NOELIA CASTILLO ERA MAYOR DE EDAD
Noelia Castillo era una persona mayor de edad con plena capacidad para decidir sobre su vida y su muerte. Así consta en cinco (¡cinco!) dictámenes de sendos tribunales y en los informes neurológicos, psiquiátricos y psicológicos incluidos en el expediente de la comisión que evaluó su caso y le concedió el derecho a la eutanasia en abril de 2024. Pero una parte de la sociedad española, en la que se incluía a su padre, no le reconoció esa mayoría de edad. Noelia Castillo fue tratada como una niña cuya conducta puede ser reeducada, una niña que solo necesitaba cariño y atención.
Incluso en su última aparición televisiva, dos días antes de su muerte, se la consideró víctima de la manipulación morbosa. Se cuestionó su libertad para aparecer donde le diera la gana y decir lo que le apeteciese, como si una mujer adulta no pudiese discernir el alcance de sus palabras ni tuviera soberanía sobre su voz y su imagen. La forma en la que se la ha nombrado estos días es otro síntoma de infantilización: es Noelia a secas, como se llama a los niños, sin apellido, sin la distancia debida.
Yo no puedo afirmar categóricamente, como hacen tantos, que la sociedad falló a Noelia Castillo. Sí puedo asegurar que el Estado le falló dolorosamente en estos dos años. La ley de eutanasia, concebida para mitigar el sufrimiento, lo exacerbó con una letra pequeña demasiado permeable al intrusismo. Hay que rehacerla para evitar que la decisión libre y consciente de una ciudadana adulta vuelva a verse cuestionada y boicoteada por personas ajenas a quienes no debería reconocérseles el menor derecho de injerencia. Ya que la sociedad española se ha mostrado incapaz de aceptar la voluntad de una mujer adulta, que al menos la ley la proteja de las tretas de quienes pueden estar en su derecho de no comprender, pero tienen la obligación de acatar. Que garantice su derecho y no permita que sus dos últimos años sean una pesadilla de recursos y sentencias.
Siento una vergüenza atroz por las declaraciones políticas, por las sobreactuaciones de ciertos pianistas que creen poder salvar a cualquier persona con tres frases baratas de autoayuda, por las vigilias y los rezos y por la moralina que aún atufa España entera. El mundo fue muy cruel cuando abandonó a Noelia Castillo a una vida de dolor, pero fue mucho peor cuando se compadeció de ella y quiso salvarla, anulándola y negándole su ser.
SERGIO DEL MOLINO. 29/03/2026. EL PAÍS
1.1 Indique el tema y las ideas principales del texto. (0,75 p.) [4-5 líneas]
1.2.Redacte un texto argumentativo (introducción, argumentos/contraargumentos y conclusión) partiendo de la tesis o de las ideas relevantes del texto. (2 p.) [20-25 líneas]
2. Indique y justifique las características de las tipologías textuales presentes en el texto y las funciones del lenguaje predominantes en él.
4.1. Identifique un campo semántico formado tres palabras (como mínimo) y su hiperónimo. (0,5 p.)
4.2. Identifique 3 elipsis y 3 anáforas, y explique qué tipo de cohesión establecen. (0,5 p.)
UN PROGRESO HACIA EL PRECIPICIO
Si Noelia Castillo hubiera muerto en octubre de 2022, cuando se arrojó desde un quinto, nadie habría conocido su nombre, habría sido la suicida número 4.228. Pero, aun sin rostro, como parte de una estadística, habríamos lamentado su muerte, nos habríamos preguntado qué falló, nos habría provocado escalofríos recordar que la primera causa de muerte juvenil sea el suicidio, habríamos debatido sobre la ineficacia del sistema público a la hora de tratar los problemas de salud mental, habríamos reflexionado sobre esta sociedad rota que empuja a los más vulnerables a la desesperación.
Pero Noelia no murió aquel día, como tampoco lo hizo en sus anteriores intentos autolíticos, sino que quedó parapléjica. Y el dolor físico se sumó al psicológico —había sido diagnosticada con trastorno límite de la personalidad (TLP), trastorno obsesivo compulsivo y depresión—. Dos años después de arrojarse al vacío pidió la eutanasia, que acabó ejecutándose este jueves. Y una parte de la opinión pública que habría llorado su suicidio si lo hubiera conseguido llevar a cabo en 2022, tras ser abusada sexualmente, lo celebró esta semana como una conquista. Como si lo que mediara entre una tragedia evitable y una muerte digna fuera poder remitirse al BOE o al veredicto funcionarial.
Los familiares y amigos de Noelia estaban de acuerdo en algo: el dolor físico que padecía no imposibilitaba su vida y lo que más le hacía sufrir era su condición psiquiátrica. Ninguno de ellos estaba conforme con su decisión y todos tenían la esperanza de verla mejorar con la terapia correcta. Pero los expertos no opinaron lo mismo, los últimos desde Estrasburgo, a cientos de kilómetros del hospital en el que Noelia pasó sus últimos años. Era, por cierto, un sociosanitario cuya planta baja, en la que vivía la joven, está dedicada al cuidado de ancianos.
Pero no es momento de denunciarlo. Parece que no es legítimo preguntarse si Noelia recibió la atención que necesitaba y merecía por parte del sistema público, que la tuteló desde su adolescencia. Que esta no es la semana para hablar de lo deficitaria que es la cobertura de la salud mental en España, que es un escándalo señalar la extracción social de Noelia (¿creen que este caso se habría producido si se apellidara Fitz-James?), que no es oportuno mencionar que quienes padecen TLP tienen un 70% de probabilidades de intentar suicidarse. Parece que es una locura mencionar que el debate sobre la eutanasia no se agota ni mucho menos en la cuestión legal, que es un delirio contemplar que la Administración pueda equivocarse o tener sesgos, que no es pertinente preguntarse por las puertas que abre este caso en relación a la concepción social del suicidio.
Parece que es improcedente recordar que la voluntad de morir de Noelia sí tuvo fisuras —en 2024 escribió una carta en la que pedía seis meses más para decidir sobre su muerte—, o que las primeras profesionales que la apoyaron, una médico y una psicóloga, renunciaron al caso después de esto. Parece que es una vergüenza empatizar con un padre que ha hecho lo que haríamos muchos en su caso, independientemente de nuestros errores: intentar agotar todas las opciones antes de ver cómo una hija se quita la vida.
Si vuestro progreso pasa por callar todo esto, por constreñir la realidad en una Ley Orgánica, por reducirlo todo a una pugna ideológica —hoy contra Abogados Cristianos, mañana contra quien toque—, por concebir la libertad como un fin en sí mismo, por permitirnos hablar de muerte digna mientras no somos capaces de garantizar vidas dignas, podéis quedároslo. Porque es un progreso hacia el precipicio.
ANA IRIS SIMÓN. 28/03/2026
¿QUÉ NECESIDAD HABÍA, SONSOLES?
Sonsoles Ónega lo llamó “ejercicio de confianza periodística”. Pero han pasado varias horas y yo aún no sé cómo llamarlo. Estoy llena de dudas, y se me escapan las palabras como se me escaparon los suspiros con el programa Y ahora Sonsoles.
La presentadora repitió varias veces que lo que íbamos a ver estaba “autorizadísimo” por Noelia Castillo Ramos. De hecho, contaron que fue la propia Noelia la que solicitó ver a un equipo del programa para dibujar sus últimas horas antes de que le practicaran la eutanasia que había solicitado. Ella ya había explicado una y mil veces los motivos que le llevaban a querer dejar de sufrir, igual que habíamos escuchado los intentos para que cambiara de opinión. Pero lo de ayer, insisto, fue otra cosa.
Me pregunto, tras reposar lo visto, si era necesario seguir hurgando en esa herida con una cámara encendida delante. Si era pertinente hacerle una autopsia a las razones y a los detalles. Asistir a las tensiones y a las dudas entre madre e hija, la despedida de la abuela Carmen y los besos sonoros, la comida favorita de su nieta. La historia de una de tantas familias desestructuradas y rotas, precarias. Si le llamamos morbo o simplemente contexto. El repaso a las fotos de la infancia en el sofá de la casa de “la yaya”, lo que llevará puesto Noelia el día en que esté junto a su médico. Por supuesto, la música de piano de fondo, los gestos afectados y sobreactuados del plató. Las palabras huecas, que fagocitan cualquier atisbo de cordura, que también la hubo.
“Es duro, ¿eh?”, insistía Ónega antes de dar paso a los colaboradores, dar paso a publicidad para después volver con Roberto Brasero para hablar de la borrasca Therese, luego otra autopsia en directo, la de Francisca Cadenas. Hay días en los que es todo tristeza, es invierno total, que decía Rosa Benito.
Pero ese hueso aún podía dar más caldo, quedaba la conexión en directo con Yolanda Ramos, madre de Noelia, que prefiere que la llamen Loli. Una mujer que era más bien un polvorín de vulnerabilidad, a escasas horas de que su hija fallezca. Lo que contó no aporta más que una dosis extra de dolor a su relato, la locuacidad de una madre que asiste a lo que no debería pasar nunca, sobrevivirle a un hijo. Otra cámara la enfoca esta vez hasta exprimir bien el limón. Se hace largo, muy largo. “Ni un minuto más le robamos a esta madre”, dice la presentadora.
“No sabemos a lo que estamos asistiendo”, dijo Begoña Villacís nada más serle concedido el turno de palabra. Cinco párrafos después, yo tampoco.
ÁNGELES CABALLERO. 26/03/2026. EL PAÍS
LOS BULOS CONTRA NOELIA Y LA EUTANASIA
La aparición de Noelia Castillo en televisión pocas horas antes de recibir la eutanasia ha desatado una oleada en redes sociales para expresar la oposición a la muerte de la joven parapléjica de Barcelona. “No lo hagas”, “Dios te ama”, “reza por Noelia”, repiten quienes rechazan la decisión tomada por la catalana y avalada por la Administración y por los tribunales. Muchos de esos mensajes, acompañados de fragmentos de la extensa entrevista que ha concedido al programa Y ahora Sonsoles, de Antena 3, plantean solo el deseo de que siga viviendo. Pero otros, lanzados desde grupos y cuentas ultras, se fundamentan en interpretaciones erróneas de las palabras de Noelia y, también, en bulos. Algunas de esas falsedades pueden ser desmentidas si se analiza el expediente sanitario y administrativo del caso Noelia, al que ha accedido EL PAÍS.
Violada por extranjeros en un centro
Uno de los mensajes más difundidos en X señala, con diferentes variantes, que cuando Noelia fue apartada temporalmente de sus padres y puesta a disposición de los servicios sociales de la Generalitat, fue violada “en manada” por un grupo de “menas” (acrónimo de menores extranjeros no acompañados) o de “inmigrantes ilegales”, que serían en todo caso los culpables de todo lo que le pasó después: el intento de suicidio que la dejó parapléjica y su idea de recibir la eutanasia. De ello se ha hecho eco, entre otros, el líder de Vox, Santiago Abascal:
“Estoy muy afectado por esta noticia. El Estado le quita a una hija a sus padres. Los menas la violan. Y la solución que le da el Estado es suicidarla. La España de Sánchez es una película de terror”.
No hay evidencias de que ese episodio ocurriera y fuera la causa de su intento de suicidio. En la entrevista, Noelia no sitúa ninguna agresión sexual en ese contexto. La joven relata tres episodios. El primero ocurrió, cuenta, con un chico que fue su pareja durante cuatro años y que una noche abusó de ella, después de que ella se hubiera tomado unas pastillas para dormir. El segundo, en una discoteca, cuando “dos chicos intentaron abusar sexualmente” de ella, relata. Y el tercero, también en una discoteca, cuando explica que le agredieron “tres chicos a la vez”; añade que eso ocurrió “tres o cuatro días antes” de tirarse por el balcón, en un quinto piso: el 4 de octubre de 2022, cuando tenía 21 años. Ese intento de suicidio fue el que le provocó una “paraplejia completa”.
Fuentes de la Dirección General de Prevención y Protección de la Infancia y la Adolescencia (DGPPIA) de la Generalitat han confirmado esta tarde que “no existe ningún incidente de agresión sexual registrado” en los dos centros residenciales donde Noelia permaneció entre julio de 2015 y febrero de 2019, cuando salió del sistema, ya mayor de edad, “de manera voluntaria”.
“Primera eutanasia por depresión”
Otra idea ampliamente difundida en redes es que España aplicará la primera eutanasia de su historia a una persona “por depresión”. Cuentas como la de la exdiputada de Vox Macarena Olona lo han difundido: “En 24 horas, Noelia será la primera persona en recibir la eutanasia por depresión en España”. La realidad es bastante más compleja. Según los informes de psiquiatría de su historia clínica, Noelia presenta “síntomas depresivos de forma crónica”, así como un “trastorno de adaptación con síntomas de ansiedad y de depresión”. Los informes descartan, sin embargo, que sufra un trastorno depresivo mayor que merme su capacidad de decidir. La propia Noelia cuenta en la entrevista que toda su vida se ha sentido “sola”, que antes de arrojarse por el balcón se había intentado suicidar, que había estado en psiquiátricos e incluso que tenía visiones sombrías sobre la vida (“no me gusta donde va el mundo”, dijo en la entrevista). Pero la “depresión”, en cualquier caso, no fue la razón por la que se le concedió la eutanasia.
Noelia solicitó la prestación de ayuda a morir tras los padecimientos que le provocó la paraplejia. El pleno de la Comisión de Garantía y Evaluación de Cataluña (CGAC) se la concedió por unanimidad el 18 de julio de 2024 al considerar que presentaba “una situación clínica no recuperable” que le producía “una dependencia grave, dolor y sufrimiento crónico e imposibilitante” con incidencia en su autonomía y en sus actividades diarias. Cumplía, por tanto, los requisitos que fija la ley y así lo han ratificado todas las sentencias judiciales que han avalado la legalidad de la eutanasia.
En su demanda para impedirlo (y que ha tenido varada la eutanasia un año y ocho meses), el padre de la joven alegó que su hija no está capacitada para decidir. Noelia, como admite en la entrevista, sufre transtorno obsesivo compulsivo (TOC) y transtorno límite de la personalidad. Pero, según el criterio clínico de los especialistas en psiquiatría que la han atendido, “puede entender la gravedad de la medida que solicita y, por tanto, actuar en cuenta propia”. Sus patologías “no condicionan su capacidad de tomar decisiones”, avalaron los psiquiatras, neuropsicólogos y psicólogos que la atendieron. Y así lo han ratificado también las distintas sentencias, desde la primera que dictó un juzgado contencioso de Barcelona: “La capacidad [de Noelia] para tomar la decisión ha quedado acreditada”.
Minimizar el dolor
Otro de los argumentos extendidos por redes, tras la difusión de la entrevista de Noelia, es la idea de que físicamente no está tan mal. Muchos mensajes minimizan su dolor porque no se la ve del todo inmóvil, o incluso porque se observa cómo, con mucho esfuerzo y ayuda, puede subir unas escaleras. “No estoy en la cama postrada, me ducho y me maquillo solita”, explica en la entrevista. Pero eso no significa que no sufra, como también explicita: “Dormir se me hace muy difícil, aparte de que tengo dolor de espalda y también de piernas”.
El expediente da pistas más claras. La “paraplejia completa” le dejó las siguientes secuelas: lesión medular completa nivel L3, alteración sensitiva por debajo del nivel de la lesión, dolor neuropático, intestino con incontinencia fecal, vejiga que precisa sondas cada seis horas y dependencia funcional asociada a los déficits, que implica “desplazamiento con silla de ruedas que puede propulsar con entornos adaptados”, además de “una capacidad de marcha precaria por interiores adaptados con caminadores y férulas”. Una doctora especialista en medicina física y rehabilitación calificó esas secuelas como “permanentes e irreversibles”.
Noelia ingresó primero en el hospital Joan XXIII de Tarragona y más tarde en la Clínica Guttman para someterse a una pauta de neurorrehabilitación intensiva hasta junio de 2023. Diez meses más tarde, solicitó la prestación de ayuda a morir porque su doctora le aconsejó esperar un año para ver cómo evolucionaban las secuelas. El padre alegó, en su demanda, que aunque su patología es grave “mejora con el debido tratamiento”. Pero el diagnóstico es claro: su sufrimiento “físico y psíquico es constante”, y se le hace intolerable, tal como manifestó Noelia, de forma muy gráfica, cuando declaró en el juicio: “Todos los días son horribles y dolorosos”.
JESÚS GARCÍA BUENO. 26/03/2026. EL PAÍS
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