El día de Nochevieja vi antes que ustedes a Chenoa embutida en el maravilloso vestido de lentejuelas blancas con el que recibiría 2026. Me tocó darle al botón de publicar un artículo en el que se glosaba su exquisito estilismo mientras caía el carrillón de la Puerta del Sol. Aún pensábamos a esas horas que tal veleidad inofensiva podía ser una de las noticias que más clics atraería en los primeros días del año. Qué alegría me dio verla tan guapa. Laura Corradini es una tipa trabajadora, hecha a sí misma, valiente y risueña que sabe transmitir alegría pero no predica ese optimismo ridículo motivacional de los self-made men con papás ricos. Ella no neutraliza su desgracia ni ve recipientes llenos donde solo hay orinales herrumbrosos. Tanto es así que una vez fue capaz de bajar a su portal mucho menos elegante que el pasado 31, vestida con un chándal gris jaspeado ligeramente patético, justo después de que le rompiese el corazón un rey del villancico. Sin disimulo dijo: “No lo estoy pasando bien”. Con el vestido de lentejuelas por fin se hizo justicia.
Hay algo profundamente dramático y a la vez deshonroso en aparecer ante las cámaras con un chándal de andar por casa: es el estadio anterior al culo al aire que se ve a los viejitos en los hospitales. Esa prenda emana el olor a rancio de una noche de mocos y flemas. No es casual, pues, que Estados Unidos nos mostrara como prueba de vida de Nicolás Maduro una foto tras su “captura” (las comillas son para los escépticos) en la que va vestido con un chándal gris jaspeado muy parecido al de Chenoa.
Al final la noticia con más clics de los primeros días de enero está siendo otra (megalómano secuestra a sátrapa) y millones de personas, algunas razonablemente liberadas, otras llenas de un optimismo negacionista, se empeñan en escuchar fuegos artificiales donde hay bombas, ver justicia donde hay fuerza bruta y leer buenos augurios donde hay hechos muy inquietantes. Uno de ellos es que las ventas del chándal gris de Maduro se han disparado.
RAQUEL PELÁEZ. 06/01/2026. EL PAÍS
EL CHÁNDAL DE MADURO
La foto lo tenía todo para convertirse en meme: un encuadre pésimo, mala definición, un objeto de consumo reconocible y un protagonista en un gesto extraño. “Nicolás Maduro a bordo del USS Iwo Jima”, escribió Donald Trump al compartirla el pasado sábado en su canal de comunicación, la red Truth Social. La instantánea que daría la vuelta al mundo en cuestión de segundos confirmaba gráficamente la captura del líder venezolano. Una imagen histórica para nada inocente.
Vestido con un chándal gris de la marca deportiva Nike, Maduro aparece de pie, inmovilizado por unas esposas y sin la posibilidad de ver ni oír por la imposición de un antifaz y canceladores de sonido. Esa pose vulnerable y desvalida del líder venezolano buscaba el mismo efecto que las instantáneas virales de otros líderes apresados en tiempos de internet. Hombres caídos, hombres débiles: hombres despojados de todo poder.
La de Maduro recuerda a la captura de Sadam Husein en 2003, despeinado y con la barba llena de tierra, tirado en el suelo y exhibido como un trofeo de caza por los soldados estadounidenses en una foto amateur y mal encuadrada. O las instantáneas pixeladas y sangrientas que distribuyó Reuters de los tres guardaespaldas de Osama Bin Laden asesinados en mayo de 2011 durante su la operación militar en su casa de Abbottabad (Pakistán). Esas serían las únicas imágenes disponibles de aquella intervención porque Obama se negó a usar la foto del líder de Al Qaeda muerto como propaganda política: “No se trata de algo que haya que celebrar como si hubiéramos metido un gol; no somos así”, dijo el entonces presidente sobre por qué la Casa Blanca no iba a hacer públicas las fotos de la muerte del líder de Al Qaeda.
En 2025 el mundo habrá normalizado el uso de chándal y la ropa deportiva en su día a día, pero la foto de Maduro esposado es pura ideología en la semántica masculinista y reaccionaria del poder trumpista, lista para ser replicada hasta el infinito. Una imagen para simbolizar aquella infame cita que popularizó Karl Lagerfeld: “Has perdido el control de tu vida, así que te has comprado un chándal”.
En cuestión de horas, ese conjunto deportivo reconocible por su logo se ha convertido en noticia y material satírico reproducido hasta la náusea. Desde la IA mostrando a actores famosos vistiéndolo a webs rascando algo de tráfico con titulares como Dónde comprar el chándal que vestía Nicolás Maduro cuando fue detenido: materiales sostenibles y un alto precio (El Heraldo), De Venezuela a LaLiga: el chándal viral de Maduro es el mismo que el del RCD Mallorca (Marca) o Nike agota el chándal que llevaba Maduro durante su captura: “Ya tengo mi disfraz de Halloween” (20 minutos). En Instagram, la editorial argentina Caja Negra interpretaba el absurdo furor por el chándal recurriendo a una cita de uno de los autores de su catálogo, Guy Debord: “El movimiento de banalización que, bajo las diversiones coloridas del espectáculo, domina mundialmente la sociedad moderna también domina en cada uno de los puntos donde el consumo desarrollado de las mercancías multiplicó en apariencia los roles y los objetos que pueden escogerse. El espectáculo es una guerra del opio permanente para hacer que se acepte la identificación de los bienes con las mercancías. El valor de cambio termina por hacer la guerra por su propia cuenta”.
En el ensayo En defensa de la imagen pobre, la videoartista, profesora y teórica Hito Steyerl reflexionó sobre por qué las imágenes de estética burda, las “imágenes pobres”, funcionan tan bien en los regímenes de producción y circulación de las imágenes digitales. Nada gusta más a internet que una imagen descuidada para reproducirla y despedazarla hasta el infinito. Así que tiene lógica que, en tiempos de guerra, donde reina el desorden y el descontexto, la propaganda se suministre con imágenes pobres. Y con un chándal disponible (cuando deje de estar agotado) en tienda física y online por unos 200 euros.
NOELIA RAMÍREZ. 06/01/2026. EL PAÍS



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