Soy profe de Lengua y Literatura y en este blog iré colgando actividades y textos que trabajemos en clase (o no).
"Hola, ¿qué tal? Soy el chico de las poesías".
Podéis quitarme mi hacienda, mi patria, mi fortuna e incluso, como estáis a punto de hacer, mi vida. Pero hay una cosa que no podéis quitarme: ¡el miedo que tengo ahora mismo!
(Pedro Muñoz Seca a los milicianos que iban a fusilarle, hace hoy 85 años).
Dale más gasolina, James Rhodes: otro 'progre' esnob contra el reguetón
Lorena G. Maldonado @lorenagm7 27 noviembre, 2021
Que dice James Rhodes que no entiende la popularidad del reguetón: con la Iglesia hemos topao’. Ha echado a Bad Bunny al callejón con Beethoven para que se navajeen en la reyerta más soporífera y rancia de todos los tiempos, la vieja guerra entre las presuntas baja cultura y alta cultura. Es curioso que tanta gente crea que la música, o el arte, o la literatura son más valiosos cuanto más nos transportan a estados solitarios, recogidos y reflexivos del espíritu, cuanto más nos subyugan y nos sacrifican, cuanto más nos aíslan y sofistican.
Menuda memez: qué desprecio a la alegría. Como si nos sobrara. Es la misma razón por la que la comedia tiene menos prestigio intelectual que la tragedia -y el optimismo que el pesimismo-, porque la distensión nos une al resto en la misma carcajada, porque nos hace cómplices de los nuestros, porque nos democratiza, y entonces ya no podemos sentir que somos niños eruditos y especiales, refinados e incomprendidos. Ya no podemos sentir que molamos tanto.
Que dice James Rhodes que no entiende la popularidad del reguetón: con la Iglesia hemos topao’. Ha echado a Bad Bunny al callejón con Beethoven para que se navajeen en la reyerta más soporífera y rancia de todos los tiempos, la vieja guerra entre las presuntas baja cultura y alta cultura. Es curioso que tanta gente crea que la música, o el arte, o la literatura son más valiosos cuanto más nos transportan a estados solitarios, recogidos y reflexivos del espíritu, cuanto más nos subyugan y nos sacrifican, cuanto más nos aíslan y sofistican.
Menuda memez: qué desprecio a la alegría. Como si nos sobrara. Es la misma razón por la que la comedia tiene menos prestigio intelectual que la tragedia -y el optimismo que el pesimismo-, porque la distensión nos une al resto en la misma carcajada, porque nos hace cómplices de los nuestros, porque nos democratiza, y entonces ya no podemos sentir que somos niños eruditos y especiales, refinados e incomprendidos. Ya no podemos sentir que molamos tanto.
Rhodes es tan rematadamente cursi, tan pretencioso y remilgado que usa el argumento de la temporalidad y la gloria: "¿Por qué escuchamos después de 200 o 300 años a Bach o a Chopin? ¿Escucharemos a Bad Bunny en dos siglos? Ni de coña". Es imposible de predecir, pero la verdad es que a quién le importa. A quién carajo le importa la trascendencia: ese es un concepto aristócrata, acomodado. Nosotros estamos aquí y mordemos lo que tenemos a mano, lo que nos es útil, lo que nos resulta sanador y expectorante. Sólo un privilegiado como él puede desdeñar las canciones que le nacieron en las manos a los chavales pobres de Latinoamérica para corroer, al menos un ratito y en la noche del sábado, la desidia, la precariedad y el asco mundial, ahítos como estaban de paro, de marginalidad y de desánimo, rabiosos como niños tristes rascando un ramalazo de recreo. De jarana. De desahogo.
Que dice James Rhodes que no entiende la popularidad del reguetón:
con la Iglesia hemos topao’. Ha echado a Bad Bunny al callejón con Beethoven
para que se navajeen en la reyerta más soporífera y rancia de todos los tiempos,
la vieja guerra entre las presuntas baja cultura y alta cultura.
Es curioso que tanta gente crea que la música, o el arte, o la literatura son más valiosos
cuanto más nos transportan a estados solitarios, recogidos y reflexivos del espíritu,
cuanto más nos subyugan y nos sacrifican, cuanto más nos aíslan y sofistican.
Menuda memez: qué desprecio a la alegría. Como si nos sobrara. Es la misma razón por la que la comedia tiene menos prestigio intelectual que la tragedia -y el optimismo que el pesimismo-, porque la distensión nos une al resto en la misma carcajada, porque nos hace cómplices de los nuestros, porque nos democratiza, y entonces ya no podemos sentir que somos niños eruditos y especiales, refinados e incomprendidos. Ya no podemos sentir que molamos tanto.
Rhodes es tan rematadamente cursi, tan pretencioso y remilgado que usa el argumento de la temporalidad y la gloria: "¿Por qué escuchamos después de 200 o 300 años a Bach o a Chopin? ¿Escucharemos a Bad Bunny en dos siglos? Ni de coña". Es imposible de predecir, pero la verdad es que a quién le importa. A quién carajo le importa la trascendencia: ese es un concepto aristócrata, acomodado. Nosotros estamos aquí y mordemos lo que tenemos a mano, lo que nos es útil, lo que nos resulta sanador y expectorante. Sólo un privilegiado como él puede desdeñar las canciones que le nacieron en las manos a los chavales pobres de Latinoamérica para corroer, al menos un ratito y en la noche del sábado, la desidia, la precariedad y el asco mundial, ahítos como estaban de paro, de marginalidad y de desánimo, rabiosos como niños tristes rascando un ramalazo de recreo. De jarana. De desahogo.
Eso Rhodes no sólo no lo sabe, sino que no lo piensa: claro que él se le adelantó a exactamente 274.671 personas en la carrera por obtener la nacionalidad española, porque es muy cool y muy de izquierdas y además tiene traumas infantiles -el resto no, el resto estamos de puta madre-, así que vino el Gobierno a regalarle la llamada carta de naturaleza por su cara bonita. Estamos hablando de un caballero que no sabe ni lo que es respetar una cola: cómo vamos a esperar que aprecie la música parida en los barrios. No nos cabe un progre esnob más en la baldosa patria. Todo por el pueblo pero sin el pueblo, que el pueblo huele mal y baila guarro.
Suerte que el reguetón cruzó todos los charcos y hace rato que vino
también a aliviarnos las penas a los españolitos amargados por la semana laboral,
por el desamor, por la vida líquida, por la ansiedad y la autoexplotación,
por las expectativas frustradas y los cánones de belleza delirantes y lo felices que son siempre los otros en Instagram. Fue un regalo inconmensurable, en concreto, para mi generación, para los que fuimos obedientes y buenos chicos y lo estudiamos todo y leímos a Proust y a Pessoa y para qué, si hemos vivido en una crisis económica permanente y nos arrastramos de psicólogo en psicólogo y nos queda lejos hasta el plan de tener algún día una puta casa propia.
Estaba la opción de pincharnos música clásica en el tocadiscos que negociamos en el Rastro, descorchar un vino del súper y abrir el gas para esperar la muerte, pero James, llámame loca: nos pusimos Gasolina y nos pintamos los labios y brindamos con whisky por no se sabe bien qué; y peregrinamos con nuestros amigos a algún tugurio para bailar con ellos hasta abajo y abrazarles bajo las luces azules, y sudamos la angustia y nos sentimos sexys y livianos un rato, cantando las canciones fútiles que nos insuflaron la idea de que nada era para tanto. Zúmbale mambo pa’ que mis gatas prendan los motores.
Nos sentó muy bien: por eso lo seguimos haciendo. Aquí y en todo el mundo. Tan transversal es la cosa -“la cosa” es “el goce”- que tendrías que ver cómo lo flipan también con Ozuna o Karol G. o Maluma los niños pijos en sus fiestas con aire acondicionado: no les da vergüenza ninguna la ley del cuerpo, del vacile caribeño y del deseo. Y bien que hacen.
Yo sé que tú nos imaginas a todos nosotros como a una legión de anormales alienados que hablan raro y que danzan medio aborregados, pero eso es estar ciego y sordo: es en ese éxtasis justamente cuando nos estamos liberando, porque liberarse, a veces, conlleva la complicación -¿no es paradójico?- de dejar de pensar. En fin, para que me entiendas: para llegar al orgasmo hay que tener la mente en blanco. Lo sabe hasta la cátedra: se disfruta más sin entenderlo.
James: tú te has confesado fan fatal de Paquita Salas -¿veremos esa serie dentro de 200 años?, jajá- y yo espero de verdad que no se te ofenda Bergman por no estar papándote Secretos de un matrimonio en bucle, que la élite es como es. Piensa en la escena sensacional en la que Magüi se destroza en la pista con Baila, morena. ¿Tú has visto a alguien más feliz en tu vida? Lo dudo, tío. Relájate y disfruta. No sabes qué encantadora es la vulgaridad. Perreo pa' los nenes, perreo pa' las nenas.
1. Identifique las ideas del texto, exponga de forma concisa su organización e indique razonadamente su estructura. (1.5 puntos)
2. Explique la intención comunicativa del autor (0.5 puntos) y comente dos mecanismos de cohesión distintos que refuercen la coherencia textual. (1 punto)
3. ¿La crítica el reguetón es lógica y argumentada o se basa en prejuicios similares a los que han sufrido otras manifestaciones artísticas a lo largo de la historia? (2 puntos)
GENERACIÓN DEL 27 menciona, sobre todo, a un irrepetible grupo de poetas a los que uno de ellos, Gerardo Diego, comprometió en la celebración del centenario gongorino y, algo después, incluyó en una influyente, brillante y, en el fondo, provocativa antología consultada: Poesía española. Antología (1915-1931). Con el propio Diego, Pedro Salinas, Jorge Guillén y Juan Larrea formaron el grupo de los seniors; Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre, Federico García Lorca, Emilio Prados, Rafael Alberti y Luis Cernuda constituyeron el bloque más joven. La distinción no es baladí si se piensa en la edad de los dos grupos ante los cambios literarios de 1918-1925 o al observar el sistema de relaciones amistosas interpersonales que se establecieron. Pero tampoco es un espejismo apreciar el designio general en una promoción que cultivó –ya en la crisis de los años 30 y, sobre todo, a partir de 1939– una cuidada imagen colectiva de sí misma. De los citados, Larrea fue el más fiel a la tradición esotérica y algo abstracta del vanguardismo: escribió sus versos (Versión celeste) en francés y dejó un extenso diario de vivencias y premoniciones, Orbe, que conocemos incompleto. En otros como García Lorca, la vanguardia fue una etapa de su trayectoria: la imaginería turbadora, angustiosa y surrealista de Poeta en Nueva York se emplazó entre el andalucismo depurado de Romancero gitano y el dibujo sentimental de sus esquemáticas Canciones, que tomó dimensión más trágica en Diván del Tamarit. Otros poetas fueron siempre fieles a una temática de raíz romántica e introspectiva, como fue el caso de Emilio Prados, y otros se sintieron más cómodos en una fértil sucesión de fórmulas. Rafael Alberti fue neopopularista (Marinero en tierra), vanguardista (Cal y canto), cercano al surrealismo (Sobre los ángeles) y a la rebeldía social (Sermones y moradas), antes de convertir su importante obra de exilio en una suerte de autobiografía que abrió Entre el clavel y la espada, título revelador de 1941, y en la que mezcló llamamientos políticos, recuerdos conmovidos (A la pintura, Retornos de lo vivo lejano), experiencias y ensoñaciones de cada día. También Gerardo Diego rindió tributo al “creacionismo” en Imagen y Manual de espumas, a la vez que a la tradición clásica del soneto (Versos humanos y Alondra de verdad), sin perder de vista una “poesía de circunstancias” que, como la de Alberti, llevaba al verso sus aficiones o sus sentimientos. (...)
Hubo también empeños de plasmación de una “obra única” y continuada. Lo fue, en cierto modo, una parte de la de Pedro Salinas, que alió una convincente imaginería de vanguardia y una historia de amor (semiclandestina) en La voz a ti debida, icono de varias generaciones de poetas. Pero la ruptura del idilio evocado generó un denso e inquieto libro nuevo, Razón de amor, que se hizo todavía más reflexivo y amargo en Largo lamento (acabado en 1939 y conocido íntegramente en 1981). Jorge Guillén inició en 1919 el diseño de un Cántico, que vio la luz en 1928, pero que perduró y proliferó como la base de un libro total, Aire nuestro, que no se publicó hasta 1968: aquella salutación jubilosa a la perfección del mundo, que concibió en una playa de Bretaña, integró también, al cabo, el paso de la historia y sus desdichas (Clamor), y también el vivaz Homenaje a la creación artística ajena. El propósito de Luis Cernuda al reunir su obra como La realidad y el deseo fue diferente; no era, como en Guillén, el armonioso desenvolvimiento de un empeño, sino la suma de una biografía dolorosa, marcada por las llagas de la insatisfacción, la rebeldía y el despecho, en la que pugnaron los dos sustantivos de su título general: por ella pasaron sus acercamientos al surrealismo, al sueño clasicista (visto desde un espíritu romántico), y la voluntad de construir poemas extensos, al modo del monólogo dramático anglosajón. La poesía de Aleixandre maduró en la proximidad del surrealismo (Espadas como labios; La destrucción o el amor), pero evolucionó hacia la inmersión en lo natural, cercana al romanticismo de Hölderlin (Sombra del paraíso), y más allá se encaminó hacia una expresión fluyente y humanista, que quiso cercana al mundo real (Historia del corazón; En un vasto dominio; Poemas de la consumación). (...)
María Zambrano caviló sobre la fatalidad y sus remedios en Delirio y destino (Los veinte años de una española), una suerte de relato autobiográfico, que se publicó tardíamente, en 1989, y donde recuerda su vivencia de 1936: «Todo estaba en aquella hora ya, toda nuestra suerte. Desaparecimos en el ancho mar de la vida de todos, nos perdimos ya, generación sin personalidad, con solo una silueta, habida a pesar de ella misma: el triunfo de la esperanza que levantamos a pulso nos anegó. Luego la hora trágica volvió a levantarnos, la esperanza llevó sus víctimas, mas al hundirse en la derrota nos lanzó de nuevo a nuestra escueta vida de sobrevivientes; generación de medios seres; solo juntos haríamos un ser, un ser con toda su historia. La utopía, nuestra utopía, se nos ha cuidadosamente repartido: a vosotros, los muertos, os dejaron sin tiempo; a nosotros, los supervivientes, nos dejaron sin lugar».
La agitación política y social ("la CRISIS FINISECULAR") vivida a comienzos del siglo XX tuvo su reflejo artístico en un movimiento que reaccionaba contra el orden establecido: la vanguardia
La vanguardia supone un ataque al racionalismo y a la idiosincrasia burguesa. La crisis de valores que se produce tras la Gran Guerra causó una desconfianza hacia las democracias y favoreció la radicalización de la sociedad, que giró hacia el fascismo o el comunismo.
Durante el periodo de entreguerras se vive una auténtica revolución intelectual que nace, entre otras, de la influencia de la teoría psicoanalítica y del marxismo. Modernismo y 98 A principios del siglo XX, un grupo de jóvenes inconformistas y rebeldes, preocupados por la estética y enfrentados al Realismo precedente, reciben la etiqueta de modernistas. Son característicos del Modernismo el exotismo, el cosmopolitismo y el amor a la elegancia. Su consagración a lo estético llevó a los autores a recurrir continuamente a la mitología, a la referencia a obras de arte y a términos musicales.
RUBÉN DARÍO
Rubén Darío, nicaragüense, principal autor modernista e introductor de esta literatura en España, presenta tres etapas. En Azul… muestra la exterioridad sensible.
Manuel Machado (Alma) mezclará elementos modernistas y románticos con otros populares y andaluces. A las reflexiones profundas sumará la frivolidad, la ironía y el erotismo, para conformar una poesía muy personal.
LA COPLA
Hasta que el pueblo las canta,
las coplas, coplas no son,
y cuando las canta el pueblo,
ya nadie sabe el autor.
Tal es la gloria, Guillén,
de los que escriben cantares:
oír decir a la gente
que no los ha escrito nadie.
Procura tú que tus coplas
vayan al pueblo a parar,
aunque dejen de ser tuyas
para ser de los demás.
Que, al fundir el corazón
en el alma popular,
lo que se pierde de nombre
se gana de eternidad.
También va a ser uno de los mejores ejemplos del DECADENTISMO:
RETRATO
Esta es mi cara y ésta es mi alma: leed.
Unos ojos de hastío y una boca de sed...
Lo demás, nada... Vida... Cosas... Lo que se sabe...
Calaveradas, amoríos... Nada grave,
Un poco de locura, un algo de poesía,
una gota del vino de la melancolía...
¿Vicios? Todos. Ninguno... Jugador, no lo he sido;
ni gozo lo ganado, ni siento lo perdido.
Bebo, por no negar mi tierra de Sevilla,
media docena de cañas de manzanilla.
Las mujeres... -sin ser un tenorio, ¡eso no!-,
tengo una que me quiere y otra a quien quiero yo.
Me acuso de no amar sino muy vagamente
una porción de cosas que encantan a la gente...
La agilidad, el tino, la gracia, la destreza,
más que la voluntad, la fuerza, la grandeza...
Mi elegancia es buscada, rebuscada. Prefiero,
a olor helénico y puro, lo "chic" y lo torero.
Un destello de sol y una risa oportuna
amo más que las languideces de la luna
Medio gitano y medio parisién -dice el vulgo-,
Con Montmartre y con la Macarena comulgo...
Y antes que un tal poeta, mi deseo primero
hubiera sido ser un buen banderillero.
Es tarde... Voy de prisa por la vida. Y mi risa
es alegre, aunque no niego que llevo prisa.
Este pooema dedicado "A Alejandro Sawa" de Manuel Machado sirve de enlace entre ambos puntos de vista de la GENERACIÓN DEL 98, pues elegirá para honrar a uno de los grandes ejemplos del decadentismo nihilista y maldito, que a su vez inspirará la obra cumbre del esperpento de VALLE-INCLÁN, LUCES DE BOHEMIA:
Jamás hombre más nacido
para el placer, fue al dolor
más derecho.
Jamás ninguno ha caído
con facha de vencedor
tan deshecho.
Y es que él se daba a perder
como muchos a ganar.
Y su vida,
por la falta de querer
y sobra de regalar,
fue perdida.
Es el morir y olvidar
mejor que amar y vivir.
Y más mérito el dejar
que el conseguir.
Asimismo, también trata el tema de Castilla como sus coétaneos de la GENERACIÓN DEL 98, aunque, como podemos observar, con un enfoque diferente, donde ya se aprecia la desacralización propia de la modernidad (o, en este caso, del modernismo -en el fondo, lo que hace con el Cid se asemeja a lo que hará Joyce con Ulises-).
CASTILLA
El ciego sol se estrella
en las duras aristas de las armas,
llaga de luz los petos y espaldares
y flamea en las puntas de las lanzas.
El ciego sol, la sed y la fatiga
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
-polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.
Cerrado está el mesón a piedra y lodo.
Nadie responde... Al pomo de la espada
y al cuento de las picas el postigo
va a ceder ¡Quema el sol, el aire abrasa!
A los terribles golpes
de eco ronco, una voz pura, de plata
y de cristal, responde... Hay una niña
muy débil y muy blanca
en el umbral. Es toda
ojos azules, y en los ojos. lágrimas.
Oro pálido nimba
su carita curiosa y asustada.
"Buen Cid, pasad. El rey nos dará muerte,
arruinará la casa
y sembrará de sal el pobre campo
que mi padre trabaja...
Idos. El cielo os colme de venturas...
¡En nuestro mal, oh Cid, no ganáis nada!"
Calla la niña y llora sin gemido...
Un sollozo infantil cruza la escuadra
de feroces guerreros,
y una voz inflexible grita: "¡En marcha!"
El ciego sol, la sed y la fatiga...
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
-polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.
Sin embargo, los escritores del Grupo del 98 presentan un lenguaje sencillo y sobrio y van a dedicarse fundamentalmente a la novela y el ensayo. Creen que la poesía debe expresar una visión diferente y más profunda de la realidad de las personas, antes que producir placer estético. Unamuno escribe con versos fuertes y ritmos abruptos obras como El Cristo de Velázquez.
La poesía de Valle-Inclán queda reunida en Claves líricas, donde se refleja su evolución: Galicia, los problemas esenciales del ser humano y, finalmente, el esperpento.
ANTONIO MACHADO
Antonio Machado es un poeta dominado por la melancolía. En su primera etapa, de modernismo simbolista, escribe Soledades, galerías y otros poemas. En la segunda (Campos de Castilla) a su tendencia intimista se suma la preocupación por España y la denuncia de la perversión de las características genuinas de Castilla, que antaño fue mística y guerrera. En la tercera su poesía se depura para intentar expresar la esencia del sentimiento y opta por un tono filosófico (Proverbios y cantares). (...)
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ
Juan Ramón Jiménez concibe la poesía como belleza y como un modo privilegiado de conocimiento, que es superior al que concede la razón y que permite acercarse a lo esencial, lo universal y lo eterno. Incapaz de mejorar la realidad, el poeta debe crear otra realidad sencilla y hermosa. Comienza escribiendo con un estilo intimista y sencillo, de suave musicalidad y fuerte influencia becqueriana (Arias tristes). Pronto asume los aspectos más externos y vistosos del Modernismo (Poemas mágicos y dolientes). Después opta por la poesía pura e intelectual: despoja su obra de adornos, elimina lo narrativo y concentra los conceptos y los sentimientos. Estos poemas son densos y breves (Diario de un poeta recién casado). Finalmente escribe lo que se ha llamado poesía verdadera, que buscaba la perfección y depuración de las formas. Esta poesía explora el ámbito de lo trascendental, de lo divino, incluso de lo místico, con ciertas dosis de panteísmo (Dios deseado y deseante). Platero y yo es un libro tierno y sensible, en el que el autor emplea una prosa tan delicada que se ha dado en llamar prosa poética. Platero es el burro del poeta y el libro cuenta la conmovedora relación entre ellos. (...)
Los movimientos de vanguardia, también denominados ismos, quieren romper con la lógica y el sentimentalismo, y van en contra de la técnica y el clasicismo. Son muy abundantes y fugaces, y buscan la originalidad y la creatividad mediante la experimentación. El futurismo, caracterizado por la modernidad y la velocidad, y fundado por Marinetti, rechaza radicalmente el pasado, muestra atracción por las máquinas de reciente creación y por la violencia y se inclina hacia el progreso técnico y la modernidad. Entre sus técnicas están la destrucción de la sintaxis y la omisión de los signos de puntuación. El dadaísmo, de Tristan Tzara, pretende destruir la cultura, la expresión, el arte. Rastrea lo más primitivo del hombre, de ahí que busque lo absurdo y lo infantil. El cubismo, cuyo principal exponente es Apollinaire, creador de los caligramas, pretende plasmar la realidad desde diferentes puntos de vista simultáneos. El surrealismo, fundado por André Breton, es el movimiento más longevo y el que más obras produce. Muestra interés por el subsconciente, los sueños y los mecanismos mentales no sometidos a la razón. Su base intelectual es el psicoanálisis y utiliza como técnica la escritura automática mediante el alcohol, el sueño o cualquier proceso que libere al individuo del control de sus propios procesos mentales. El expresionismo recurre a métodos que reflejen el horror de la guerra, el miedo, la destrucción global. Movimientos de vanguardia en España En España también se desarrollaron movimientos de vanguardia. El ultraísmo, con Guillermo de Torre a la cabeza, forja una poética nueva buscando interpretaciones originales a situaciones y objetos cotidianos y renunciando al sentimiento. El creacionismo pretende crear el mundo con las palabras del poeta. Resulta fundamental la aportación de Juan Larrea y del chileno Vicente Huidobro (Altazor), que realizó textos de gran calidad en los que exhibió una inusual creatividad y una gran capacidad para la invención de nuevas imágenes. Ramón Gómez de la Serna fue un gran agitador de la conciencia de los escritores y trajo a España el gusto por las vanguardias europeas. Su visión fragmentaria de la realidad se refleja en sus greguerías, breves composiciones con imágenes sorprendentes, que funden el lirismo con el humor y lo absurdo. Conclusión El Modernismo supone el intento de reivindicar la belleza y la elegancia por sí mismas y el deseo de trascender la cruda realidad cotidiana para alcanzar un reino de fantasía. El Grupo del 98 aborda dos temas que siguen manteniendo su absoluta vigencia: el de la esencia de España y el del sentido de la vida. Las vanguardias culminan el grito de rebeldía que comenzó con el Romanticismo y se lanzan a la búsqueda de un arte que rompa con el realismo, con la lógica, con el sentimentalismo y con toda norma. El Grupo del 14 concentra el esfuerzo de un conjunto de escritores comprometidos con la búsqueda de un arte nuevo que rescate a España de su aislamiento y la incorpore a los movimientos de vanguardia que se desarrollan en el resto de Europa. (...)
EL MÁXIMO REPRESENTANTE DE LAS VANGUARDIAS EN ESPAÑA
ES RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA:
La estrecha relación entre creación y premeditación literarias fue también un rasgo capital en Ramón Gómez de la Serna, para quien la autonomía estética no era, como en el caso de Jiménez, una indagación sobre la unidad del ser sino una inquietante pesquisa sobre la imprevisibilidad de un mundo disperso y sorprendente. El escritor viene a ser, en consecuencia, una suerte de atónito testigo, o a menudo incluso víctima, como reflejan alguna de sus novelas –El incongruente, y su larga autobiografía que llamó expresivamente Automoribundia. Se inició en el modernismo radical e insomne de su revista Prometeo y en ella descubrió la realización lingüística de la intuición instantánea de la vida y la realidad: lo que llamó “greguería” (palabra que significa usualmente griterío o bulla), un texto breve que a veces es la formulación de una sorprendente equivalencia o de una sospecha, que (como escribió su inventor) viene definida por la suma de “metáfora más humorismo”. La aplicó en forma monográfica a algunas de sus obsesiones más tenaces (en El Rastro, a la disolución del valor de los objetos; en El circo, a la exaltación de lo imprevisto; en Senos, al culto fetichista y algo edípico de lo femenino). Pero la greguería fue también el instrumento que dio carácter a sus biografías (las escribió de Azorín, Valle-Inclán y el pintor Solana, entre otros) y a sus novelas. Cuidó siempre la proyección pública de su imaginación y ejerció desde 1914 la jefatura de una singular tertulia que tuvo mucho de moderno happening o performance: las “sabatinas” del café de Pombo, que censó en los libros Pombo y La sagrada cripta de Pombo.
(Fragmento extraído de Historia mínima de la literatura española de José Carlos Mainer)
No fue casual que también en la primavera de 1925 José Ortega y Gasset publicara en un volumen dos ensayos: La deshumanización del arte e Ideas sobre la novela, que hablaban fundamentalmente de una nueva relación de las artes con el público. Como su mismo título indicaba, La deshumanización del arte proclamaba el fin de la complicidad romántica de lo estético —la música, a la que se refiere en especial, pero también la literatura y la pintura— y el sentimentalismo burgués. Había sonado la hora final del trascendentalismo, tantas veces fingido, y la llegada de una creatividad provocativa y joven, que prefería el riesgo de una metáfora difícil a la caricia de un halago dulzón. Y si el arte nuevo era por naturaleza provocativo y rompedor, los relatos —como se leía en Ideas sobre la novela— habían de abandonar su labor notarial respecto a los conflictos y pasiones de la vida social y hacerse más morosos, íntimos y refinados, más analíticos de momentos difusos que de caracteres estables, más sutiles que masivos (la música de Debussy frente a la de Beethoven había sido el motivo inspirador del primer ensayo; una lectura admirativa de las novelas de Marcel Proust lo fue del segundo). Los interesados por lo nuevo —desde la explosión vanguardista que precedió a la guerra de 1914 hasta el recién nacido surrealismo de 1924— tuvieron su mejor vademécum en el concienzudo repertorio de Literaturas europeas de vanguardia que Guillermo de Torre publicó en la nueva editorial Caro Raggio en este año de 1925. Previamente, su joven autor (nació en 1900) había librado todas las batallas del ultraísmo desde noviembre de 1919, siempre en la línea de la ruptura estética y lejos de la otra componente del movimiento, más cercana a un radicalismo bohemio y romanticoide.
Periodista, escritora (representante de la Generación del 98), traductora y activista por los derechos de la mujer. Tuvo que usar pseudónimos para poder publicar sus escritos: por ejemplo, se hizo llamar "Colombine", "Gabriel Luna", "Perico el de los Palotes" o "Marianela".
Es considerada la primera periodista profesional de España y fue corresponsal de guerra:
Sufrió persecución por parte de la Iglesia por sus artículos a favor del divorcio o del sufragio femenino.
Escribió casi doscientas obras: un centenar de novelas cortas, cuentos, ensayos, biografías, libros de viajes, crónicas periodísticas y traducciones. Toda esta literatura fue prohibida tras la guerra civil porque su mensaje atentaba contra el nacionalcatolicismo imperante. Pero su importancia fue enorme. Vivió a caballo entre la generación del 98 y los movimientos de vanguardia. Alcanzó gran fama en España pero también en América y Europa, hasta llegar a convertirse en la voz más autorizada del feminismo y la lucha por las libertades civiles en nuestro país.
A finales de 1906 retomó su labor docente y periodística y lanzó una campaña en el Heraldo de Madrid a favor del sufragio femenino con una columna titulada «El voto de la mujer». A su regreso de Francia creó una reunión semanal denominada ‘La tertulia modernista’, a la que acudían escritores, periodistas, músicos, artistas plásticos, poetas y artistas extranjeros de paso por Madrid. Allí conoció a Ramón Gómez de la Serna, entonces un desconocido estudiante de diecinueve años, veinte años menor que ella, que se convierte en su admirador y amante.
En el año 1908, Carmen funda la Alianza Hispano-Israelí en defensa de la comunidad sefardita internacional. La difusión de la misma se realiza a través de la Revista Crítica. Tras el desastre del barranco del Lobo en el Rif en 1909, Carmen de Burgos decidió acercarse a las tropas españolas que luchaban alrededor de Melilla. Allí ejerció de corresponsal de guerra del diario El Heraldo de Málaga. Una vez de vuelta a Madrid publicó el artículo ¡Guerra a la guerra! en el que defendía a los pioneros de la objeción de conciencia (algo que no se generalizaría hasta 80 años más tarde). (...)
Además de su intensa obra periodística son destacables sus conferencias en el ámbito del movimiento feminista; como por ejemplo: La misión social de la mujer (1911) y La mujer en España. Entre sus novelas más populares puede citarse Puñal de claveles, escrita al final de su vida y basada en el suceso conocido como el «crimen de Níjar», que tuvo lugar el 22 de julio de 1928 en el Cortijo del Fraile, en los Campos de Níjar, y que fue una de las inspiraciones con que contó Federico García Lorca para sus Bodas de sangre.
Se le considera una de las primeras defensoras del papel social y cultural de la mujer. Defendió asimismo la libertad y el goce de existir. Decididamente independiente, creyó en un mundo mejor y fue una temprana "feminista", aunque ella odiaba ese término.5 En su obra La mujer moderna y sus derechos (1927) definía su postura como un feminismo conciliador al explicar: «No es la lucha de sexos, ni la enemistad con el hombre, sino que la mujer desea colaborar con él y trabajar a su lado».5 No fue muy bien considerada por un importante sector de los críticos y escritores contemporáneos, que en muchas ocasiones colocaron su labor y su obra relegada y reducida a la condición de «amante» de Ramón Gómez de la Serna.
En España (...) hay un gran número de hombres jóvenes que trabajan por un ideal vago. Esta gente joven no puede unir sus esfuerzos, porque no es posible que tenga un ideal común. Dada la pereza intelectual del país, dada la pérdida nacional del sentido de moralidad, lo más lógico es presumir que, de estos jóvenes -siguiendo el camino de la mayoría de los hombres de la generación anterior-, los afortunados engrosarán los partidos políticos, vivirán en la atmósfera de inmoralidad de nuestra pública, y los fracasados irán a renegar constantemente del país y de los gobiernos en el rincón de una oficina o en la mesa de un café.
¿Se puede creer que esta fuerza de toda esa gente es inútil, sin aplicación, que no tiene nada aprovechable? No. La cuestión es saberla aplicar, la cuestión es encontrar algo que canalice esa fuerza, algo que sirva de lazo de unión entre todas esas energías dispersas y sin rumbo.
No puede servir de base (...) ni siquiera el ideal democrático, porque si muchos creen en la virtualidad de la democracia, otros la consideran como un absolutismo del número, que no ha producido ni producirá liberación de la Humanidad, sino una especie de nuevos privilegios a favor de los más audaces y de los más indelicados.
Sin embargo, de esta disparidad de ideas y sentimientos, hay entre todos los jóvenes (...) en todos los que consciente o inconscientemente no están inmovilizados en el cielo de Zarathustra, un deseo altruista, común, de mejorar la vida de los miserables.
Y es mejoramiento sólo lo puede dar la ciencia (...)
Aplicar los conocimientos de la ciencia en general a todas las llagas sociales (...) Poner al descubierto las miserias de las gentes del campo, las dificultades y las tristezas de millares de hambrientos (...)
Y después de esto, llevar a la vida las soluciones halladas (...) no mostrarlas fríamente, sino propagarlas con entusiasmo, defenderlas con la palabra y con la pluma (...)
Machado fue, como él mismo diría, “un pobre modernista del año tres” (que fue el año de redacción de su primer libro, Soledades); su modernismo asordinado se complacía en la contemplación emotiva del paisaje castellano, la melancolía convertida en rutina y la dolorosa percepción del paso del tiempo. Tras una admirable refundición del primer título como Soledades. Galerías. Otros poemas, en 1907, apareció su vinculación a una visión populista y más radical de su país (perceptible en la noble retórica de Campos de Castilla), a la que pronto se incorporó una temprana conciencia del agotamiento poético y un renovado interés por el problema filosófico del sujeto, tanto en su relación con el mundo como, sobre todo, en la dialéctica del otro: la realidad de aquel tú que le parecía tan importante como la del yo. No abandonó la poesía lírica, como demostraron sus Nuevas canciones, pero las sucesivas ediciones de sus Poesías completas incorporaron, además de algún poema más, unos apuntes de jugosa prosa. En ellos trasladó sus cogitaciones y su sentido del humor a una pareja de “apócrifos” que llamó Abel Martín y Juan de Mairena, a los que situó en el último tercio del siglo XIX; el segundo dio título a un espléndido libro misceláneo de 1936, Juan de Mairena. Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo; luego lo hizo sobrevivir para poner a su nombre la reflexiones prorrepublicanas que publicó durante la Guerra Civil. (...)
La poética modernista fue acogida por una larga nómina de autores que llenaron antologías como La corte de los poetas; La musa nueva y Parnaso español: alcanzaron popularidad indiscutible Salvador Rueda y Francisco Villaespesa, pero, sobre todo, Manuel Machado, a quien se debe lo mejor del modernismo inquieto (Alma), la perfección del parnasianismo culturalista (Museo; Apolo [teatro pictórico]) y sobre todo, la introducción de la estética –entre cínica y contrita– de la mala vida (El mal poema), muy ligado todo a su atención a la copla flamenca (Cante hondo). Pero lo mejor de la poética modernista española fue el precoz tono meditativo y descriptivo, tempranamente posmodernista, rumbo marcado por los propios hermanos Machado (...).
La copla
Hasta que el pueblo las canta,
las coplas, coplas no son,
y cuando las canta el pueblo,
ya nadie sabe el autor.
Tal es la gloria, Guillén,
de los que escriben cantares:
oír decir a la gente
que no los ha escrito nadie.
Procura tú que tus coplas
vayan al pueblo a parar,
aunque dejen de ser tuyas
para ser de los demás.
Que, al fundir el corazón
en el alma popular,
lo que se pierde de nombre
se gana de eternidad.
Ocaso
Era un suspiro lánguido y sonoro
la voz del mar aquella tarde… El día,
no queriendo morir, con garras de oro
de los acantilados se prendía.
Pero su seno el mar alzó potente,
y el sol, al fin, como en soberbio lecho,
hundió en las olas la dorada frente,
en una brasa cárdena deshecho.
Para mi pobre cuerpo dolorido,
para mi triste alma lacerada,
para mi yerto corazón herido,
para mi amarga vida fatigada…
¡el mar amado, el mar apetecido,
el mar, el mar, y no pensar nada…!
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ
Sus estampas en prosa Platero y yo (Elegía andaluza), libro para niños y mayores, deben verse como la depuración del pasado regionalista y la conquista de una nueva conciencia sensitiva, que precedieron al decisivo Diario de un poeta reciencasado (1916). En estas notas de viaje (en prosa y verso) indagó la relación del yo con el incitante mundo exterior y con su querencia por el ayer y creó un lenguaje que expresaba vivazmente ese conflicto, gracias a la ductilidad del verso libre, y, en no menor grado de importancia, a su entrega al amor y a la sugestión equívoca de la ciudad moderna (Nueva York). La condición de “diario” y de “itinerario” de su libro le persuadieron de que cada poema era estadio provisional de una “obra en marcha”, sometida a permanente revisión y a la honda seguridad de un “oficio” gozosamente asumido, como reveló su Segunda antolojía poética, uno de los libros más influyentes de la poesía hispánica del siglo pasado. Entre el Diario y su gran poema “Espacio” –que anticipaba su gran proyecto final, el conjunto de Animal de fondo y Dios deseado y deseante– hubo una línea de continuidad y ahondamiento que se resolvió en ciclos temáticos, aforismos, páginas críticas y ensayos para los que siempre soñó alguna forma de ordenación conjunta: una “Obra” total que tenía que ver con “Le Livre” único que soñó Stéphane Mallarmé y que confluía con la línea dominante de los grandes poetas del siglo. (...)
La vida intelectual de la España de 1939 sufrió la muerte, ausencia o silenciamiento de sus mejores valores y, de añadidura, la dura represión de cualquier disidencia presente y pasada: la “nueva España” de Franco execró el legado ilustrado del XVIII, el liberal del XIX y el progresismo del XX, que resumió en la pintoresca expresión de “contubernio judaico-masónico-marxista”. Pero lo cierto es que el propósito de ordenar la vida intelectual conforme a las pautas del franquismo nunca gozó ni de prestigio ni de autoridad moral suficientes, quizá porque “el régimen” (como lo llamaron muy pronto tirios y troyanos) fue una amalgama de intereses de poder y dinero, obstinadamente referidos a la victoria militar sobre la “anti-España” y cohesionados por un catolicismo que prevaleció muy pronto sobre un fascismo que tampoco tuvo nada de laicista. (...)