martes, 6 de enero de 2026

LOS CHÁNDALS DE MADURO Y CHENOA



El día de Nochevieja vi antes que ustedes a Chenoa embutida en el maravilloso vestido de lentejuelas blancas con el que recibiría 2026. Me tocó darle al botón de publicar un artículo en el que se glosaba su exquisito estilismo mientras caía el carrillón de la Puerta del Sol. Aún pensábamos a esas horas que tal veleidad inofensiva podía ser una de las noticias que más clics atraería en los primeros días del año. Qué alegría me dio verla tan guapa. Laura Corradini es una tipa trabajadora, hecha a sí misma, valiente y risueña que sabe transmitir alegría pero no predica ese optimismo ridículo motivacional de los self-made men con papás ricos. Ella no neutraliza su desgracia ni ve recipientes llenos donde solo hay orinales herrumbrosos. Tanto es así que una vez fue capaz de bajar a su portal mucho menos elegante que el pasado 31, vestida con un chándal gris jaspeado ligeramente patético, justo después de que le rompiese el corazón un rey del villancico. Sin disimulo dijo: “No lo estoy pasando bien”. Con el vestido de lentejuelas por fin se hizo justicia.


Hay algo profundamente dramático y a la vez deshonroso en aparecer ante las cámaras con un chándal de andar por casa: es el estadio anterior al culo al aire que se ve a los viejitos en los hospitales. Esa prenda emana el olor a rancio de una noche de mocos y flemas. No es casual, pues, que Estados Unidos nos mostrara como prueba de vida de Nicolás Maduro una foto tras su “captura” (las comillas son para los escépticos) en la que va vestido con un chándal gris jaspeado muy parecido al de Chenoa.

Al final la noticia con más clics de los primeros días de enero está siendo otra (megalómano secuestra a sátrapa) y millones de personas, algunas razonablemente liberadas, otras llenas de un optimismo negacionista, se empeñan en escuchar fuegos artificiales donde hay bombas, ver justicia donde hay fuerza bruta y leer buenos augurios donde hay hechos muy inquietantes. Uno de ellos es que las ventas del chándal gris de Maduro se han disparado.

RAQUEL PELÁEZ. 06/01/2026. EL PAÍS







EL CHÁNDAL DE MADURO

La foto lo tenía todo para convertirse en meme: un encuadre pésimo, mala definición, un objeto de consumo reconocible y un protagonista en un gesto extraño. “Nicolás Maduro a bordo del USS Iwo Jima”, escribió Donald Trump al compartirla el pasado sábado en su canal de comunicación, la red Truth Social. La instantánea que daría la vuelta al mundo en cuestión de segundos confirmaba gráficamente la captura del líder venezolano. Una imagen histórica para nada inocente.



Vestido con un chándal gris de la marca deportiva Nike, Maduro aparece de pie, inmovilizado por unas esposas y sin la posibilidad de ver ni oír por la imposición de un antifaz y canceladores de sonido. Esa pose vulnerable y desvalida del líder venezolano buscaba el mismo efecto que las instantáneas virales de otros líderes apresados en tiempos de internet. Hombres caídos, hombres débiles: hombres despojados de todo poder.

La de Maduro recuerda a la captura de Sadam Husein en 2003, despeinado y con la barba llena de tierra, tirado en el suelo y exhibido como un trofeo de caza por los soldados estadounidenses en una foto amateur y mal encuadrada. O las instantáneas pixeladas y sangrientas que distribuyó Reuters de los tres guardaespaldas de Osama Bin Laden asesinados en mayo de 2011 durante su la operación militar en su casa de Abbottabad (Pakistán). Esas serían las únicas imágenes disponibles de aquella intervención porque Obama se negó a usar la foto del líder de Al Qaeda muerto como propaganda política: “No se trata de algo que haya que celebrar como si hubiéramos metido un gol; no somos así”, dijo el entonces presidente sobre por qué la Casa Blanca no iba a hacer públicas las fotos de la muerte del líder de Al Qaeda.

En 2025 el mundo habrá normalizado el uso de chándal y la ropa deportiva en su día a día, pero la foto de Maduro esposado es pura ideología en la semántica masculinista y reaccionaria del poder trumpista, lista para ser replicada hasta el infinito. Una imagen para simbolizar aquella infame cita que popularizó Karl Lagerfeld: “Has perdido el control de tu vida, así que te has comprado un chándal”.

En cuestión de horas, ese conjunto deportivo reconocible por su logo se ha convertido en noticia y material satírico reproducido hasta la náusea. Desde la IA mostrando a actores famosos vistiéndolo a webs rascando algo de tráfico con titulares como Dónde comprar el chándal que vestía Nicolás Maduro cuando fue detenido: materiales sostenibles y un alto precio (El Heraldo), De Venezuela a LaLiga: el chándal viral de Maduro es el mismo que el del RCD Mallorca (Marca) o Nike agota el chándal que llevaba Maduro durante su captura: “Ya tengo mi disfraz de Halloween” (20 minutos). En Instagram, la editorial argentina Caja Negra interpretaba el absurdo furor por el chándal recurriendo a una cita de uno de los autores de su catálogo, Guy Debord: “El movimiento de banalización que, bajo las diversiones coloridas del espectáculo, domina mundialmente la sociedad moderna también domina en cada uno de los puntos donde el consumo desarrollado de las mercancías multiplicó en apariencia los roles y los objetos que pueden escogerse. El espectáculo es una guerra del opio permanente para hacer que se acepte la identificación de los bienes con las mercancías. El valor de cambio termina por hacer la guerra por su propia cuenta”.

En el ensayo En defensa de la imagen pobre, la videoartista, profesora y teórica Hito Steyerl reflexionó sobre por qué las imágenes de estética burda, las “imágenes pobres”, funcionan tan bien en los regímenes de producción y circulación de las imágenes digitales. Nada gusta más a internet que una imagen descuidada para reproducirla y despedazarla hasta el infinito. Así que tiene lógica que, en tiempos de guerra, donde reina el desorden y el descontexto, la propaganda se suministre con imágenes pobres. Y con un chándal disponible (cuando deje de estar agotado) en tienda física y online por unos 200 euros.

NOELIA RAMÍREZ. 06/01/2026. EL PAÍS




LOS PADRES NOS MIENTEN (J.J. Millás) + CUANDO NADIE NOS ESPERA EN CASA POR NAVIDAD (Laura Ferrero)


LOS PADRES NOS MIENTEN

Mi hermano mayor me despertó a medianoche para revelarme el siguiente secreto:
—Dentro de poco te dirán que los Reyes Magos son los padres. Se lo dicen a todo el mundo al cumplir tu edad. No te lo creas. Los Reyes existen, pero como los mayores no saben el modo de explicar su existencia, dicen eso, que son los padres.
Mi hermano dormía en la cama de al lado. Nuestra relación no era ni buena ni mala, así que a veces nos llevábamos bien y a veces mal. Pero éramos cómplices de muchas cosas. Fumamos el primer cigarrillo juntos; hurtamos juntos también las primeras monedas del bolsillo de la chaqueta de mi padre; él me hacía los deberes de matemáticas y yo los de lengua… Dependíamos el uno del otro, en fin, en demasiadas cosas. Como decía aquél, dos que han robado caballos juntos están condenados a protegerse. La protección pasaba por hacernos este tipo de confidencias sobre las verdades básicas de la vida. Si los Reyes existían y él lo había averiguado, era mejor que yo lo supiera, por duro que resultara para mí.
Lo cierto es que yo ya había oído en el colegio rumores acerca de que Melchor, Gaspar y Baltasar eran los padres. Pero no les había prestado atención. Lo que no podía imaginarme era que los rumores procedieran de los adultos. Si ya les tenía poco respecto, lo perdieron del todo tras la revelación de mi hermano mayor.
En efecto, ese mismo año, cuando nos dieron las vacaciones de Navidad, mi madre me llamó un día y empezó a preguntarme qué pensaba yo de los Reyes Magos. Le dije que les tenía en gran consideración (no de este modo, claro, no era un niño cursi), aunque no siempre me trajeran lo que les pedía, pues me hacía cargo de que había en el mundo muchos niños y que no podían complacer a todos. Mamá se quedó desconcertada, ya que lo normal, cuando a un chico se le quita la venda de los ojos en este asunto, es que el chico esté ya al cabo de la calle. Creo que estuvo a punto de desistir, pero finalmente tomó aire y me dijo que los Reyes Magos eran los padres.
—Se trata —añadió— de una mentira que mantenemos durante la infancia, porque la infancia es una época de ilusiones fantásticas, pero tú ya no tienes edad para creer en los Reyes. A tu hermano se lo dijimos también cuando cumplió tus años.
Mi hermano me había aconsejado que cuando me contaran la mentira de que los Reyes eran los padres, fingiera que me lo creía, pues de lo contrario les parecería un chico raro y me llevarían al psicólogo.
—Yo —añadió— también lo fingí. Como comprenderás, si ellos se quedan más tranquilos así, tampoco cuesta tanto darles gusto.
 
Hice, pues, como que me lo creía y me fui a mi cuarto a escribir la carta a los Reyes, una carta, por primera vez, clandestina. Ese año, habida cuenta de que ya era un chico mayor y que me hacía cargo de la situación mundial, que era un desastre, les pedí cosas más razonables que en otras ocasiones. Mi hermano puso mi carta en el mismo sobre que la suya y se encargó de echarlas al correo. Curiosamente, ése fue el primer año que me trajeron todo lo que les pedí.
 
Al regresar de vacaciones de Navidad al colegio, comprobé que a todos los de mi clase les habían dicho que los Reyes eran los padres, y todos se lo habían creído. Estuve a punto de sacarles de su error, pero mi hermano también me había dicho que ni se me ocurriera, porque me tomarían por loco. La conspiración para eliminar esa creencia de la cabeza de los chicos era prácticamente universal y resultaba ingenuo tratar de enfrentarse a ella, pesa a las numerosas pruebas existentes, repartidas entre la Biblia, la Historia Sagrada y los propios hechos, pues lo cierto es que aun después de dejar de creer en los Reyes la gente continuaba recibiendo regalos.
Tuve la suerte, en fin, de mantener esa ilusión durante mucho más tiempo que mis compañeros. Si he de ser sincero, no recuerdo exactamente la edad en la que dejé de creer en los Reyes Magos, quizá cuando falleció mi hermano y en su funeral recordé esta historia fantástica que no sé cómo se le pudo ocurrir. Aunque también es cierto que una vez instalado en el mundo de los adultos comprobé que mentían tanto y de manera tan gratuita, que no sería raro que mi hermano llevara razón y que también hubieran mentido en esto. Este año, como todos desde aquella época, les escribí una carta clandestina (en mi casa ya no creen en los Reyes ni mis hijos) y me han traído de nuevo todo lo que les pedí.
 
JUAN JOSÉ MILLÁS. 
Los objetos nos llaman. 
Seix Barral




1-Tipo de texto, género y subgénero.

2-Haz un resumen del texto con tus palabras.

3-Sintetiza el tema o idea principal en una sola frase. ¿Contiene alguna enseñanza o moraleja? ¿Cuál dirías que es?

4-Tipo de estructura.

5-Tipo de narrador.

6-PLAGIO CREATIVO:

Microrrelato apócrifo
Estaba decidido a atrapar a los Reyes Magos, así que, en un descuido de mis padres, envenené los vasos de leche y coñac que habíamos dejado junto al árbol. Sin embargo, debían ser magos de verdad porque, no sé cómo, se dieron cuenta y, en venganza, mataron a mis padres y nunca me han vuelto a traer regalos.


CUANDO NADIE NOS ESPERA EN CASA POR NAVIDAD

En la calle Aragó, en Barcelona, las luces navideñas no son exactamente luces navideñas. Se trata de rótulos suspendidos a lo largo de la vía, colgados transversalmente de un lado a otro de la calle. No remiten a imágenes ni símbolos concretos. Ni rastro de relucientes bolas, de espumillón o de copos de nieve en esta ciudad donde nunca nieva: son frases hechas de luz. Cada una de ellas ocupa un tramo completo de la calle, a cierta altura sobre el tráfico y los peatones. De día, las estructuras metálicas se intuyen; de noche, desaparecen. Entonces las frases parecen sostenerse solas, como si la calle hablara en voz alta. Y las frases dicen así: vens per Nadal?; busca el caganer; més escudella;i demà, canelons; quants serem; qui porta el cava; a dormir d’hora.

Saber si vendrás por Navidad, preguntar por los planes de Fin de Año, salivar anticipándose a los canelones de Sant Esteve, decidir quién trae el cava o recordar a los niños que se vayan a dormir temprano porque los Reyes Magos ya están de camino: cada uno de esos mensajes se refiere a un momento o a una tradición concreta de las fiestas. Son originales. Logran acercarnos una Navidad contemporánea, urbana, consciente del lenguaje y de la vida real, que se aleja del folclore genérico, pero sin caer en el artificio. Me gustan: lo pensé la primera vez que me fijé en ellas. Cada una cuenta una historia.

Sin embargo, tan bienintencionadas como elocuentes, estas frases articulan una coreografía de expectativas en la que la ciudad presupone un nosotros. El lenguaje crea comunidad, pero también la delimita. Porque hay quien pasa cada día bajo estas luces y atraviesa esas preguntas habituales, casi anodinas, entre el tráfico y las prisas, de camino a casa, sin tener a nadie con quien sentarse a cenar por Nochebuena, lejos de esa escena familiar que las luces dan por hecha. Mensajes inocentes que dan en el blanco porque no solo se relacionan con la comida o con el tamaño de la mesa, sino con la presencia. Con quién estará y quién no. Contar, en Navidad, rara vez se refiere solo a una cuestión práctica.

Imposible no acordarse estos días de esa gran película de Fernando León de Aranoa, Familia, en la que un rico solitario alquila a un grupo de actores que simulan una familia para celebrar su cumpleaños. “¡Sonreíd, coño!“, es lo que pide a gritos ese padre falso a unos hijos desconocidos cuando se toman una fotografía. A menudo vuelvo a esa escena y a la esperanza de que la ficción pueda suplir, aunque sea por un momento, las carencias de la realidad. Cuando no existe el vínculo es necesario inventarlo, alquilarlo. Si el verano suele funcionar como un examen de éxito —viajes, planes, agendas llenas—, la temporada navideña desplaza el foco: no evalúa lo que hacemos, sino con quién lo hacemos. No pone en juego el logro, sino el vínculo, algo mucho más frágil y, por eso mismo, más peligroso. La Navidad sigue diseñada para quienes, recogiendo el lema de aquel mítico turrón, vuelven a casa por estas entrañables fiestas. No existe –o al menos no he visto– publicidad dirigida a los que pasan solos estos días, a los que desearían saber qué hacer cuando nadie te pregunta ya si vendrás.

(YO SÍ LA HE VISTO)

La Navidad es, sobre todo, una construcción de expectativas. Desde la psicología se advierte de que estas fechas pueden intensificar la nostalgia, la soledad y cierto malestar difícil de nombrar, precisamente porque se apoyan en la presunción de vínculos estables y celebraciones compartidas. Según un informe del Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada, el 10,2% de las personas que ya se sienten solas experimentan ese aislamiento de forma más intensa durante la Navidad. No es solo la ausencia lo que pesa, sino el contraste entre lo que debería estar y lo que ya no está. Mucho antes de que la psicología pusiera cifras a esta experiencia, la cultura popular supo reconocerla. La Navidad ha construido sus propios personajes periféricos: figuras que caminan en los márgenes de la celebración, como el solitario Ebenezer Scrooge o el Grinch del Dr. Seuss. No son personajes que detesten estas fiestas, sino que no encuentran en ellas un lugar propio. Testigos incómodos de un entusiasmo colectivo que se presenta como universal, aunque no lo sea.

Las luces de la calle Aragó no hablan desde la falta ni desde el conflicto, sino desde una normalidad tan tranquila que casi pasa desapercibida. Dan por sentados los vínculos que se sostienen, los rituales que vuelven, la mesa a la que siempre se regresa. No formulan preguntas: constatan. Leer esas frases no es solo reconocerse o quedarse fuera, sino asumir que, durante unos días, la ciudad marca el ritmo de lo que se dice y de lo que no. Bajo las mismas luces pasan, sin embargo, muchas Navidades distintas. Tal vez el reto sea recordar que el nosotros que la ciudad ilumina no es único, ni estable, ni compartido por la mayoría. En realidad, no todos querríamos preguntarnos cuántos seremos.

LAURA FERRERO. 06/01/2026. EL PAÍS.


1.1 Indique el tema y las ideas principales del texto. (1 p.) [4-5 líneas]


1.2.Redacte un texto argumentativo (introducción, argumentos/contraargumentos y conclusión) partiendo de la tesis o de las ideas relevantes del texto. (2 p.) [20-25 líneas]


3. Comentario lingüístico. (1,5 p.) [10-15 líneas]

Indique y justifique las características de las tipologías textuales presentes en el texto y las funciones del lenguaje predominantes en él.

4. ANÁLISIS MORFOLÓGICO. Localice en el texto (indicando el número de línea) y describa las cuatro palabras indicadas. (1 p.) 

5A. (1) Dos adverbios, (2) una perífrasis verbal modal, (3) una perífrasis verbal aspectual (4) dos artículos.

6.COHESIÓN TEXTUAL

6.1. Identifique un campo semántico formado tres palabras (como mínimo) y su hiperónimo. (0,5 p.) 

6.2. Identifica 2 catáforas y 3 anáforas, y explique qué tipo de cohesión establecen. 

(0,5 p.) 


lunes, 5 de enero de 2026

PRÁCTICA DE TEXTOS CON LA NOCHE DE REYES










A) DÍA DE REYES

Texto 1 EL ORIGEN DE LA TRADICIÓN DE LOS REYES

Texto 2 "LAS ABARCAS DESIERTAS"


B) TEXTOS 3, 4 y 5

Baltasar abandona Los Reyes para iniciar su carrera en solitario

NIÑOS, ¿OS HABÉIS PORTADO BIEN ESTE AÑO? (ISACC ROSA)

10 CONSEJOS PARA ESCRIBIR TU CARTA A LOS REYES


C) TEXTOS 6 y 7

MAÑANA DE REYES (Eduardo Cruz Acillona)

Cuando terminaron de recoger las cajas y los papeles de regalo, y de depositarlos en el contenedor, descubrieron que les faltaba un hijo.

UN PLATO QUE SE SIRVE FRÍO

Después de tantos años de decepciones (con la Play, el móvil, el uniforme de mi equipo...) y tantos calcetines, decidí acabar los Reyes Magos. Así que, con mucho cuidado de que mis padres no me vieran, envenené los vasos de leche y licor que les dejamos preparados. Pero debe ser verdad que lo ven todo, porque no cayeron en la trampa, asesinaron a mis padres en venganza y, desde entonces, no han vuelto a traerme nada.

D) TEXTO 8

“LOS PADRES MIENTEN", de Juan José Millás. 

Mi hermano mayor me despertó a medianoche para revelarme el siguiente secreto:

—Dentro de poco te dirán que los Reyes Magos son los padres. Se lo dicen a todo el mundo al cumplir tu edad. No te lo creas. Los Reyes existen, pero como los mayores no saben el modo de explicar su existencia, dicen eso, que son los padres.

Mi hermano dormía en la cama de al lado. Nuestra relación no era ni buena ni mala, así que a veces nos llevábamos bien y a veces mal. Pero éramos cómplices de muchas cosas. Fumamos el primer cigarrillo juntos; hurtamos juntos también las primeras monedas del bolsillo de la chaqueta de mi padre; él me hacía los deberes de matemáticas y yo los de lengua... Dependíamos el uno del otro, en fin, en demasiadas cosas. Como decía aquél, dos que han robado caballos juntos están condenados a protegerse. La protección pasaba por hacernos este tipo de confidencias sobre las verdades básicas de la vida. Si los Reyes existían y él lo había averiguado, era mejor que yo lo supiera, por duro que resultara para mí.

Lo cierto es que yo ya había oído en el colegio rumores acerca de que Melchor, Gaspar y Baltasar eran los padres. Pero no les había prestado atención. Lo que no podía imaginarme era que los rumores procedieran de los adultos. Si ya les tenía poco respeto, lo perdieron del todo tras la revelación de mi hermano mayor.

En efecto, ese mismo año, cuando nos dieron las vacaciones de Navidad, mi madre me llamó un día y empezó a preguntarme qué pensaba yo de los Reyes Magos.

Le dije que les tenía en gran consideración (no de este modo, claro, no era un niño cursi), aunque no siempre me trajeran lo que les pedía, pues me hacía cargo de que había en el mundo muchos niños y que no podían complacer a todos. Mamá se quedó desconcertada, ya que lo normal, cuando a un chico se le quita la venda de los ojos en este asunto, es que el chico esté ya al cabo de la calle. Creo que estuvo a punto de desistir, pero finalmente tomó aire y me dijo que los Reyes Magos eran los padres.

—Se trata —añadió— de una mentira que mantenemos durante la infancia, porque la infancia es una época de ilusiones fantásticas, pero tú ya no tienes edad para creer en los Reyes. A tu hermano se lo dijimos también cuando cumplió tus años.

Mi hermano me había aconsejado que cuando me contaran la mentira de que los Reyes eran los padres, fingiera que me lo creía, pues de lo contrario les parecería un chico raro y me llevarían al psicólogo.

—Yo —añadió— también lo fingí. Como comprenderás, si ellos se quedan más tranquilos así, tampoco cuesta tanto darles gusto.

Hice, pues, como que me lo creía y me fui a mi cuarto a escribir la carta a los Reyes, una carta, por primera vez, clandestina. Ese año, habida cuenta de que ya era un chico mayor y que me hacía cargo de la situación mundial, que era un desastre, les pedí cosas más razonables que en otras ocasiones. Mi hermano puso mi carta en el mismo sobre que la suya y se encargó de echarlas al correo. Curiosamente, ése fue el primer año que me trajeron todo lo que les pedí.

Al regresar de las vacaciones de Navidad al colegio, comprobé que a todos los de mi clase les habían dicho que los Reyes eran los padres, y todos se lo habían creído.

Estuve a punto de sacarles de su error, pero mi hermano también me había dicho que ni se me ocurriera, porque me tomarían por loco. La conspiración para eliminar esa creencia de la cabeza de los chicos era prácticamente universal y resultaba ingenuo tratar de enfrentarse a ella, pese a las numerosas pruebas existentes, repartidas entre la Biblia, la Historia Sagrada y los propios hechos, pues lo cierto es que aun después de dejar de creer en los Reyes la gente continuaba recibiendo regalos.

Tuve la suerte, en fin, de mantener esa ilusión durante mucho más tiempo que mis compañeros. Si he de ser sincero, no recuerdo exactamente la edad en la que dejé de creer en los Reyes Magos, quizá cuando falleció mi hermano y en su funeral recordé esta historia fantástica que no sé cómo se le pudo ocurrir. Aunque también es cierto que una vez instalado en el mundo de los adultos comprobé que mentían tanto y de manera tan gratuita, que no sería raro que mi hermano llevara razón y que también hubieran mentido en esto. Este año, como todos desde aquella época, les escribí una carta clandestina (en mi casa ya no creen en los Reyes ni mis hijos) y me han traído de nuevo todo lo que les pedí.

TEXTO VOLUNTARIO: Cuento breve "El regalo de los Reyes Magos" de O Henry.

LA ADORACIÓN DE LOS REYES (LUIS CERNUDA)

PREGUNTAS.

1-¿Qué tipo de texto es? ¿Por qué?

2-¿A qué género y subgénero pertenece? ¿Por qué?

3-¿Cuál es su tema o idea principal? 

¿Qué recursos utiliza para producir ese efecto?

4-Da tu opinión de forma breve de cada uno

5- Elige uno para hacer el comentario práctico o literario.

GUÍA PARA EL COMENTARIO LITERARIO.

CÓMO HACER UN COMENTARIO CRÍTICO

miércoles, 10 de diciembre de 2025

"Tu corazón" (Extremoduro featuring Miguel Hernández)

 

Abría «Tu corazón» con una solitaria guitarra que, tras dibujar la melodía introductoria, se une al resto de la banda. En la primera estrofa llegan ya las referencias de Robe a su tierra: «Tu corazón, embalsamado como un cebo, hoy me recuerda a un mojicón; creo que me añurgo si no bebo». El mojicón es un dulce típico extremeño a base de bizcocho y mazapán. Una suerte de magdalena grande cuya consistencia pide ser mojada en leche a la hora de comerla. Por ello utiliza el verbo «añurgar», utilizado en el castúo para decir «atragantar». De esta manera empieza a construir esta canción de amor/desamor, donde ya aparecen también las referencias a la droga («Tu corazón, mitad de coca y de caballo, como te atrevas a decir que estás de mono, te machaco») y al alcohol («Mi corazón, como una lata de cerveza, que te la bebes y al final le das patadas sin pensar que me desquicias la cabeza») bajo el peculiar estilo de Iniesta. Su característica voz cazallera busca el contrapunto en los coros femeninos de María y Belén, dos amigas de Plasencia que colaborarían también en discos posteriores y algún que otro concierto.” (“Extremoduro. Talento innato. Biografía no autorizada (Libros Singulares (LS))” de “Jesús Casañas López”).

Tu corazón, una naranja helada
con un dentro sin luz de dulce miera
y una porosa vista de oro: un fuera
venturas prometiendo a la mirada.

Mi corazón, una febril granada
de agrupado rubor y abierta cera,
que sus tiernos collares te ofreciera
con una obstinación enamorada.

¡Ay, qué acometimiento de quebranto
ir a tu corazón y hallar un hielo
de irreductible y pavorosa nieve!

Por los alrededores de mi llanto
un pañuelo sediento va de vuelo
con la esperanza de que en él lo abreve.
MIGUEL HERNÁNDEZ.
El rayo que no cesa (1936)

EL PODER DEL ARTE: "se hizo la luz en el infierno"


Demasiada droga solo para mí...
Ojalá que te hubieras quedado conmigo aquí.
Demasiado tiempo sin saber de ti,
me he quedado atrapado en el puto pasado y no puedo salir...

Demasiada droga hasta para mí
Ojalá que te hubieras quedado conmigo aquí...
Demasiadas horas solo para mí
Me he quedado atrapado en el puto pasado y no puedo salir...

"Tengo una mala noche a cualquier hora"
canta una cancioncita conmovedora,
que me sacuda el alma, me desarme entero
Que me desnude el alma y que se me erice el pelo

Y ay, ay, ay, ay, ay, ay
Ay, y hay algo en esta canción
que me enerva...
Y es que deja en la boca un sabor
como a mierda...

..."Pues canta otra cancioncita enjuagadora
y que tenga propiedades demoledoras,
que me derrumbe el alma, que me derrumbe entero,
que me reviente el alma y que me reviente dentro"...

Y de pronto supe cuál es la razón
al menos unas pocas horas,
y me agarro aquel recuerdo que guardé
dentro de mis memorias...

Y todo se recolocó
se hizo la luz en el infierno,
y todo gracias a nosotros dos
que estábamos luciendo
Y ay, ay, ay, ay, ay, ay
Voy cogiendo carrerilla
para emprender el vuelo
sentado en esta silla

Oh, nene, empiezo ya a sentirme mejor,
puede que el mundo amaneciera distinto.
Sí, nene, empiezo ya a sentirme mejor
puede que ya nunca vuelva a ser el mismo.

Nada es impensable, nada es imposible
mientras suena esta canción,
choca lo imparable con lo inamovible
dentro de mi corazón
y me oigo reventar
y ya no queda nada del ayer,
parece buen momento de empezar de nuevo
y empiezo a disfrutar
y ya no queda nada por hacer:
parece buen momento de tocar el cielo...

Sé que puede que mañana
ya no nos quede nada
y ya nada importe...
...voy alzando la mirada
y casi no sé de nada,
nada que importe...

Tal vez, si pudiera hablarte
de si fuera cierto
que el poder del arte
bien nos pudiera salvar:
de una vida inerte,
de una vida triste,
de una mala muerte...
...bien nos pudiera salvar...

Y ay, ay, ay, ay, ay, ay
y de pronto supe cuál es la razón...
Al menos unas pocas horas
y me agarro aquel recuerdo que guardé
dentro de mis memorias.

Y todo se recolocó,
se hizo la luz en el infierno,
y todo gracias a nosotros dos
Que estábamos luciendo
Y todo se recolocó
se hizo la luz en el infierno
y todo gracias a nosotros dos
que estábamos ardiendo...
Y ay, ay, ay, ay, ay, ay
Ay, y hay algo en esta canción
que me atrapa,
y es que deja en el aire un olor
como a napalm...
¡Me encanta el olor a napalm por la mañana!

martes, 2 de diciembre de 2025

VIENTO DEL PUEBLO (MIGUEL HERNÁNDEZ)

 




VIENTOS del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me avientan la garganta.

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones se levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy de un pueblo de bueyes
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
Y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.

¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quien ha puesto el huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién el rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpago
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
váis de la vida a la muerte,
váis de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.

Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra:
las águilas, los leones
y los toros, de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.

La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.

Si me muero, que muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y  decidida la barba.

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.

a) Identifique al autor y la obra de la que forma parte. A continuación, contextualícela en el marco de la historia de la literatura. (1 p.) [10-15 líneas]


b) Identifique los temas y símbolos que aparecen en este texto. (1 p.) [20-25 líneas]


c) Identifique y explique qué características formales nos permiten atribuirlo al
género literario, al autor y a la época a la que pertenece. (1.) [20-25 líneas]





Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

   Nace como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

   Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.
    Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

    Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra,
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.
    Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

   Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

   A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

   Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

   Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

   Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina.

   Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

   Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

   ¿Quién salvará este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

    Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.


ELEGÍA SEGUNDA
“Me quedaré en España, compañero”,
me dijiste con gesto enamorado.
Y al fin sin tu edificio trotante de guerrero
en la hierba de España te has quedado.

Nadie llora a tu lado:
desde el soldado al duro comandante,
todos te ven, te cercan y te atienden
con ojos de granito amenazante,
con cejas incendiadas que todo el cielo encienden.

Valentín el volcán, que si llora algún día
será con unas lágrimas de hierro,
se viste emocionado de alegría
para robustecer el río de tu entierro.

Como el yunque que pierde su martillo,
Manuel Moral se calla
colérico y sencillo.

Y hay muchos capitanes y muchos comisarios
quitándote pedazos de metralla,
poniéndote trofeos funerarios.

Ya no hablarás de vivos y de muertos,
ya disfrutas la muerte del héroe, ya la vida
no te verá en las calles ni en los puertos
pasar como una ráfaga garrida.

Pablo de la Torriente,
has quedado en España
y en mi alma caído:
nunca se pondrá el sol sobre tu frente,
heredará tu altura la montaña
y tu valor el toro del bramido.

De una forma vestida de preclara
has perdido las plumas y los besos,
con el sol español puesto en la cara
y el de Cuba en los huesos.

Pasad ante el cubano generoso,
hombres de su Brigada,
con el fusil furioso,
las botas iracundas y la mano crispada.

Miradlo sonriendo a los terrones
y exigiendo venganza bajo sus dientes mudos
a nuestros más floridos batallones
y a sus varones como rayos rudos.

Ante Pablo los días se abstienen ya y no andan.
No temáis que se extinga su sangre sin objeto,
porque éste es de los muertos que crecen y se agrandan
aunque el tiempo devaste su gigante esqueleto.



LAS MANOS
Dos especies de manos se enfrentan en la vida,
brotan del corazón, irrumpen por los brazos,
saltan, y desembocan sobre la luz herida
a golpes, a zarpazos.

La mano es la herramienta del alma, su mensaje,
y el cuerpo tiene en ella su rama combatiente.
Alzad, moved las manos en un gran oleaje,
hombres de mi simiente.

Ante la aurora veo surgir las manos puras
de los trabajadores terrestres y marinos,
como una primavera de alegres dentaduras,
de dedos matutinos.

Endurecidamente pobladas de sudores,
retumbantes las venas desde las uñas rotas,
constelan los espacios de andamios y clamores,
relámpagos y gotas.

Conducen herrerías, azadas y telares,
muerden metales, montes, raptan hachas, encinas,
y construyen, si quieren, hasta en los mismos mares
fábricas, pueblos, minas.

Estas sonoras manos oscuras y lucientes
las reviste una piel de invencible corteza,
y son inagotables y generosas fuentes
de vida y de riqueza.

Como si con los astros el polvo peleara,
como si los planetas lucharan con gusanos,
la especie de las manos trabajadora y clara
lucha con otras manos.

Feroces y reunidas en un bando sangriento
avanzan al hundirse los cielos vespertinos
unas manos de hueso lívido y avariento,
paisaje de asesinos.

No han sonado: no cantan. Sus dedos vagan roncos,
mudamente aletean, se ciernen, se propagan.
Ni tejieron la pana, ni mecieron los troncos,
y blandas de ocio vagan.

Empuñan crucifijos y acaparan tesoros
que a nadie corresponden sino a quien los labora,
y sus mudos crepúsculos absorben los sonoros
caudales de la aurora.

Orgullo de puñales, arma de bombardeos
con un cáliz, un crimen y un muerto en cada uña:
ejecutoras pálidas de los negros deseos
que la avaricia empuña.

¿Quién lavará estas manos fangosas que se extienden
al agua y la deshonran, enrojecen y estragan?
Nadie lavará manos que en el puñal se encienden
y en el amor se apagan.

Las laboriosas manos de los trabajadores
caerán sobre vosotras con dientes y cuchillas.
Y las verán cortadas tantos explotadores
en sus mismas rodillas.


a) Identifique al autor y la obra de la que forma parte. A continuación, contextualícela en el marco de la historia de la literatura. (1 p.) [10-15 líneas]




b) Identifique los temas y símbolos que aparecen en este texto. (1,5 p.) [20-25 líneas]





c) Identifique y explique qué características formales nos permiten atribuirlo al
género literario, al autor y a la época a la que pertenece. (1.) [20-25 líneas]



ANDALUCES de Jaén
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién,
quién levantó los olivos?

No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.

Unidos el agua pura
y a los planetas unidos,
los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.

Levántate, olivo cano,
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alzó una mano
poderosa de cimiento.

Andaluces de Jaén.
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién
amamantó los olivos?

Vuestra sangre, vuestra vida,
no la del explotador
que se enriqueció en la herida
generosa del sudor.

No la del terrateniente
que os sepultó en la pobreza,
que os pisoteó la frente,
que os redujo la cabeza.

Árboles que vuestro afán
consagró al centro del día
eran principio de un pan
que sólo el otro comía.

¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!
Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién,
de quién son estos olivos?

Jaén, levántate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.

Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.



He poblado tu vientre de amor y sementera
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mi dando saltos
de cierva concebida.

Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al mas leve tropiezo
y a reforzar tus penas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una loca inmensa
de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado,
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garra.

Es preciso matar para seguir viviendo.
Un dia iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.

Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y de brechas
recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.


LAS MANOS
Dos especies de manos se enfrentan en la vida,
brotan del corazón, irrumpen por los brazos,
saltan, y desembocan sobre la luz herida
a golpes, a zarpazos.

La mano es la herramienta del alma, su mensaje,
y el cuerpo tiene en ella su rama combatiente.
Alzad, moved las manos en un gran oleaje,
hombres de mi simiente.

Ante la aurora veo surgir las manos puras
de los trabajadores terrestres y marinos,
como una primavera de alegres dentaduras,
de dedos matutinos.

Endurecidamente pobladas de sudores,
retumbantes las venas desde las uñas rotas,
constelan los espacios de andamios y clamores,
relámpagos y gotas.

Conducen herrerías, azadas y telares,
muerden metales, montes, raptan hachas, encinas,
y construyen, si quieren, hasta en los mismos mares
fábricas, pueblos, minas.

Estas sonoras manos oscuras y lucientes
las reviste una piel de invencible corteza,
y son inagotables y generosas fuentes
de vida y de riqueza.

Como si con los astros el polvo peleara,
como si los planetas lucharan con gusanos,
la especie de las manos trabajadora y clara
lucha con otras manos.

Feroces y reunidas en un bando sangriento
avanzan al hundirse los cielos vespertinos
unas manos de hueso lívido y avariento,
paisaje de asesinos.

No han sonado: no cantan. Sus dedos vagan roncos,
mudamente aletean, se ciernen, se propagan.
Ni tejieron la pana, ni mecieron los troncos,
y blandas de ocio vagan.

Empuñan crucifijos y acaparan tesoros
que a nadie corresponden sino a quien los labora,
y sus mudos crepúsculos absorben los sonoros
caudales de la aurora.

Orgullo de puñales, arma de bombardeos
con un cáliz, un crimen y un muerto en cada uña:
ejecutoras pálidas de los negros deseos
que la avaricia empuña.

¿Quién lavará estas manos fangosas que se extienden
al agua y la deshonran, enrojecen y estragan?
Nadie lavará manos que en el puñal se encienden
y en el amor se apagan.

Las laboriosas manos de los trabajadores
caerán sobre vosotras con dientes y cuchillas.
Y las verán cortadas tantos explotadores
en sus mismas rodillas.


a) Identifique al autor y la obra de la que forma parte. A continuación, contextualícela en el marco de la historia de la literatura. (1 p.) [10-15 líneas]




b) Identifique los temas y símbolos que aparecen en este texto. (1,5 p.) [20-25 líneas]





c) Identifique y explique qué características formales nos permiten atribuirlo al
género literario, al autor y a la época a la que pertenece. (1.) [20-25 líneas]



Lo mejor de la biografía de Miguel Hernández

 


partir de esta carta de Miguel fechada el 30 de mayo de 1933, Federico dio por concluida su relación con el poeta oriolano. Ni contestó a sus siguientes llamadas ni hizo nada por ayudarle en su posterior etapa madrileña. Estas y otras razones que apuntaremos en su momento fueron las que llevaron al autor del Romancero gitano a evitar en la medida de lo posible la presencia de Hernández, ya que consta por diversos testimonios, según señala Agustín Sánchez Vidal, «la alergia que le producía la rusticidad de Miguel, cuya insistencia podía resultar algo agobiante». (...)

Lo que se deduce tras la lectura de cualquiera de los números de El Gallo Crisis es que se trata de una publicación que, a pesar de sus pretensiones, no deja de ser una revista provinciana, de catolicismo doméstico y crepuscular, que distaba bastante del europeísmo de Cruz y Raya, y éste es un dato que dice mucho de su mentor Sijé, quien a fuerza de querer imitar a los grandes pensadores del momento –Zubiri, Ortega, Ors– sólo consigue un producto impopular cargado, como señala el profesor Cecilio Alonso, de «fascismo inconsciente», y que, a juicio del propio Bergamín, era una especie de «tumor que le ha salido a Cruz y Ra ya». (...)

Pablo Neruda había llegado a España en mayo de 1934 en calidad de diplomático, destinado al Consulado de su país en Barcelona. Fue entonces, a finales de julio de ese año, cuando se produjo el encuentro entre aquellos dos poetas de tanta energía creadora. Miguel no tenía más obra que ofrecerle que su ya lejano Perito en lunas y esa pieza dramática que acaba de ver la luz bajo el auspicio de Bergamín. Ni Hernández se hallaba aún en el radio de acción ideológico y poético del chileno, ni Neruda simpatizaba con los postulados conservadores y estéticos del oriolano. Sin embargo, desde el primer momento, se produjo una simpatía recíproca de tal intensidad que ya ninguna razón, salvo la muerte y la guerra, lograría separarles del todo. Y la primera prueba de esa fecunda relación fue la reacción de Pablo ante el auto sacramental de Miguel, que lejos de un rechazo categórico por sus connotaciones católicas y reaccionarias, arrancó el entusiasmo y el elogio del autor de Crepusculario ante su excepcional calidad. (...)
Por Bergamín sabía la perfecta conexión de Ignacio con el grupo poético del 27, en especial con Lorca y Alberti, ya que frecuentaba las tertulias literarias de la capital, como la de Cruz y Raya o las que se celebraban en casa de Carlos Morla Lynch. Y todas estas circunstancias son las que llevan a Hernández a escribir, con asombrosa rapidez, su elegía «Citación-fatal», adelantándose a todos los poetas del entorno –Federico compondría su Llanto por Ignacio Sánchez Mejías dos meses más tarde–, con la presumible intención de ganarse la aprobación y el afecto de sus amigos de Madrid. (...)

Durante los meses de julio, agosto y septiembre de 1934, Miguel ha visto publicadas sus obras en una revista de amplia difusión, Cruz y Raya, y en otra de creación tan reciente como El Gallo Crisis de Ramón Sijé. Tanto en una como en otra, su teatro y su poesía se han puesto al servicio de un catolicismo militante que ha quedado sobradamente demostrado en los apartados anteriores. Algunos de los poemas que van nutriendo su libro El silbo vulnerado aparecen de modo simultáneo en las páginas de la revista oriolana, cumpliendo a la perfección la labor exhortativa y religiosa que le encomiendan sus más cercanos amigos. (...)

De lo que no cabe duda es de que Josefina encarna los principios que en aquellos momentos Miguel asume y defiende en su propia obra literaria, es decir, la concepción cristiana y pura de una mujer virtuosa, sencilla y religiosa que cumple con los elementales preceptos y que, además, ni se pinta ni hace ostentación de esa belleza adolescente que también ha cautivado a primera vista al poeta. (...)

En su cruce de misivas con José Bergamín, ha recibido un severo correctivo de su editor al manifestar éste que la revista de Sijé, El Gallo Crisis, no es precisamente de su gusto, ya que está llena de un catolicismo reaccionario y destructivo que poco tiene que ver con el que promulga Cruz y Raya. Son varios los toques que ha tenido que soportar al respecto, primero de María Zambrano, con esa sutileza suya de amiga verdadera, y después las palabras de Bergamín, claras pero hirientes. Miguel sigue, pese a todo, del lado de Sijé, a quien tanto debe y en quien tanto confía aún. (...)
Sijé tenía un concepto de sí mismo lo suficientemente alto como para no andar sometiéndose a las órdenes de cualquier prohombre, y la primera prueba de ello la encontramos en un artículo de La Verdad aparecido el 18 de diciembre de 1932, donde se atreve a decir que «Ernesto Giménez Caballero es un chulito, un mocito antieuropeo, un verbenero intelectual», vengándose, sin duda, de su apologética diatriba en la inauguración del monumento a Miró en la Glorieta de Orihuela. También mostraría su disconformidad con Caballero en la reseña crítica que hace de uno de sus libros en el artículo «La Novela del Belén». Pero es en el tiempo de El Gallo Crisis cuando arremete con fuerza contra estas posturas totalitarias al escribir en su primer número: «Fascismo, por consiguiente, partido, partido político y partido por el eje […]. El fascismo tiene la razón de la fuerza pero no la fuerza de la razón. Agota su propia capacidad creadora antes de llegar a la nación […]. ¡Falange!… bueno; falange, falangina y falangeta; un dedo. Para moldear el concepto de España se necesitan todas las manos del alma.» Finalmente, la misma idea de Dios como unidad y como principio la enfrenta al propio Hitler en el segundo número de su revista: «Alemania, locura y tristeza de Europa: nación sin nación: sin alma. Nación sin memoria de unidad: de Dios: sumergida en una penumbra de mitos.» Todas estas consideraciones no sirvieron para que la Falange de Orihuela dejara de considerar a Sijé uno de los suyos

El encuentro del que no nos cabe ninguna duda fue el acaecido el 6 de diciembre de 1934 entre Neruda, Lorca y Hernández. Miguel acude a la llamada del poeta chileno amparándose en la confianza que éste dejó depositada en él tras coincidir en la tertulia de Cruz y Raya. Neruda ofrece ese día una conferencia en la Universidad de Madrid, y Federico, viejo amigo del cónsul, hace de presentador del acto. Es la segunda vez que Miguel ve a ambos poetas y aprovecha la ocasión para entregar a Lorca un ejemplar de El torero más valiente con el ruego de que se ocupe de él y haga lo posible por conseguir su estreno. La reacción de los dos autores consagrados es bien distinta. Mientras Pablo Neruda le manifiesta abiertamente su alegría ante el feliz reencuentro y le presta atención e interés, Federico actúa con la fría cordialidad de quien trata de salir airoso del lance, de deshacerse con diplomacia de ese muchacho que le acosa desde hace casi dos años. El hecho es tan evidente, que el mismo Neruda capta la situación y se la hace saber a Hernández poco tiempo después para que no se forje falsas esperanzas con el poeta granadino. (...)
Morelli afirma por su parte que el mismo Aleixandre le habló «de Federico García Lorca y de su sentimiento de incomprensión hacia la persona de Hernández».[68] Pero quizá sea Juan Cano Ballesta quien se muestre más claro a este respecto cuando afirma que «los dos se movían en mundos muy diversos. El uno pobre provinciano y poeta incipiente, el otro en la cumbre de su prestigio intelectual y social. Éste refinado, culto, exquisito; aquél rústico, inocente, voraz lector, pero poco instruido».[69] Lo que resulta evidente es que Lorca nunca acudió a la llamada desesperada de Hernández.

Conviene tener presente que el proceso de transformación ideológica que está sufriendo Miguel conlleva al mismo tiempo un replanteamiento de su relación con Josefina Manresa. Lo que en ella veía como virtud, como cualidades necesarias –su religiosidad, su castidad y su puritanismo– se vuelven poco a poco contra él, que ha abierto los ojos a una realidad muy distinta que le lleva a reconocer el retroceso de esas costumbres de las que ha sido víctima y que ella, su novia, encarna todavía. Un simple examen de conciencia le hace comprender que lo único que le une a esa muchacha es la vieja inocencia de antes y algo tan anecdótico y pintoresco como su afición al cine y a las revistas ilustradas que airean la vida de sus ídolos de celuloide: «No creas que me he olvidado comprar Cinegramas; lo he comprado los dos domingos que falto de tu lado; por cierto, que el último lo he comprado con mi hermana y me lo cogió mi sobrina y me lo ha dejado señalado.»[29] Por lo demás, el poeta sabe que Josefina está muy lejos de su mundo, y que su capacidad y su voluntad para aceptarlo como es, para entender y compartir con él la aventura de la poesía es un reto imposible. (...)

En su última misiva, en la que parece dar por concluido ese noviazgo apenas consumado y esencialmente epistolar, Miguel se muestra contundente en sus afirmaciones y ataca con firmeza la falsa moral provinciana que ha provocado el desenlace entre ellos: 
Tú eres muy vergonzosa, no te gusta que te vean quererme y a mí se me importa un pito, por no decir otra palabra más expresiva que pito, casi igual, solo que en vez de t lleva j. ¿Si nos han hecho para eso, por qué vamos a ocultarnos cuando nos tenemos que hacer una caricia? La gente de los pueblos es tonta perdida, Josefina mía: por eso me gustaría tenerte aquí en Madrid, porque aquí no se esconde nadie para darse un beso, ni a nadie le escandaliza cuando ve a una pareja tumbada en el campo, uno encima de otro. Odio a esa gente idiota que se le pasa todo el día hablando de si ha visto a la vecina besándose con el novio. ¿Y sabes lo que es eso? Ganas de que la besen a ella también y que se las aguanta porque no puede tener un hombre que le ofrezca los labios. Tú fíjate en que casi todos los que hablan mal de esas cosas, tan naturales como mear, son solteronas o curas (...).

No hubo ya más cartas después de este escrito del 27 de julio de 1935. Atrás quedaban los poemas de amor inspirados en la joven costurera de pelo negro y ondulado; los de ese Silbo vulnerado sin publicar que tienen la honda marca de Josefina: «Primavera celosa», «Tus cartas son un vino», «Todo me sobra», y un largo conjunto de sonetos campesinos donde la voz del poeta es queja y pena siempre por ese exceso de puritanismo de la amada que le arranca un «ay» constante y que le impide realizarse como amado y como hombre: «Ni a sol ni a sombra vivo con sosiego, / que a sol y a sombra muero de baldío / con la sangre visual del labio mío / sin la tuya negándome su riego.» Miguel ha dejado bien saldada su cuenta al inmortalizar para siempre en sus poemas esa relación que no parecía tener futuro alguno. (...)

Y la conciencia de este hecho, con el color que esos poemas aportan a su futuro libro (anhelo insatisfecho, amor místico-religioso, barrera de moral provinciana) le llevará a la vuelta de unos meses, cuando realice la selección final, a publicar los diez sonetos que mejor resumen esa etapa vencida del poeta –«Me tiraste un limón, y tan amargo», «Tu corazón, una naranja helada», «Umbrío por la pena», «Después de haber cavado este barbecho», «Fuera menos penado si no fuera», «Tengo estos huesos hechos a las penas», «Te me mueres de casta y de sencilla», «Una querencia tengo por tu acento» y «Ya de su creación, tal vez, alhaja»–, únicas composiciones de El rayo que no cesa atribuibles a la inspiración de Josefina, la segunda de ellas publicada con el título de «Pastora de mis besos» en la revista Rumbos de Víctor González Gil el 15 de junio de 1935, poco antes de la anunciada ruptura. (...)

datos suficientemente contrastados nos obligan a pensar que la razón más poderosa que llevó a Miguel a desencadenar ese distanciamiento con Josefina tenía nombre y apellido: Maruja Mallo. Ella, y no otra, tuvo el privilegio de ser la primera mujer en recibir la descarga de ese ímpetu juvenil, de esa fiebre retenida en las entrañas del joven escritor. Y hay que entender que, fuera ya de lirismos, hay demasiadas evidencias flotando sobre ese mar de olvido y desmemoria como para obviar el naufragio que supuso la intensa y apasionada relación entre la pintora y el poeta. Sin embargo, ni el posterior silencio de ella, perfectamente razonable si aceptamos la exigua importancia que la artista debió de conceder a una experiencia más en su mapa de intercambios afectivos –«Yo he jodido tanto –afirmaba hace un tiempo la propia Maruja Mallo– y he conocido a tanta gente, que se me amontonan un poco en la memoria»[33] –, ni tampoco la caballerosa o humillada voluntad de Miguel hicieron nada por airear el idilio. (...)

Según señala Sánchez Vidal, testigos de aquella época sostienen que fue Maruja Mallo la primera mujer que cató el poeta, y lo cierto es que la experiencia vivida entre ambos llegó a ser vox populi en aquel Madrid de 1935, hasta el punto de quedar recogida en la memoria de testigos de excepción como Camilo José Cela, compañero de Miguel en las tertulias dominicales en casa de María Zambrano y amigo personal del escultor Cristino Mallo, hermano de la pintora. De esta singular historia, nos proporciona Cela en su libro Memorias, entendimientos y voluntades un valioso documento: 
«Con algunos amigos literarios me iba a bañar los domingos a La Poveda, en el río Henares, cuando venía el buen tiempo; salíamos de la estación del Niño Jesús y al pasar por los viñedos de Coslada nos bajábamos del tren, robábamos unos racimos de uva, corríamos un poco y volvíamos a bordo de un brinco y ayudados por los viajeros que iban en la última plataforma: al llegar a San Fernando el tren cambiaba de máquina, le ponían una más pequeña y que pesaba menos porque el puente no brindaba muchas garantías de seguridad. Miguel Hernández y Maruja Mallo tenían amores e iban a meterse mano y a hacer lo que podían debajo del puente, pero los poetas los breábamos con boñigas de vaca y entonces ellos tenían que irse a la otra orilla a terminar de amarse en la dehesa que allí había ya que, a lo que parece, los toros bravos eran más acogedores y menos agresivos que los poetas líricos.» (...)
No cabe duda de que los dos han sufrido, como señala María de Gracia Ifach, una atracción mutua: «Ella es pintora, ilustra la Revista de Occidente, ha pintado decoraciones del teatro de Rafael Alberti y presentado cuadros en una sala de París. Ha habido un recíproco deslumbramiento, él por encontrarla encantadora dentro de su arte y su simpatía, y ella por parecerle digno de enamoramiento el muchacho rústico que escribe buena, auténtica, poesía.»

No hay más intención en todo este cúmulo de citas y afirmaciones que conducir al lector hacia las consecuencias que la relación entre Miguel y Maruja Mallo[39] alcanzaron en su obra poética. Y para ello se debe partir de dos hechos que nos resultan bastante sólidos: que los versos de Hernández, lejos de cualquier voluntad de ficción y de fábula, son el resultado de la recreación poética de una experiencia vivida y real; y que la experiencia concreta que compartió con la pintora gallega fue una verdadera aventura de riesgo en la que tuvo cabida no sólo su iniciación sexual y el conocimiento práctico de un erotismo de alto voltaje, sino también la cara amarga del engaño amoroso que le administra al mismo tiempo una amada autosuficiente y libre que puede prescindir de sus favores una vez cumplida y agotada la conquista. Que a nadie extrañe, pues, que el mismo Miguel llegara a calificar dicha relación de «experiencia muy grande», sabiendo perfectamente a lo que se refería al emplear ese adverbio y ese adjetivo. Pero para entender mejor este último punto, debemos regresar al perfil psicológico de una mujer altamente admirable y admirada que tropieza de pronto con la candidez y la inexperiencia de un muchacho que no ha conocido más hembra desnuda –discúlpesenos la aclaración– que las cabras de su establo. Maruja Mallo es una criatura independiente, desinhibida e iconoclasta que no se presta a convencionalismos ni a atavismos morales. (...)

Su bagaje humano, sexual, como se ha podido leer en sus propias declaraciones, no debía de ser precisamente corto y, a tenor de diversos testimonios, parece lícito citar entre sus amantes al escultor Emilio Aladrén, «festejante suyo hasta que Lorca se lo quitó con sus elogios»[40] , y principalmente a Rafael Alberti[41] , con quien mantuvo un torturante noviazgo de cinco años (1925-1930), sólo interrumpido por la aparición de María Teresa León en la vida del poeta. Si nos ajustamos a la opinión de algunos estudiosos de Alberti que atribuye la crisis y el estado depresivo que el poeta gaditano sufrió en 1928 a su primera ruptura sentimental con Maruja Mallo[42] , estaremos hablando de una experiencia muy semejante a la vivida por Miguel siete años después. Alberti, consciente de lo importante que fue para él, en todos los sentidos, su relación con la muchacha, desterró deliberadamente el nombre de Maruja Mallo de todas las páginas de La arboleda perdida, su libro de memorias. Sin embargo, no ocultó en uno de sus capítulos los efectos causados por la primera y traumática separación de la pintora: «¿Qué espadazo de sombra me separó casi insensiblemente de la luz, de la forma marmórea de mis poemas inmediatos, del canto aún no lejano de las fuentes populares […] para arrojarme a aquel pozo de tinieblas, aquel agujero de oscuridad, en el que bracearía casi en estado agónico…? Yo no podía dormir, me dolían las raíces del pelo y de las uñas, derramándome en bilis amarilla, mordiendo de punzantes dolores la almohada. ¡Cuántas cosas reales, en claroscuro, como un rayo crujiente, en aquel hondo precipicio! El amor imposible, el golpeado y traicionado en las mejores horas de entrega y confianza; los celos más rabiosos, capaces de tramar en el desvelo de la noche el frío crimen calculado…»[43] Nos parece suficientemente revelador el testimonio del autor de Marinero en tierra, pero nos estremece al mismo tiempo el empleo de expresiones como «punzantes dolores» o «rayo crujiente» para manifestar la desesperación que le asiste. No obstante, y llegados a este punto, lo que nos interesa analizar ahora, en atención a sus consecuencias, es la actitud inicial de Miguel y su reacción posterior, cuando descubra y asuma que ese idilio carnal, ciego y desbocado se reduce para la amada a una simple aventura sin voluntad de continuidad, sin expectativa de futuro. (...)
vendría a significar que Maruja Mallo, la excéntrica pintora de aquel Madrid de irrepetible efervescencia cultural, fue, en gran o total medida, la razón y la causa de, al menos, dos de los libros más significados de la poesía española del siglo XX (ambos producto de una crisis sentimental): Sobre los ángeles, de Rafael Alberti, y El rayo que no cesa, de Miguel Hernández.

En cualquiera de las composiciones inspiradas por Josefina es perfectamente distinguible el sujeto al que van destinadas: la amada es siempre símbolo y prueba de castidad, ingenuidad, sencillez, pero también la encarnación de un ser capaz de convertir el natural instinto masculino en razón de pecado y lujuria. Sólo la humilde costurera será capaz de elevar a la categoría de drama el infructuoso intento de Miguel por besarla inocentemente en la mejilla. Así lo manifiesta el soneto «Te me mueres de casta y de sencilla»: «Y sin dormir estás, celosamente, / vigilando mi boca ¡con qué cuido! / para que no se vicie y se desmande.» Ante el cerrado puritanismo de Josefina, el beso toma la forma de gesto «delincuente». Y el deseo erótico vuelve a estrellarse contra la barrera que impide su realización. El amor del joven, su ansiosa calentura, se convierte ante ella en prueba de voraz malicia, y acaba inhibiéndose, apagando su fiebre, ante el rechazo intransigente de la amada que retrata en el poema «Me tiraste un limón, y tan amargo»: «Se me durmió la sangre en la camisa, / y se volvió el poroso y áureo pecho / en picuda y deslumbrante pena.» Queda claro que, a los ojos de Josefina, aceptar el beso de Miguel hubiera significado una enorme y verdadera deshonra. Así lo reconocía la propia muchacha en una carta dirigida al hispanista Dario Puccini en 1971. Sin el menor titubeo, y pese a los treinta y siete años transcurridos, Josefina Manresa escribía: «Para mí un beso del novio era perder el honor y en esa actitud siempre fui dura, además que yo lo quería demasiado y procuré tenerlo siempre con la misma ilusión, para nuestra felicidad». (...)

Serán, pues, diez los sonetos inspirados en Josefina que pasarán la criba para ocupar un lugar en El rayo que no cesa, la obra que consagraría a Hernández algunos meses después. Por el contrario, la destinataria de las nuevas composiciones que Miguel escribió entre mayo y septiembre de 1935 no parece ser otra que Maruja Mallo. Sobre este punto es de cita obligada la conversación que Gabriele Morelli mantuvo en 1964, en plena realización de su tesis doctoral sobre el poeta, con la viuda del autor oriolano. En ese primer encuentro, Morelli comenzó preguntando a Josefina «por los poemas del libro El rayo que no cesa que Hernández le había dedicado, aunque el propio Aleixandre –confiesa el hispanista italiano– me había señalado que Josefina no era la musa inspiradora de todos los textos. Tampoco yo en aquella época conocía las relaciones verdaderas o supuestas que Miguel tuvo antes con María Cegarra y luego, con más intensidad y pasión, con la pintora Maruja Mallo. A través de ella sintió la experiencia plástica de la Escuela de Vallecas, que la crítica ha conocido en época posterior. Pero Josefina silenció en parte mi pregunta, reconociendo que sólo algunos de estos poemas estaban dedicados a ella». (...)



Por esas fechas ya tiene compuestos varios sonetos dedicados a la muchacha de La Unión, perfectamente diferenciados del resto de composiciones inspiradas en Josefina o en Maruja Mallo por el tono que en ellos emplea, por el componente platónico o el aire sereno que tanto se adecua al sentimiento que la muchacha le provoca y que poco o nada tiene que ver con el lamento pastoril o con el trágico sino del toro. (...)

un libro como El rayo que no cesa, cuya lectura última nos invita a hablar del canon literario que sujeta el conjunto, de intertextualidades áureas y contemporáneas, de las lecturas petrarquizantes del Siglo de Oro que alimentaron a Miguel o de esos referentes estéticos de obligada mención que orean el libro con aires y con ecos de Garcilaso, Góngora, San Juan de la Cruz, Quevedo, Rosalía de Castro, Juan Ramón Jiménez, Lorca, Aleixandre, Neruda, Alberto Sánchez… La tentación, en efecto, es mucha, casi tanta como la de resolver este capítulo con la sencilla y académica afirmación de que, más allá o más acá del dato biográfico que pudo dar lugar a cada soneto de amor, la identidad de la amada es irrelevante. «Cuando un poeta canta al amor –sostiene Carmen Alemany, una de las mayores especialistas en la obra hernandiana– se acoge en gran medida a los referentes que tiene a su alcance; pero cierto es también que la larga tradición literaria sobre el tema incide y se filtra de forma consciente o inconsciente en la creación poética. Como no podía ser de otro modo, así le ocurrió a Miguel Hernández, lector desde su juventud de poetas que cantaron al amor».[89] La profesora Alemany subraya, sin que le falte razón, que, al margen de las tres amadas que pudieron inspirar El rayo que no cesa, el poeta de Orihuela expresó su «mal de amores» con los códigos amorosos de siempre, esto es, sirviéndose de modelos de mujer moldeados o no por el canon literario. (...)
osefina Manresa, está presente en los sonetos de El silbo vulnerado, y de ellos salva diez que conservan los vestigios de un amor aldeano, de viejos planteamientos religiosos y de una moral provinciana y estrecha sobre la que se estrellaba el deseo del poeta-pastor. Hablamos de los sonetos 4, 5, 6, 7, 9, 10, 11, 12, 18 y 19 de El rayo: «Me tiraste un limón, y tan amargo», «Tu corazón, una naranja helada», «Umbrío por la pena, casi bruno», «Después de haber cavado este barbecho», «Fuera menos penado si no fuera», «Tengo estos huesos hechos a las penas», «Te me mueres de casta y de sencilla», «Una querencia tengo por tu acento», «Ya de su creación, tal vez, alhaja» y «Yo sé que ver y oír a un triste enfada». (...)

Son trece los poemas inspirados en Mallo que podemos situar en la órbita de esa tendencia renovada y trágica que vertebra El rayo que no cesa (...) Se trata de los poemas 1, 2, 3, 8, 14, 15, 16, 17, 20, 23, 26, 27 y 28: «Un carnívoro cuchillo», «¿No cesará este rayo que me habita?», «Guiando un tribunal de tiburones», «Por tu pie, la blancura más bailable», «Silencio de metal triste y sonoro», «Me llamo barro, aunque Miguel me llame», «Si la sangre también, como el cabello», «El toro sabe al fin de la corrida», «No me conformo, no: me desespero», «Como el toro he nacido para el luto», «Por una senda van los hortelanos»[105] , «Lluviosos ojos que lluviosamente» y «La muerte, toda llena de agujeros». (...)

Contando con el apoyo de los datos expuestos, podríamos atribuir a María Cegarra los sonetos 13, 21, 24, 25 y 30 (Soneto final): «Mi corazón no puede con la carga», «¿Recuerdas aquel cuello, haces memoria…?», «Fatiga tanto andar sobre la arena», «Al derramar tu voz su mansedumbre» y «Por desplumar arcángeles glaciales». (...)

En consecuencia, defendemos la hipótesis de que el libro contiene 10 composiciones inspiradas en Josefina Manresa, 14 en Maruja Mallo y 5 en María Cegarra, última en incorporarse al periplo amoroso del poeta, esto es, cuando El rayo que no cesa estaba en una fase muy avanzada de escritura.