un acantilado. –Hay tiempo para ir a la ermita antes del anochecer –dijo Cercamón estudiando la posición del sol–. Luego, cuando hayamos cogido esa… cosa, pasaremos por el pueblo, a ver qué nos dan por una buena actuación. Todos estuvieron conformes y siguieron adelante, hacia la punta del cabo. Atravesaron el pueblo y mucha gente los vio; dijeron que iban a visitar la ermita y que volverían para actuar por la noche. La noticia causó un gran revuelo. No eran muchas las visitas que recibía aquel rincón tan apartado del mundo. El sol empezaba a declinar cuando alcanzaron la ermita, una antiquísima construcción de piedra cubierta de musgo y liquen. –Debería estar aquí –susurró Michel–. Si me he equivocado, ya no sabré dónde buscar. Entraron en la ermita, baja, pequeña y oscura. Dentro, un leve rayo de luz entraba tímidamente a través de una estrecha ventana. Al fondo había una figurilla de barro que representaba a la Virgen; a sus pies, un ramillete de flores ya marchitas era todo lo que quedaba de una plegaria ofrecida por alguna chiquilla del lugar. (...)

Apenas unos instantes después, Michel se incorporó y se aproximó a la estatuilla. Con gesto grave, la tomó entre sus manos y la depositó en el suelo. Levantó entonces la parte superior del pedestal de piedra: estaba hueco. Dentro había un pequeño paquete. Michel lo cogió con un escalofrío y lo desenvolvió. Alzó el objeto hacia el rayo de luz. –Es el Eje del Futuro –musitó. Mattius exhaló un suspiro de alivio. –Salgamos de aquí… –empezó, pero entonces el perro comenzó a gruñir mirando hacia la estrecha entrada de la ermita. –¿Moros otra vez? –murmuró Orazio. –No –dijo Mattius, sombrío–. Me temo que es algo peor. Coged vuestras armas, si es que lleváis. Tú, Michel, quédate aquí dentro. Intentaremos protegerte. Sirius lanzó un potente ladrido y se precipitó hacia el exterior. Fuera, Lucía había dado la vuelta al edificio y descendido un poco por el acantilado. De pie sobre la roca, contemplaba el mar insondable y la línea donde el mundo se acababa. Recordó las leyendas que se contaban acerca de los terribles monstruos marinos que habitaban allí, y se estremeció. Cerró los ojos. Sintió el viento azotándole el rostro y sacudiéndole los cabellos, y oyó el bramido de las olas al chocar contra la escollera. Y entonces, de pronto, vio en su mente una imagen perdida en la bruma de los siglos: un grupo de enormes piedras verticales, como las que había descubierto alguna vez en olvidados rincones del bosque galaico. Pero estas rocas, en lugar de erguirse solitarias, o en grupos de tres o cuatro, sostenían piedras horizontales y formaban un gran círculo. Lucía abrió los ojos, sobresaltada. Nunca había visto un círculo de piedras como el de aquella imagen, pero le había parecido tan vívido como un recuerdo, y le resultaba poderosamente familiar. Sacudió la cabeza. A veces tenía visiones de ese tipo: era parte de los poderes heredados de su abuela. No sabía qué significaba, pero era casi seguro que entre Michel y Mattius sabrían interpretarla. Sonrió, satisfecha. Por fin parecía que las cosas empezaban a funcionar. (...)


Lucía siguió actuando para Alinor de Bayeux, y Mattius tuvo que enseñarle a toda prisa más cantares y baladas en francés, para que la dama no se aburriera. De esta forma iban, lentamente, incrementando su capital. Un día, la doncella de Alinor cayó gravemente enferma, y poco después murió. El físico de a bordo no pudo hacer nada por ella. Entonces, la dama normanda le pidió a Lucía que ocupara su lugar, a pesar de no ser de noble cuna. Ella aceptó enseguida. Ni en sus sueños más atrevidos había imaginado algo parecido. ¡Una simple aldeana, doncella de una dama de la nobleza! –Esto no me gusta –le confió Mattius a Michel–. Se va a volver como ellos. –¿Ellos…? ¡Ah! Te refieres a los nobles. –Exacto. Fría, ambiciosa y cruel. Pronto mirará a los de su clase por encima del hombro. Y no le importará que haya gente que pasa hambre. –Exageras, Mattius. ¿No será que le tienes envidia? El juglar dirigió a Michel una mirada furibunda, pero el muchacho se encogió de hombros. Ya eran viejos amigos, y le había perdido el respeto. El monje tímido y apocado era ahora un joven de dieciséis años, bastante alto y con un asomo de bigote, y había perdido aquella voz infantil que temblaba cuando se ponía nervioso. Sin embargo, seguía estando muy delgado, y conservaba la mirada grave y meditabunda que había impresionado tanto a Mattius al principio. Pese a los temores del juglar, Lucía sabía muy bien cuál era su lugar. Había nacido aldeana y moriría aldeana, aunque el capricho de una dama normanda le permitiera vislumbrar, siquiera por unos días, el lujo de la nobleza. (...)

De todas formas, no habría cambiado su vida por la de la dama Alinor. Averiguó que la habían casado a los doce años con un hombre de cuarenta. Al enviudar, la habían vuelto a casar. Tras haber dado a luz nada menos que once hijos y haber hecho gala de una inteligencia y un tacto excepcionales, se había ganado el respeto de los caballeros de su esposo, y la confianza de este. Nunca le había faltado nada, pero se le había negado la posibilidad de elegir su destino y, hasta hacía relativamente poco, ella no había sido mucho más que un mueble en la casa del señor de Bayeux. Por contra, Lucía había pasado hambre, miedo y frío. Su padrastro la golpeaba cuando estaba furioso y tenía que trabajar para ganarse la vida. Pero había podido escapar de todo aquello. «Yo he tenido mucha suerte», se decía la joven. «Llevo exactamente el tipo de vida que quería llevar».


 ¿Defiendes a la Iglesia? –la interrumpió ella–. ¿Nunca te has cansado de escuchar una y otra vez, desde niña, que eres malvada e impura por el hecho de ser mujer? ¿Que por alguien como tú entró el pecado en el mundo? ¿No has sufrido abusos, humillaciones y desprecios por no haber nacido hombre? La miró fijamente. –Tú eres como yo –prosiguió–. Desafiaste al orden establecido para buscar tu derecho a ser feliz. La Iglesia cristiana se fundó para los hombres, Lucía. A partir de mañana, todo será diferente. La juglaresa notó un tono de tristeza y amargura en su voz. Intuyó un profundo daño en aquella alma de fuego. Se preguntó cuánto había sufrido Alinor de Bayeux, cuánto había tenido que soportar una mujer orgullosa e inteligente, tratada como un objeto, vendida a los doce años a un hombre de cuarenta. Jugándose la vida en cada parto. Obligada a callar porque la opinión de una mujer no era importante. Condenada a ser un objeto decorativo, un mero trámite para perpetuar el linaje de un rudo guerrero. Viendo correr la misma suerte a sus hijas. –Sufrí un auténtico infierno con mi primer marido –le contó ella; le temblaba la voz–. Me trataba peor que a su perro. Le di cinco hijos y perdí otros cuatro por culpa de sus palizas de borracho. Era su vida o la mía, y fue entonces cuando empecé a experimentar con las pócimas. Cuando mi esposo murió, me casaron de nuevo, pero esta vez logré llevar yo las riendas. Siempre. Para que nunca más me trataran peor que a un perro. Lucía no dijo nada, sorprendida de descubrir aquellas cosas sobre el pasado de la orgullosa Alinor de Bayeux. Comprendió entonces por qué le estaba contando todo aquello. Probablemente, nunca nadie la había escuchado antes.

Funciones del lenguaje (y problemas con el referente)




Desde el principio de su existencia, el ser humano tiene la capacidad y la necesidad de comunicarse.

Podemos definir la COMUNICACIÓN como la transmisión de un mensaje de un emisor a un receptor a través de un canal que funciona.

Sin embargo, para que, de verdad, se produzca comunicación o, lo que es lo mismo, para que LA COMUNICACIÓN TENGA ÉXITO, emisor y receptor deben compartir el código en el que está cifrado el mensaje (normalmente, conocer el mismo idioma, aunque hay otros códigos como el morse, braille, lenguaje de sordos, emoticonos...), ser consciente del contexto (que puede variar mucho el significado de un mensaje)... 

Además, ambos deben referirse al mismo referente. Es decir, deben estar hablando de lo mismo.

Si no se producen estas condiciones comunicativas, aunque el emisor mande un mensaje al receptor y este lo reciba, el ACTO DE COMUNICACIÓN SERÁ FALLIDO. 
En estos malentendidos se basan muchísimos capítulos de las series ("sit-coms") o películas de comedia.
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Como hemos dicho, todos esos elementos son necesarios para que se produzca una comunicación real y satisfactoria. 

Sin embargo, esos elementos pueden tener más o menos importancia. Según qué elemento o elementos de la comunicación  tengan más importancia en el acto comunicativo, tendremos diferentes FUNCIONES DEL LENGUAJE.

El lingüista Roman Jakobson ha sido quien mejor ha estudiado las funciones del lenguaje y su esquema nos ayudará a entenderlas:

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Dependiendo de qué función predomine o tenga más importancia en la comunicación, se producirá una función del lenguaje u otra. Espero que lo entiendas mejor gracias a este esquema:

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Ya hemos definido los elementos que intervienen en la comunicación y, después, hemos aprendido  a identificar las funciones del lenguaje que predominan en diferentes situaciones



Uno de los elementos que más cuesta asimilar es el referente

Podemos definirlo como el tema sobre el que trata una comunicación o aquello a lo que hace referencia el mensaje (política, deportes, estudios, sentimientos, climatología...)

Para que una comunicación sea fluida, el emisor y el receptor deben compartir el mismo referente y, si este cambia, debe quedar claro durante la conversación ("cambiando de tema", "oye, aunque no tiene nada que ver con lo que estábamos hablando"...).

Sin embargo, la existencia de diferentes referentes en conversaciones puede dar pie a DIFERENTES INTERPRETACIONES.

LA CORRECTA INTERPRETACIÓN DE UN ENUNCIADO IMPLICA RECONOCER LAS IMPLICATURAS Y LOS ACTOS DE HABLA.

LAS IMPLICATURAS SON INFORMACIONES NO DICHAS EXPLÍCITAMENTE PERO PRESENTES EN EL CONTEXTO.

LOS ACTOS DE HABLA SON LAS ACCIONES QUE SE REALIZAN AL PROFERIR UN ENUNCIADO.

Su incorrecta interpretación da pie a confusiones o, como en estos casos, a chistes más o menos divertidos:
















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Aquí tienes ejercicios para practicar las FUNCIONES DEL LENGUAJE
 

Lenguacastellavetula: Ejercicios de repaso básicos
Ejercicios resueltos FUNCIONES DEL LENGUAJE
Ejercicios resueltos de funciones del lenguaje 2.

MÁS FUNCIONES DEL LENGUAJE

domingo, 10 de septiembre de 2023

LOS NADIES/LOS POBRES

 







¡Basta ya de la desgracia que siempre acecha a los pobres!

MAHI BINEBINE (10/09/2023. EL PAÍS).

No viví el terremoto de Agadir en 1960, pero viví el de Alhucemas en 2004. Y aún me acuerdo de esa sensación de náusea y de esa ira contenida, ante lo que me parecía una siniestra injusticia del destino, y me recuerda que siempre son los pobres los que pagan el pato. La televisión hurgaba en la herida mostrando hasta la saciedad el dolor de los supervivientes; un dolor contenido por una dignidad que nos sonroja, a nosotros, los afortunados que nos hemos salvado, culpables de olvidar incluso la existencia de estos condenados de una tierra que ruge especialmente contra los desfavorecidos.

Y hete aquí que la tierra vuelve a hacer de las suyas y empieza a rugir de nuevo, causando dolor y expulsando a la gente de su refugio. Hombres, mujeres, niños, presos del pánico, perdidos bajo un cielo indiferente a la desgracia que sorprendió al país en las primeras horas de la noche. Sabía que las imágenes inundarían los teléfonos móviles y que WhatsApp sería el corifeo de una especie de coro demiurgo, que distribuiría el horror y la desgracia con imágenes robadas por aquellos cuyo vecino o amigo puede estar entre las víctimas. Triste uso del progreso.

Basta ya de la desgracia que siempre acecha a los pobres, los desgraciados y los que no tienen futuro; esos pueblos de las orillas de los oueds [ríos], las laderas de las montañas y las periferias saturadas. Y no porque acabamos acostumbrándonos a todo podemos confundir fatalidad y resiliencia.

Y luego, nos tranquilizamos un poco, sin avergonzarnos, escondiéndonos detrás de la resiliencia del pueblo marroquí, como si ese simple viático pudiera absolvernos de nuestra indiferencia diaria ante el destino de esas poblaciones rurales, a menudo privadas de lo indispensable y aferradas a la vida en chozas, hechas de barro y saliva, construidas con sus manos callosas, y conminadas a resistir lo mejor que puedan las furias de las crecidas de los oueds o, paradójicamente, la sequía.

Sabemos que, después del desastre, el número de muertos y desaparecidos aumentará de hora en hora, día a día, a medida que se retiren los escombros, y que las miradas se volverán muy rápido hacia ese país profundo, en lo que queda de las chabolas de adobe y las aldeas desaparecidas. También sabemos que todo el país, con la solidaridad proverbial que lo caracteriza, hará todo lo posible para calmar el inmenso dolor. Pero también sabemos que una vez que las lágrimas se sequen, los supervivientes reconstruirán otras casas de adobe con sus manos, esperando que el cielo sea un poco más clemente y que el sol finalmente salga para ellos.

En una tierra del islam, alimentada durante siglos por las promesas de una solidaridad legal, a veces seguimos preguntándonos, cuando los hombres fracasan: “¿Y dónde está Dios en todo esto?”.





1.Enuncia el tema de este texto utilizando un SN, cuyo núcleo sea un sustantivo abstracto, con tantos CN como sea necesario para acotar la intención del autor.



2.Haz un resumen del texto: escribe un único párrafo de entre cinco y ocho líneas que muestre de forma breve pero completa lo que dice el autor del texto. Debe estar redactado en 3ª persona y no utilizar frases textuales.


3.- Determina la estructura del texto (señala las partes en que puede dividirse el texto en función de su contenido explicando por qué) y, si puedes, indica qué nombre recibe.


4-¿Qué modalidad textual predomina? ¿Por qué? ¿Hay alguna otra que tenga importancia? Señálalas y explica por qué. Señala también las secuencias.


5-¿Se trata de un texto adecuado, cohesionado y coherente? Señala los elementos que te han permitido llegar a esa conclusión.
Atiende principalmente a la progresión temática, el campo semántico y señala los conectores, el uso de recurrencia semántica (con sinónimos totales o parciales), mecanismos de recurrencia o repetición (mediante hipónimos o hiperónimos) y si hay cohesión gracias a referencias, conjunciones, elipsis o repeticiones.


*BONUS:
-¿La desgracia siempre acecha a los pobres? ¿Los pobres necesitan a Dios más o menos que los ricos? ¿Por qué?

-Vuelve a leerlo y reflexiona: ¿Te parece acertado el párrafo final? ¿Por qué? ¿Crees que el artículo de opinión ganaría o perdería si acabara antes? 

¿Esa pregunta final espera respuesta? ¿Cómo se llaman este tipo de preguntas? ¿Te parecen un buen recurso retórico?

¿Crees que, en general, Dios es una buena respuesta para algunas preguntas? ¿Y la religión? 
¿Esto pasa más o menos en casos de grandes tragedias (personales o generales)? 

RECOPILANDO LA INFORMACIÓN ANTERIOR ESCRIBE TU PROPIO ARTÍCULO DE OPINIÓN SOBRE UNA TRAGEDIA, SOBRE LA RELIGIÓN, LA ESPIRITUALIDAD, LOS PREJUICIOS O LAS PREGUNTAS SIN RESPUESTA.




Actividad inicial: El buscador

Todos sabemos que los inicios de curso son complicados y muchas veces dan la impresión de no servir para más que dar vueltas en torno a lo mismo...


Así que, aunque utilicemos esta actividad para medir vuestro nivel de lectura comprensiva, expresión escrita y demás...  vamos a intentar hacerlo con una historia que espero que os guste, despierte vuestra creatividad y, a ser posible, os transmita una enseñanza... Comenzamos:

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EL BUSCADOR
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Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como un “buscador” (como su mismo nombre indica, un buscador es alguien que busca, no necesariamente alguien que encuentra. Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando, simplemente es alguien que se comporta sabiendo que su vida es una búsqueda). Un día, el buscador de nuestra historia sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir  y, como había aprendido a dejarse guiar por esas sensaciones que surgen de un lugar desconocido de uno mismo, lo dejó todo y partió.
Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos, divisó Kammir a lo lejos. Sin embargo, un poco antes de llegar al pueblo, le llamó mucho la atención una colina a la derecha del sendero: estaba tapizada de un verde precioso y había un montón de árboles, pájaros y flores de gran belleza. Además, la colina estaba rodeaba por completo por una especie de pequeña valla de madera lustrada, como si fuera un lazo envolviendo un regalo. Por último una portezuela de bronce parecía invitarle a entrar. De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en aquél lugar. El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de aquel paraíso multicolor… Pero sus ojos eran los de un buscador y, quizá por eso, descubrió enseguida aquella inscripción sobre una de las piedras:
Abdul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días
Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que aquella piedra era, en realidad, una lápida y sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en aquel lugar. Entonces, se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción y se acercó a leerla. Decía:
Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas
El buscador se sintió terriblemente conmocionado. Aquel, en apariencia, hermoso lugar era un cementerio y cada piedra era una tumba. Una por una, empezó a leer las lápidas. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto. Pero lo que de verdad le aterró fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los once años…  Entonces, conmocionado, se sentó y se puso a llorar.
El cuidador del cementerio pasaba por allí y se acercó. Lo miró llorar durante un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.
-No, por ningún familiar —dijo el buscador—. Pero, ¿qué pasa en este pueblo?¿Por qué hay tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Por qué iba a ser nadie tan sádico o morboso como para construir un cementerio de niños?
El anciano sonrió y dijo:
- Puede usted serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que… 
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1-¿Esta historia se puede resumir como la vida de un hombre que viaja mucho? ¿Por qué?

2-Haz un resumen breve pero completo de la historia CON TUS PALABRAS.

3-¿Quién es el protagonista? ¿Cómo es? 

4-¿Cómo es la ciudad de Kammir? 

5-¿Qué tipo de texto crees que es? 
¿Es un texto expositivo, es decir, que busca dar información de forma objetiva? 

¿Es un texto argumentativo, es decir, que pretende convencer de una opinión o un punto de vista? 

¿O es un texto literario, que busca, sobre todo, entretener, divertir o enseñar mediante las palabras? 

6-¿Qué tipos de géneros literarios conoces? ¿A qué género literario crees que corresponde esta historia?¿Y a qué subgénero?




7-Inventa un final para este cuento incompleto.

8-Leamos el final original y reflexionemos sobre su significado. ¿Te ha gustado? ¿Cuál dirías que es ahora la principal intención del cuento: entretener, emocionar, divertir o transmitir una enseñanza?
¿Cómo se llama este tipo de enseñanzas que suelen aparecer en los cuentos y, especialmente, en las fábulas?